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Hoy es martes, 29 de septiembre de 2020

En privado

• Señora Justicia


Qué lamentable es tener que decir que el Nuevo Sistema de Justicia Penal, el mismo hasta hoy continúa trepándose por las ramas y caminando por los subterfugios, asemeja un obscuro laberinto de intereses para empoderar criminales, --y de paso—sigue empujando al pueblo a ese pernicioso estado de indefensión en que se encuentra.

 

Esto que escribo en mi entrega de hoy, no lo hago tanto para criticar esos negros tapaojos que inventó el moderno sistema justiciero, y con los cuales cubre la cara de los delincuentes;  sino por otras cosas aún más importantes como lo es el derecho a picaporte del que gozan los delincuentes;  como es también la facilidad en que los jueces liberan a los delincuentes, al tiempo que los delincuentes penetran compungidos a los penales por la puerta de enfrente y salen silbando por la puerta de atrás.

 

Todo ello, sin descartar la tan criticada debilidad que ha demostrado  el gobierno federal para enfrentar a la delincuencia bajo el pretexto, siempre  dibujado en las palabras del presidente Andrés Manuel López Obrador, respecto a: “que no haya abusos de poder, que no se abuse de la fuerza, que se actúe con respeto a los derechos humanos”. Diciendo a la vez que: “más que tratar con delincuentes, trabajan con seres humanos, a quienes no se les puede masacrar o ajusticiar…”. Pero desgraciadamente en todas y cada una de sus declaraciones matutinas, deja abierta la puerta para que los delincuentes sí puedan, robar, violar, y destrozar a los seres humanos, incluyendo a los guardianes del orden.

 

Y mientras tanto, el pueblo sigue y seguirá sufriendo las nefastas consecuencias de encapuchados o no, que, constitucionalmente amparados en los artículos sexto y séptimos de la libertad de expresión y esgrimiendo su justo derecho a manifestarse transitan libremente por las calles causando destrozos y pintarrajeando paredes, al tiempo que humillan al Ejército y desprestigian a los elementos policiacos.

 

En efecto, y aquí es donde  he de ser reiterativo en decir que la justicia como tal, --lo sabemos todos--- no es ni malévola ni corrupta. Sino que son sus representantes, --hombres y mujeres--, quienes desde las altas o bajas esferas  donde se imparte la justicia, --como si fueran poseedores de ella--, son los responsables de prostituirla, de torcerla,  y de conducirla  por los senderos de la bajeza y la ruindad.

 

Y es indudable que desde sus inicios, el llamado Nuevo Sistema de Justicia Penal  trajo como consecuencia que los bonos de la justicia bajaran, y  los derechos de los criminales subieran, a grado tal que hoy se sienten más fuertes precisamente frente a esa debilidad gubernamental y al saber que las rejas se construyen  para la sociedad, para sus hogares, para sus negocios, para proteger sus bienes en general; mientras ellos, los delincuentes, disfrutan el derecho a la libertad, justamente  bajo la magnanimidad de otra que debiera considerarse como noble institución, y que se denomina: Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

 

Luego entonces, esa amalgama de desaciertos nos deja en claro que la modernidad justiciera plasmada en esos millares de hojas que constituyen el Nuevo Sistema de Justicia Penal, en vez de registrar positivos avances, está despidiendo fuertes olores a porqueriza y emanando fétidos aromas a caño; todo lo cual obliga a nuestra sociedad a seguir reculando al rincón de la ignominia y de la  humillación. Mientras los criminales, se mofan y seguirán mofándose de la sociedad. Seguirán riéndose de la justicia y seguirán retando a todo un sistema encabezado por el Presidente.

 

Y todo en su conjunto, y precisamente ante la falta de tangibles resultados, por supuesto que obliga a la sociedad a manifestarse en turba. Simplemente  para hacerse justicia con su propia mano. Y porque creen que ya no les queda otro camino para defender su honor, sus vidas, su patrimonio… sus derechos. Y es que, --por desgracia--, mientras los sabios doctores del derecho no observen esos desaciertos plasmados en el Nuevo Sistema de Justicia Penal, nuestra sociedad seguirá transitando no solamente por el caos y la confusión, sino por los caminos de la desgracia y la muerte.

 

Por tanto, mientras los magistrados y los jueces continúen dando traspiés en la oscuridad mostrando su desinterés por encontrar el eslabón perdido de la justicia, y mientras sigan caminando a tientas y a gatas por el obscuro sendero de la pasividad y la apatía, sin siquiera preocuparse por encender la tan ansiada luz de la justicia para todos, habremos de dar por un hecho que los pesados grilletes seguirán prendidos a los tobillos de la sociedad, en tanto las esposas habrán de seguir circundando las muñecas de los inocentes.

 

Vale decir aquí que desde tiempos inmemorables, han sido más los desposeídos quienes han padecido hambre y sed de Justicia ¿Y sabe por qué? Porque para ellos, esa gran señora siempre se esfuma, desaparece. Y cuando de casualidad la llegan a ver, observan que  cabalga en tortuga, e incluso, hay quienes han muerto en la espera de conocerla.

 

Ahora bien, no está por demás decir que hay algunos seres que ya consumidos por la vejez,  no han podido acariciar la justicia, y ya postrados por la invalidez de sus cuerpos, todavía esperan confiados  recluidos en sus lechos a que la señora justicia haga acto de presencia. Y allá,  muy en el fondo de su ser, se siguen aferrando a la idea de que aunque sea en el más allá, algún día  la podrán abrazar.

 

Y mientras todo esto sucede, el terror y el miedo, que acechan a la vuelta de la esquina, causan estrés e incertidumbre en todos aquellos mexicanos que no forman parte de la delincuencia,   provocando por tanto, que el beneficio de la duda se anide en la mente de cada uno de ellos respecto a los presuntos avances que pudieran arrojar las aventuradas estadísticas emitidas cada mañana por las instancias gubernamentales sobre la seguridad.

 

Y ese beneficio de la duda, --hay que decirlo-- es precisamente lo que arrojan las letras plasmadas en aquellos enormes tomos inscritos en el Nuevo Sistema de Justicia Penal por los prestigiados e inteligentes hombres de la toga y el birrete.

 

Es por todo lo anterior que golpe tras golpe, pena tras pena, y dolor tras dolor, será el pueblo quien siga soportando estoicamente los embates, ya no solamente de la crisis económica y las enfermedades como antaño, sino de la inseguridad y de la delincuencia… Cuestión de tiempo.