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Hoy es miercoles, 25 de noviembre de 2020

En privado

• Más de 50 nuevos partidos, pero hubo 106 intentonas en este 2019


 

Con la entrega de hoy, de ninguna manera es mi intención criticar a priori, o sin sustento, pero he de ser claro al señalar que hay ocasiones en que la ignorancia es la causante de posteriores  adversidades, de tardías lamentaciones; y a veces, hasta de desgracias.

 

Hago esta introducción, con la sana intención de ser claro más adelante, pero de antemano decir que la gran mayoría de los mexicanos, y particularmente los sudcalifornianos desconocíamos, es decir ignorábamos que durante el presente año hubo un total de 106 manifestaciones de intención de organizaciones que buscaban registrarse como nuevos Partidos Políticos Nacionales,  y que de ese total, la gran mayoría  ya desistieron. Pero quedan 58  que pretenden cumplir con los requisitos para obtener su registro en 2020.

 

Para muchos, pareciera algo intrascendente. Sin embargo es resulta de vital importancia si tomamos como punto de partida que la permanencia de los partidos políticos nos cuesta a todos los mexicanos. Y también es de vital importancia porque año con año se destinan para sus gastos miles de millones de pesos.

 

Efectivamente, porque nada menos para esta ocasión el Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE) aprobó el proyecto de presupuesto para el Ejercicio Fiscal del año 2020, por un monto total de 12 mil 493 millones 356 mil 325 pesos, “suficientes para cumplir con las obligaciones que el propio Congreso de la Unión le ha asignado y para garantizar la certeza de los procesos electorales 2020 y 2021”, advierte el INE.

 

¡Los golpes quitan lo bruto! reza una vieja sentencia. Pero en este caso pareciera que no queremos entender por más palos que nos den, y por el contrario, cada uno de los ciudadanos nos convertimos en cómplices  cuando apoyamos la creación de estos nuevos partidos. De ahí que habríamos de decir que los pueblos tienen los partidos que merecen.

 

Y no queremos entender porque, a pesar de todo, aquí enfrente tenemos a un país que podríamos tomar como ejemplo: Estados Unidos, donde a pesar de estar integrado por 50 estados autónomos en su régimen interno, –es decir 18 estados más que México, los principales partidos políticos que dominan la escena política son el Partido Republicano y el Partido Demócrata, por lo que algunos consideran el sistema de este país como una democracia bipartidista.

 

Para colmo, luego de la información oficial dada a conocer por el Instituto Nacional Electoral, “a partir del 1 de julio de 2020 tendrán efectos constitutivos como partidos políticos nacionales aquellas organizaciones cuyo registro haya aprobado el Consejo General para participar en el Proceso Electoral Federal 2020-2021”. Es decir, ya casi casi están prendidos de la ubre.

 

Y en esa extensa lista hay suficientes ofertas para escoger. Es decir de todos colores. Están los liberales, los nacionalistas, los socialistas, los comunistas, los federalistas, los vanguardistas y los demócratas, Y no faltan los colosistas, los obreros, los migrantes, los indígenas, los progresistas, los ambientalistas, los derechistas, los transformadores, los reconciliadores, los izquierdistas. Sin descartar los independientes, los imperialistas, los agraristas, los sinarquistas, los constitucionalistas, y hasta los diferentes. Además de los regeneradores, los solidarios, los  campesinos, los de centro, los libertadores, los salvadores de la patria, Etc..

 

 Sobre este mismo particular,  he de ser reiterativo en que no será un nuevo partido político el que nos lleve del infierno al paraíso. De ninguna manera. Como tampoco ha de ser un nuevo partido el que ayude a superar los flagelos que sufre el pueblo y que tienen que ver con el incremento de precios, la falta de empleo, los golpes de la delincuencia, los abusos de autoridad,  o el surgimiento de nuevas tasas impositivas.

 

Y aquí he de enfatizar que una vez escribí, que es sano, y que sería muy sano para todos los mexicanos, que en lugar de que aumenten, se eliminen algunos de los tantos partidos políticos que existen en nuestro país, pues no dejan de ser una carga sumamente pesada para el erario. Y en gran medida a eso se debe el aumento de millones de mexicanos por el camino de la pobreza. Como también ocasiona falta de oportunidades, lo que a su vez provoca el incremento de la violencia. Qué desgracia.

 

Dije también que muchos de esos partidos políticos no dejan de ser unos zánganos, unos parásitos, unas sanguijuelas. Aprovechados, ocasionales y oportunistas, toda vez que lo ven ya como un negocio familiar. Y es que lamentablemente, cualquiera que sea una nueva organización de esa naturaleza, tendrá que ser un partido integrado por gente que a arrastra costales de mañas, que esconden viejos trucos, y que a sus espaldas cargan pesadas losas de vicios y corruptelas.

 

Y más desgracia pues,  que hoy, precisamente cuando el pueblo está más sumido en la desgracia,  y cuando el mercado de ofertas políticas está sobresaturado, tantos nuevos partidos salten al escenario; lo que por consecuencia viene a asestarle al pueblo, no sólo una fuerte bofetada, sino el tiro de gracia.

 

Por tanto, no será un nuevo partido el que venga a superar los flagelos que sufre el pueblo y que tienen que ver con el incremento de precios, la falta de empleo, los golpes de la delincuencia, los abusos de autoridad,  o el surgimiento de nuevas tasas impositivas. Ni mucho menos vendrá a acabar con el nepotismo y la impunidad, que tanto daño nos hacen.

 

¿Por qué? porque jamás un partido político se ha preocupado por buscar solución a los problemas torales del pueblo, como podría ser convocar a un frente común para protestar por el aumento de precios en las gasolinas, por el alto costo del gas, por lo caro de las medicinas, por el inalcanzable pago de tarifas por consumo de energía eléctrica, o por el alza inmoderada de precios en alimentos básicos.

 

Contrariamente,  la creación de nuevos partidos políticos, más bien constituye otras formas de robar. Equivale, -para ellos- a formarse en la muy corta fila de la distribución de la riqueza que comprenden aquellos miles de millones de pesos que cada tres años cuantifican los magos del IFE, y cuyos recursos prácticamente se destinan para unos cuantos, es decir para un reducto de políticos sagaces, hábiles y colmilludos ansiosos de organizar una nueva camada de mafiosos y perversos malhechores.

 

Cuestión de tiempo.