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En privado - sábado 19 octubre 2019


• Los muertos de AMLO

Inmerso en sus terquedades de atacar a los que siempre ha calificado de “hipócritas conservadores” y “mezquinos neofascistas”, Andrés Manuel López Obrador ha dejado que lentamente la arena del reloj llene el receptáculo inferior.

 

Y así lo hará hasta que despierte de aquel sueño profundo donde aún se encuentra soñando desde su casa de cristal, mientras acá, el país se le deshace entre sus manos.

 

Y casualmente en su sueño, el presidente simula que le duelen mucho, demasiado, los 43 muertos… pero en su terquedad sistemática de perseguir culpables se olvida que hasta ahora, en su corto tiempo de mandato, en su conciencia lleva ya cerca de 30 mil. Digamos, solo un poquito más que aquellos 43.

 

Aunado a lo anterior –con conocimiento de causa o no—el presidente  mantiene la creencia de que en aquel entonces, Ayotzinapa, se anidó la intransigencia y la intolerancia. Y que allí  hizo de las suyas tanto la barbarie como la impunidad. Y a cambio de eso suelta las riendas --solo porque no quiere enfrentamientos--, dejando entonces que secuestren personas, que roben camiones, que hagan destrozos, y que de paso lesionen la economía de muchos que nada tienen que ver con sus desaciertos y su tolerancia.

 

De paso permite que vejen a los integrantes de nuestro glorioso ejército olvidando la dignidad, el honor, el decoro, la vergüenza y el pundonor de un Soldado, quien por su investidura emana, y debe emanar, respeto y obediencia. Y porque además es arrojado, valiente, capaz de ofrendar su vida por la nuestra y por nuestros bienes.

 

De paso, Andrés Manuel López Obrador se olvida que un Soldado no está para ser humillado.  Y en el caso de lo ocurrido en La Huacana, Michoacán, el 27 de mayo pasado, donde retuvieron y desarmaron a varios militares, fue un caso repudiado y condenado por todos los mexicanos. Pero menos por el presidente.

 

Todo ello aun cuando la humillación no solo fue solamente a los soldados, sino que fue al Ejército, a nuestra Soberanía y a México. Lo que no se dio por enterado nuestro presidente. Y que por el contrario aplaudió bajo la burda expresión de que los soldados “evitaron enfrentamientos”.

 

Y es que lamentablemente día con día en sus charlas mañaneras nuestro presidente todo lo pretende solucionar con discursos sin argumentos, Con palabras huecas, vacía y sin sustento, donde más destacan sus bromas, sus  chistes y sus marrullerías. Es decir no habla con la seriedad que los casos ameritan.

 

Lo dije y lo reitero: un verdadero líder debe ser fuerte y asir la batuta con valentía, sin temor. Y jamás mostrar debilidad. Porque la batuta resbala y cae de las manos débiles. Y después de esto todo se torna un caos. Justamente lo que hoy sucede en nuestro país.

 

Se han registrado pues, eventos sumamente delicados como aquellos donde han perdido la vida decenas de integrantes de las fuerzas armadas; y en donde sin importar las causas, los efectos han sido muy importantes.

 

Es entonces fundamental que frente al terrible estado de indefensión que vivimos, el presidente conceda lo que merecen las fuerzas armadas llámense policías, marinos o soldados, porque de lo contrario toda la sociedad estará destinada a sucumbir ante esos niveles de inseguridad y violencia que –según se observa-- hoy por hoy ya rebasaron a esas instituciones que están para cuidarnos.

 

Luego entonces, basta ya de tanta indiferencia política ante hechos tan lamentables y basta de ese doble discurso matutino donde subliminalmente se beneficia más a los criminales y que contrariamente en nada coadyuvan a la seguridad y a la tranquilidad del pueblo.

 

Porque no es posible que sean los delincuentes quienes llenen ese vacío gubernamental mientras el discurso  nos deje solo el nefasto y despreciable beneficio de la duda. Mientras los malos se ríen se burlan de usted y de las fuerzas armadas.

 

Ya escribí lo que en su momento dijo un prestigiado militar retirado, y lo vuelvo a escribir: “No es posible repeler agresiones con muñecas o ramos de flores“, tal como se está haciendo en estos momentos.  Quien, por cierto entre otras cosas, a usted señor presidente, le pidió: “si tiene dignidad, renuncie al cargo”.

 

Por eso soy reiterativo al escribir también que: los delincuentes no son unas hermanitas de la caridad a los que se les debe tratar con cartitas y palabras y buenos modales. Como tampoco se les puede hablar como usted lo ha venido haciendo desde que inició su gobierno. Es decir con amor y paz.

 

No señor. Porque los delincuentes son malos. No tienen sentimientos. Y si usted señor presidente sigue soñando desde su casa de cristal que distribuyendo globos y dulces entre los delincuentes se les va a atacar,  está muy equivocado.  Y  desde sus chistes mañaneros les sigue pidiendo que se entretengan con pistolas de juguete y se porten bien, “porque de lo contrario los voy a acusar con  mamá y papá”, está más errado aun.

 

Y es que usted lo ha dicho: “no queremos enfrentamientos, no queremos la violencia. Vuelvo a hacer un llamado a que se abandonen las armas, no queremos que con la violencia se resuelvan los problemas”.

 

Sin embargo, señor, el conteo del gobierno federal registró, en el primer semestre del 2019 que se cometieron 14 mil 603 homicidios dolosos, así como 448 feminicidios, por lo que en total se cometieron 15 mil 51 asesinatos en los primeros seis meses del año.

 

En síntesis, tan solo durante los primeros  8 meses del actual gobierno se cometieron más de 20 mil asesinatos, un promedio de 2 mil 505 al mes y más de 80 al día. Esa es la realidad que vivimos.

 

Entonces, si realmente queremos avanzar, es necesario actuar en consecuencia. Antes de que los malos acaben con los buenos.

 

Cuestión de tiempo.