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En privado - viernes 08 marzo 2019


• “Día de la Mujer”… ¡Qué ironía…!

Qué ironía que en tiempos como los actuales, --cuando la sinrazón, la misoginia y el miedo está acabando con el ser más hermoso que hay sobre la tierra--, sobresalgan aquellos para hacer tantos aspavientos en aras de conmemorar una fecha como la de ayer 8 de Marzo;  y que a la par, con bombo y platillo festejen el: “Día Internacional de la Mujer”.

 

Ironía, porque mientras las organizaciones (todas), presuntamente defensoras de las mujeres, conjuntamente con las autoridades (todas), avientan al excusado el papel (por toneladas) escrito con ideas y proyectos; escritos con mensajitos “bonitos”,  ideológicos y filosóficos; antes de ello, el machismo y la baladronada, se sigue limpiando el hoyo con el papel. Y después, allá, --en el rincón de las confidencias, en las tinieblas de la indefensión y en el desenfrenado libertinaje del sexo--,  finalmente lo hace también con ellas.

 

Ironía, porque mujer es la bebé en el vientre;  mujer es la niña; mujer es la adolescente; mujer es la jovencita; mujer es la adulta; y porque mujer es la anciana.

 

Ironía, porque mujer es la hija; mujer es la madre; mujer es la abuela; mujer es la bisabuela. Y todas son mujeres. Y todos tuvimos o tenemos al menos una de ellas. Solo aquellos, --misóginos al fin-- tal vez, nunca la tuvieron. Porque no tienen madre.

 

Y muchas son violentadas desde el embrión. Y muchas ya llevaron su cruz a la tumba. A su tumba. Y las otras, las que aún permanecen de pie, allí están, a la espera y arriesgándose a  ser  ultrajadas, maltratadas. Sino es que violadas y destazadas como ya lo hicieron con su abuela, con su madre, con su hija.

 

Y todas, hoy levantan la mano para con el dedo índice aventar un valiente, pero sordo “yo acuso”.

 

Grito sordo, porque sus quejas no han sido escuchadas allá, en los pasillos donde se pasea la toga y se contonea el birrete.

 

Grito sordo, porque sus lamentos no encuentran el eco esperado allá, donde la soberbio, la arrogancia y la  pretensión, cuelgan los diplomas, los reconocimientos y los títulos.

 

Y muchas de ellas son violentadas desde el embrión. Y las otras,  ultrajadas, maltratadas, sobajadas, vilipendiadas. Sino es que violadas.

 

Todo ello, mientras –emulando a los tres monos de la sabiduría--,  (el que no oye, el que no habla y el que no escucha),  las insanas conculcaciones y los malditos amancebamientos siguen acumulando denuncias en los ministerios públicos.

 

Todo ello ministras, haciendo alusión a que: los oídos no sirven de nada a un cerebro ciego; los satánicos contubernios y las desagradables confabulaciones continúan estibando documentos en los desaseados recovecos de los juzgados.

 

Todo ello, mientras el caudal de oficios sigue anidándose en los aparatos de justicia; solo para cohabitar inmersos en los archivos de la tardanza y el tiempo y el “regrese mañana”.

 

Y mientras eso sucede, la fornicación sigue haciendo de las suyas en el rincón de las olvidadas.

 

Todo ello, mientras el fandango y la pachanga, al son de la orquesta y el mariachi, siguen danzando desde las majestuosas  Amnistías Internacionales, las convenciones,  los derechos humanos y las Ongs.

 

¡Maldita sea!, dirían ellas. Todas. Porque todas están irritadas. Y porque a todas les cuelgan santos: algunas de hijas ingratas. Algunas de malas madres. Y a las que mejor les va, de prostitutas.

 

Y qué decir de los dichos y refranes. Como aquellos que provocan nauseas: • “A la mujer y a la burra, cada día una zurra”. • “El varón, varón sea, la mujer, estese queda”. • “La mula y la mujer a palos se ha de vencer”: “Hombres necios que acusáis…”

 

Pero, “maldita sea!, dirían ellas otras vez.  Y con justa razón. Maldita sea, porque aquellos sabios energúmenos, --al fin misóginos--, escribirían también esta: •”Madre, ¿qué cosa es casar? Hija: hilar, parir y llorar!”

 

Entonces, yo diría: ¡malditos sean!. Y que ojalá y antes de escribir, su cerebro vomite sesos y neuronas, por ahí por ese mismo hueco por donde vociferan.

 

 El caso es que tema elegido para el Día Internacional de la Mujer 2019, que se celebró ayer 8 de marzo, fue “Pensemos en igualdad, construyamos con inteligencia, innovemos para el cambio”. Y según los, o las pensadoras: dejaron en claro que este tema se centrará en formas innovadoras en las que podemos abogar por la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres, en especial en las esferas relativas a los sistemas de protección social, el acceso a los servicios públicos y la infraestructura sostenible.

 

Aclararon que el logro de los ambiciosos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) requiere cambios transformadores, enfoques integrados y nuevas soluciones, sobre todo en lo que concierne a la defensa de la igualdad de género y el empoderamiento de todas las mujeres y niñas.

Sin embargo.

 

Creo que la mujer, -único ser humano que de Dios recibió el merecido honor de ser madre-,  debió haber sido digna de amor y comprensión, desde el inicio mismo de su existencia sobre la faz de la tierra.

 

Por tanto, la mujer,  debiera constituir un ser digno de justicia todos los días. Pero esa gran brecha que ha sido abierta por la perversidad, el machismo y la misoginia, aunada a la desatención de parte de las autoridades, es y ha sido –por desgracia-- el principal de los obstáculos.

 

Por eso es mi desacuerdo con tanto festejo y algarabía cuando ya es urgente pasar de las palabras a los hechos.

 

Y por eso, en un día como este, mejor sea para elevar oraciones por las muertas.

 

Cuestión de tiempo.

 

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