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En privado - sábado 22 diciembre 2018


· AMLO: la Impunidad y la corrupción


Sin duda que nos lleva a conciliar el sueño creer y más aún tener la certeza de que  en la agenda Presidencial se torna prioridad  la búsqueda de la transparencia, el combate a la corrupción, la rendición de cuentas, la intención de preservar los derechos humanos, y que fundamentalmente persiste la intención de atacar ese mal, --casi congénito--, que  como estigma maldito, llevan cargando a sus espaldas 50 millones de compatriotas: la pobreza.

Y por supuesto que a todos los mexicanos nos da aliciente pensar que muchos oros espectros como son la conspiración,  la inmoralidad, el soborno, el  cohecho, la complicidad, el encubrimiento,  la confabulación,  lo mismo que el abuso del poder tampoco –parece ser--  están  integrados a la administración de Andrés Manuel López Obrador.

Acuerdos y determinaciones muy plausibles en los tiempos actuales cuando la perversidad y el pillaje se habían acostumbrado a construir indestructibles y amurallados nidos desde las administraciones públicas mientras  las leyes y la justicia se pasaban de frente haciendo honor y reverencia a la impunidad.

Porque no hay que olvidar que la cuestionada práctica de la corrupción, que de paso conlleva desde incertidumbre y angustia, hasta inseguridad y violencia, son los nocivos efectos de la impunidad, no sus causas.

Y con el perdón hacia mis inteligentes lectores seré reiterativo al escribir que  la impunidad hiere, duele, lastima, y obliga a quien la sufre,  a sentir un amargo y vomitable sabor a coraje y a desesperanza; y de paso, le deja imborrables cicatrices de impotencia y en síntesis toda esa insana y turbia mezcla de sinsabores, coloca al pueblo contra la pared, y finalmente lo conduce a su más cruel estado de indefensión.

Por tanto, ya no es posible seguir viviendo sumidos siempre  en el desasosiego, en la inquietud, en la incertidumbre y  lesionados por el robo, el abuso y el saqueo de aquellos malditos depredadores que  incrustados en el cinismo y  la desvergüenza se paseen por allí, amparados precisamente por la sombra del frondoso árbol de la impunidad y haciendo gala de sus fechorías como vulgares integrantes de la delincuencia.

Es pues, lamentable saber que la cobija de la corrupción y la impunidad ha sido lo suficiente extensa para alcanzar a tapar tanto desmán, tanto exceso, y darnos cuenta del desorden y atropello ocasionado por  todos aquellos que,  amparados en su efímero poder, han incumplido los principios consagrados en nuestra carta magna y han quebrantado acuerdos pactados con el pueblo de México, infringiendo  leyes,  y ya enfermos de tanto poder, han ofendido a todos aquellos que un día confiaron el ellos.

Y aquí hay que recalcarlo: no puede ni debe haber borrón y cuenta nueva.

Es decir,  no es permisible que los actos de  virtud,  de probidad, de moralidad y de honestidad a que ha convocado Andrés Manuel López Obrador y que serán puestos en práctica por todos sus funcionarios, den apenas inicio en su administración y no se imponga el castigo ejemplar y que merecen todos aquellos que de antemano cometieron faltas. Y que sabemos no bastan nuestros dedos para contarlos.

De ninguna manera.

Porque no tenemos la menor duda de que el pútrido olor de la descomposición y la putrefacción, por tanta  depravación y perversión que fueron cometidos, sin duda que todavía impregna varias oficinas del sector público y eso lo sabe el presidente.

No vamos a ir muy lejos. Simplemente haremos alusión a la reiterada pregunta que se ha hecho  un amplio sector de la sociedad sudcaliforniana: ¿qué ha pasado con los exalcaldes…? ¿En qué rincón del Congreso del Estado o en cual congeladora han sido guardados los documentos que hablan de los estados financieros de las más recientes administraciones municipales?  ¿Más aun cuando en un secreto a voces, sobre los recursos económicos que tuvieron a su cargo se habla de desviaciones y gastos indebidos?

Y de todo ello también está enterado el hoy Delegado General en Baja California Sur profesor Víctor Castro Cosío, quien seguramente insistirá en la necesaria y prioritaria investigación,  a sabiendas,  –incluso— de que él ocupó en su momento  la silla de presidente municipal de La Paz. Aun cuando, conociendo su forma honesta de actuar y su condición sencilla de vivir, tenemos la certeza de que Víctor Castro, dirigió y manejó su administración de acuerdo a como debe hacerlo una persona íntegra y equitativa.   

Por tanto, en relación a aquellos exalcaldes: ¿Hubo o no, inmoralidad? ¿Hubo o no,  perversidad? ¿Hubo o no, impunidad?  ¿Hubo o no, corrupción…? Díganlo de una vez. Porque de no ser así,  con el derecho del beneficio de la duda que al pueblo le asiste dirá que: aun hay tapaderas en cloacas malolientes.

En efecto, porque, contrariamente habríamos de cuestionar: ¿qué diablos ha pasado con tanta desviación de recursos, con tanto robo, con tanto abuso de poder y con tanto tráfico de influencias…?.

Es pues necesario pasar de las palabras a los hechos.

Porque los criminales constituyen un gran peligro para la sociedad y no deben andar por las calles.  Y porque todos sabemos que la indeseable pasarela al Centro de Readaptación Social ya ha sentido los pasos de otros tantos delincuentes de cuello blanco.  

Cuestión de tiempo.