Muy buenos días estimado lector, gracias, muchas gracias por continuar prefiriendo este su Diario El Independiente.
Inicio esta columna comentado
a usted: Actualmente la ola democrática que experimenta el mundo contemporáneo
exige a los gobiernos federales, estatales y municipales garantizar desempeños
más eficientes en su trato cotidiano con nuestra sociedad. Hoy los gobiernos
democráticos de la última generación son el resultado de instituciones políticamente
más equitativas y transparentes; sin embargo, y a pesar que estos gobiernos son
la consecuencia directa del consenso ciudadano, enfrentan ser los dilemas para
sostener niveles aceptables de estabilidad política, dado que los problemas
económicos siguen siendo el talón de Aquiles de las sociedades emergentes.
Bajo este contexto: El
deterioro de la economía que heredaron los viejos regímenes neoliberales han
acotado los márgenes de maniobra de las políticas económicas de los presentes
gobiernos surgidos de las transiciones democráticas, en ese sentido el reto es
claro: Como promover un proyecto económico, político y social que recupere la
confianza de la población enmarcado en un ambiente adverso en donde predominan
condiciones de aguda crisis fiscal y pobreza social extrema, aunando
inseguridad a nivel nacional. Las mexicanas y los mexicanos observan, que, en
respuesta a esta encrucijada, los asesores de los nuevos gobiernos están
buscando en distintas tecnologías políticas y administrativas, la herramienta
más útil que pueda ayudarlos a enfrentar estos complejos entornos
caracterizados por la crisis económica, presión política y rezago social.
En este sentido: Podría
decirse que el objetivo principal de esta técnica consiste en persuadir a los
diversos actores sociales involucrados en los asuntos públicos para que,
mediante estrategias publicitarias y sutiles mensajes penetrantes, acepten las distintas
ofertas y programas que en materia económica y política promueven los
burócratas de altos vuelos dentro de los sistemas del gobierno, y que desde
luego buscan proyectar la imagen de una institución eficiente y capaz ante los
ojos de la ciudadanía, y por lo tanto, persigue crear una opinión publica
favorable a los diversos esfuerzos de cambio político o reforma administrativa,
según sea el caso que quiera alcanzar la burocracia gubernamental. El marketing
gubernamental es un fenómeno de comunicación política que busca transmitir,
mediante el discurso político, mensajes con un alto nivel de impacto social
para fomentar y consolidar proyectos de índole económica, política y social.
Ahora bien: en la óptica del
electorado sobre imagen pública, el mensaje gubernamental debe ser creativo,
capaz de despertar la emoción del ciudadano y atraer a la clientela. La
publicidad política debe persuadir y convencer que lo que hace el gobierno es
bueno para la población en general. Por ello, los gobiernos que guían su
conducta por el marketing político parten de ciertos supuestos. Uno de ellos y
posiblemente el más importante, se refiere a la personalización de la política:
Los ciudadanos se sienten menos comprometidos con los partidos, poco dispuestos
a esforzarse por entender la política y más interesados en los perfiles
personales del político. Por eso, el papel estelar lo interpreta el gobernante
cuyo carisma, liderazgo y personalidad como atractivos personales son
determinantes en la búsqueda del éxito de un gobierno.
Concluyo: El liderazgo con
calidad y altos niveles de eficiencia política no es solo aquel que se muestra
capaz, estratégico, visionario y honesto, sino aquel que se muestra un líder
con buenas costumbre y valores éticos, que es un padre de familia ejemplar,
respeta los iconos religiosos y convive abiertamente con el vecindario más
pobre de la ciudad