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Lo derecho es lo decente - jueves 21 mayo 2020


• Reflexionar no está de más

 

Muy buenos días estimable lector gracias, muchas gracias por continuar prefiriendo este su Diario  El Independiente. “Cuídate y pon mucha atención, porque caminas en compañía de tu propia desgracia”.

 

Inicio esta columna comentando a Usted; tal vez el Eclesiastés resumió lo esencial de su pensamiento en este versículo del Capítulo 3,” Dios hace que cada cosa llegue a su tiempo, pero también nos invita a mirar el conjunto; y nosotros no somos capaces de descubrir el sentido global de la obra de Dios”

 

Pensé para mí y para Usted, todo a su tiempo, hay un tiempo para cada cosa, y un momento para hacerla bajo el cielo; hay tiempo para nacer, y tiempo para morir; tiempo para sembrar, y tiempo para cosechar lo sembrado; un tiempo para dar muerte, y un tiempo para sanar; un tiempo para destruir, y un tiempo para construir; un tiempo para llorar y otro para reír; un tiempo para los lamentos, y otro para las danzas; n tiempo para lanzar piedras, y otro para recogerlas; un tiempo para abrazar, y otro para abstenerse de hacerlo; un tiempo para buscar, y otro para perder; un tiempo para guardar, y otro para tirar fuera; un tiempo para rasgar, y otro para coser; un tiempo para callar, y otro para hablar; un tiempo para amar, y otro para odiar; un tiempo para la guerra, y otro para la paz. Finalmente ¿Qué le queda al hombre de todos sus afanes?

 

Me puse a considerar los varios centros de interés que Dios presenta a los hombres, y note lo siguiente: El hace que cada cosa llegue a su tiempo, pero también invita a mirar el conjunto. Y nosotros no somos capaces de descubrir el sentido global de la obra de Dios desde el comienzo hasta el final. Comprendo que para el hombre el único bien es gozar la vida y tener el bienestar. Que uno coma y beba y goce de felicidad, “eso es un don de Dios”. Yo sé que Dios actúa con miras a toda duración del tiempo; a esto nada se le puede agregar ni quitar; solamente nos corresponde respetar su designio. Ya fue lo que es, y lo que será ya fue, y Dios recuperara lo que se ha ido.

 

Seguí reflexionando sobre lo que sucede bajo el sol; en el lugar del Derecho, está el mal; en el lugar de la justicia, está la maldad. Pensé, Dios juzgara al justo y al criminal, porque hay un tiempo para cada cosa, y Dios juzgara las obras de cada uno.

 

Ahora bien; el libro de Eclesiastés resalta numerosas diferencias de la condición humana. No lo hace como para decir: miren que la vida es engañosa, piensen pues en las cosas de Dios. Más bien nos enseña que todas estas diferencias son la consecuencia de otra más fundamental, el hombre es un ser mortal y limitado, no nos lleva a la posibilidad; más bien nos invita a no perder tiempo ni gastar energías en ilusiones, sino a vivir plenamente el momento presente, solucionando día tras día los problemas que están a nuestro alcance y gozando hoy mismo la felicidad que Dios Nuestro Señor reservo para estos días, y lo demás se deja a Dios.

 

Concluyo “no hay nada nuevo bajo el Sol”. El mundo dirigido por Dios hacia un porvenir feliz y una reconciliación de la humanidad, es repetir sin cesar los mismos acontecimientos, sucediéndose reinos, guerras, éxitos y fracasos. Nada ocurre realmente nuevo para el cumplimiento de la humanidad, el “Coronavirus” es una realidad y con la muerte se termina todo.

 

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