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En privado - sábado 06 abril 2019


• Los diputados. • El circo.

De frente a un pueblo angustiado por esa violencia que se ha venido desatando por las corruptelas y la falta de estrategias gubernamentales, y la agobiante crisis que ha sido provocada por aquellos grandes consorcios que tienen que ver con largas cadenas de sorianas, de leyes, de oxxos, de liverpules y demás,  (lo que está haciendo al rico más rico y al pobre más pobre) y que  todo en su conjunto le ha partido en toda la madre a todo lo que huele a pueblo, han sido los propios ciudadanos quienes en estos momentos les han colgado muchos santitos y les han dado diversos calificativos a las actuaciones de las diputadas y los diputados que hoy ocupan un lugar en el Congreso del Estado.

En efecto.

Los hay quienes han dado en llamar descaro o atrevimiento. Y le añaden que allí, al interior del Congreso, ha habido desde osadía, desvergüenza y desfachatez, hasta vedetismo. Sin descartar ese terrible desaseo, que incluso, chorreando desvergüenza, descaro, y desfachatez; hasta  cinismo  y deshonestidad, traspasa los muros del congreso.

Otros dicen que se trata de un bien orquestado distractor, por muchas razones. Entre otras, “para seguir haciendo nada”. Sin descartar aquellos trescientos treinta y tantos mil pesos que de las propias narices de los diputados, simplemente “se esfumaron”. (Donde por cierto la limpieza le corresponde hacerla al Órgano de Fiscalización Superior del Estado de Baja California Sur o la Auditoria Superior, porque se trata de dinero del pueblo). Y la pregunta obligada salta a la vista: ¿por qué no han procedido?

Lo cierto de todo, es que han sido ellas y ellos mismos, las diputadas  y los diputados  quienes se han encargado de dar paso a la desconfianza. Y –por consecuencia-- han sido los responsables de abrir la puerta a  una gran Crisis de Credibilidad. Toda vez que,  si Rigoberto Murillo asegura que hubo falsificación de su firma, entonces es el propio diputado, --quien sin decirlo--, está asegurando que allí sí hay un delito que perseguir.

Luego entonces, ¿por qué no se procede? ¿Por qué no se actúa y se castiga a quienes han caído en ese crimen? Pero lamentablemente contra ellas y ellos no podremos. Tienen fuero. Son intocables. ¡Maldita sea…!

Sin embargo, tomando en cuenta la vieja sentencia de que al pueblo hay que darle pan y circo, me pronuncio porque mi calificativo no sea la de pan. Pero sí precisamente la de un circo.

Así es.  Y Lo peor de todo es que, a las claras se observa que la obra circense que nos están ofreciendo esos arlequines y payasos desde el Congreso del Estado apenas va en su primer acto. Es decir, como pueblo nos falta aún tragarnos muchas mentiras, muchas mañosadas,  muchas triquiñuelas que seguramente se estarán orquestando desde allí.

Pero hay que tragárnoslas. Aunque se nos atoren en el pescuezo y nos provoquen vómito.

Y desgraciadamente esto apenas empieza. Es decir, falta mucho. Porque no podemos ni debemos olvidar que la obra circense es de tres actos.

Y aquí se destaca la actuación de Los Trapecistas.

Aquellos hombres y mujeres que tienen valentía y arrojo, y que desde la inmensidad de las alturas son capaces de bajarle a usted –ciudadano-- el cielo y las estrellas; no a cada momento. Sino cuando requieran de su voto. Lo demás vale madre, son puras marometas.  Y son tan diestros, que algunos lo hacen sin malla de protección. Ya después, --con el tiempo--, saben que así de dolorosa es la caída.

También Los Malabaristas.

Aquellos que aparte de estar dotados de capacidades histriónicas, son avezados con las pelotas y los bolos; muy experimentados con las argollas. Y muy listos con sus manos y sus pies para manejar el fuego, aunque se queman por cualquier cosa. Y,  por sobre todas las cosas, saben levantar perfectamente un dedo.

Por supuesto que hay marionetas.

Aquellos pequeños personajes sin voz propia. Que no tienen capacidad para moverse solos. Que no pueden actuar por sí mismos; Y es desde allá, tras bambalinas, donde los grotescos dedos mueven los hilos. Precisamente porque son incapaces de tomar decisiones por ellos mismos.

Claro. No pueden faltar los payasos.

Aquellos de zapatos grandes que allí van dando tropiezo tras tropiezo. Ingenuos y tontos. De cara pintada para ocultar el rostro. De gran nariz roja, y que solo hacen reír a los niños. Porque para muchos de nosotros son solo unos estúpidos.

Y aquí no se pueden omitir a Los magos.

Aquellos que esconden la mano.  Y bajo la manga nos traen muchas sorpresas. Desde una paloma, un conejo y muchas cosas más. Que son duchos para el escapismo y que siempre nos quieren ver la cara de pendejos.

Vamos, en este caso hoy que nos ocupa, conocen muy bien lo que es la opacidad en el manejo financiero, son muy expertos en el manejo a discreción de los recursos.  Simplemente porque el dinero no es de ellos.

En fin. Algo habrán de decir al respecto todas y todos los diputados. Sin descartar a Ramiro Ruiz Flores y Rigoberto Murillo Aguilar desde allá del interior. Lo mismo que José Luis Ayala Yamuni desde acá, del exterior.

“¡Bravo…!” Diría mi pueblo,  y yo estoy con él. “¡Un fuerte aplauso para todas las diputadas y los diputados por esa gran y cómica actuación!”.

Sobre todo, porque en ocasiones nos hacen reír con sus payasadas, con sus estupideces, con sus pendejadas.

Cuestión de tiempo.