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En privado - martes 19 marzo 2019


· “Juez que dudando condena, merece pena.” · “Lleva tiempo limpiar la mugre”: AMLO


 

Hoy, me siento obligado a empezar diciendo que: a pesar de ser el abogado que tiene la máxima autoridad en un tribunal de justicia, quien luego de un análisis exhaustivo de las ideas y las defensas de cada parte (demandada y demandante), un juez, tiene la capacidad de juzgar libremente y dar penas o libertades según sea el caso.

 

Pero, lamentablemente, y tomando como punto de partida aquellos innumerables hechos donde los medios nacionales de comunicación nos ilustran que la delincuencia, entra al juzgado por la puerta de enfrente y sale por la puerta de atrás, habría que aceptar entonces que muchos de estos jueces han caído en la prevaricación, en la ligereza y la irresponsabilidad.

 

Y por consecuencia, --al Ir en contra de lo que dispone una ley, norma o principio--, han conculcado, y de paso, han enlodado los sagrados principios de nuestra Carta Magna que  los rige. Y tras ello, han hecho de los juzgados los nidos de la justificación, de la exculpación, de la simulación.

 

Voy al grano:

Hace quizás un par de días, en su acostumbrada conferencia de prensa matutina, el presidente Andrés Manuel López Obrador hizo referencia –por fin—a un tema delicado. Muy delicado en los tiempos actuales: la liberación de supuestos delincuentes. Donde los responsables directos de que estas lacras disfruten de libertad, han sido y son los jueces.

 

Y el presidente sentenció que exhibirá a todos aquellos jueces “a modo y al servicio de la delincuencia” que, “bajo el anonimato” liberan a presuntos delincuentes, quienes. “Salen libres burlándose de la autoridad”, dijo.

 

Y creo que en estos momentos, cuando el hartazgo de la violencia ha provocado nauseas sociales, obligándola a vomitar miedo, que casi a rebasado los perímetros de la razón, ese, pudiera considerarse un tema álgido;  y calificarse como una gran y acertada decisión emanada de la presidencia.

 

¿Por qué?

Porque lamentablemente muchos jueces --contrariando aquellos principios ya descritos--, han abierto de par en par, las puertas a la ineficacia,  a la extralimitación y a la brutalidad. Sino es que al desorden, a la violencia y al vandalismo.

 

Y las han cerrado, con sendos candados y fuertes eslabones, a la Justicia.

 

Es así, como,  con sus negativas actuaciones han conducido a la sociedad por los senderos de la anarquía, a solo un paso de convertirla en troglodita;  obligándola a hacerse justicia por su propia mano. Y empujándola a la práctica de la ancestral Ley del Talión. Aquella que era aplicada precisamente por la mano del hombre.

 

Ya que,  si partimos del  beneficio de la duda,  estamos obligados a  percibir que muchos jueces se han prestado al cohecho, y al subterfugio;  y con sus insanas actuaciones  han llevado a la justicia por las oscuras brechas de la sinrazón y el desorden.

 

Porque de acuerdo a ese mismo beneficio de la duda, muchos de ellos –inmersos en la frivolidad y la indiferencia--, han hecho del fiel de la balanza el recoveco del favoritismo y el sotabanco de la parcialidad.