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'La carta secreta de Darwin' (Capítulos 16 y 17)

sábado 10 noviembre 2018 | Por: Redacción | Cultura 'La carta secreta de Darwin' (Capítulos 16 y 17)

El científico y escritor Fedro Carlos Guillén sigue con interés todo tipo de cartas. Ahora une su pasión por la literatura, la historia y la ciencia en su nueva novela que hoy publica su nueva entrega

CIUDAD DE MÉXICO.

El científico y escritor Fedro Carlos Guillén sigue con interés todo tipo de cartas. Ahora une su pasión por la literatura, la historia y la ciencia en su nueva novela que hoy publica su nueva entrega

DIECISEIS

Pese a su falta de interés, Martina siguió asistiendo a la escuela. La noticia de su embarazo era secreta, pero a ella le importaba poco que se enteraran sus compañeros, necesitaba pensar y hacerlo rápido, y quedándose en su casa no solucionaría nada. Todo era confuso. Había consultado mucha información acerca de la forma en que los embarazos adolescentes arruinaban la vida de muchos jóvenes y leyó la historia de Julia, una chica de Guanajuato, embarazada y obligada por sus padres a tener a su hijo. La joven, de apenas 16 años de edad, llegó a término su embarazo y trajo al mundo a una niña bellísima a la que, como medida disciplinar se le obligó a cuidar a pesar de su evidente depresión. “No puedo más”, fue la nota que encontró su madre horrorizada al pie del cadáver de su hija colgando de una viga. El grito fue ahogado por los llantos de la recién nacida.

Martina entró a clase de biología, su favorita gracias a la asesoría amorosa de su padre y de su madre cuando vivía. Había decidido que eso estudiaría como carrera universitaria. Su maestro era un inglés, muy joven, de nombre Michael. La escuela de Martina era bicultural y muchos de sus docentes provenían de otros países. Sárika, la hindú, era una muy competente profesora de química que levantaba suspiros adolescentes gracias a su belleza y juventud.

Michael explicaba la teoría evolutiva a través de un ejemplo:

–Imaginen una población de animales, la que quieran, pensemos en conejos. En ese grupo hay variaciones de color, tamaño o velocidad y todas estas características son determinadas genéticamente, por lo que se heredan a las siguientes generaciones. Imaginen ahora que una de estas características les da ventaja a algunos individuos sobre otros, como un color que se confunda mejor con el ambiente en el que viven y que evite que sean advertidos por sus depredadores. Dado que estos individuos con ventajas tienen mayor probabilidad de sobrevivir, se reproducen con más frecuencia y consecuentemente producen más individuos similares a ellos, por lo que eventualmente esta característica se extiende en la población. A este proceso lo llamó Darwin: “selección natural”.

Michael estudió las reacciones de sus alumnos para analizar si habían comprendido, se sintió satisfecho y continuó:

–Desde tiempos muy remotos los seres humanos se dieron cuenta de que podían modificar a los seres vivos para su propia conveniencia, es así como crearon variedades artificiales de una especie. Los perros son un buen ejemplo, siguiendo un principio intuitivo hicieron cruzas de aquellos individuos con características deseadas y lograron muchas razas y variedades. Los perros pueden ser veloces como los galgos y ello supuso que el hombre cruzara a aquellos individuos con las patas más largas. Otras razas son muy resistentes al frío, como los siberianos que viven en condiciones de temperatura extrema. A este proceso lo llamamos “selección artificial”. ¿Dudas?

Martina, a pesar de su distracción, escuchaba cuando Alonso le pasó un papel doblado, lo abrió: “¿quieres ir al cine?”. La joven sonrió y asintió con un gesto, mientras la campana indicaba el término del día escolar. Los muchachos comieron un bocado y se dirigieron al centro comercial donde se encontraba el complejo de cines. Eligieron El secreto de sus ojos, una película argentina que les pareció maravillosa. Fueron a tomar un café, Alonso la miró y le preguntó:

–¿Cómo vas?

–Sigo pensando –contestó Martina– he iniciado una lista de pros y contras, mira. Le extendió una libreta en la que se veían dos columnas que el muchacho leyó interesado:

PROS CONTRAS

Apoyo de mi padre

Se acaba la escuela

El aborto es legal

Cambiar pañales

El niño o niña crecería sin limitaciones

Trabajar sin estar preparada

Conocería al tío Luisito

Ser madre soltera, niño o niña sin padre

Podría darlo en adopción (ver Juno)

No estaba planeado

Se me van a caer las chichis

La última acotación hizo parpadear a Alonso:

–¿Eso es todo?

–¿Qué esperabas, buey? Acabo de empezar, pero algo es algo.

–¿No has visto Juno?

–Hace un par de años y ya no me acuerdo bien.

–¿Vamos a rentarla y la vemos con palomitas?

Martina asintió, rentaron la película y cuando la estaban viendo en la sala de su casa, entró el tío Luisito en bata, cargando a Agamenón y rascándose la entrepierna.

–¿Una cubita, joven?

Martina soltó una carcajada.

Cuando Alonso se fue a su casa la chica aguardó la llegada de su padre, la clase del día la había dejado intrigada.

—Pá ¿qué hizo Darwin para ser tan famoso?

A Pedro Pablo le sorprendió la pregunta e inclusive pensó que su hija habría visto la carta, pero ello era imposible, ya que la guardaba bajo llave en su cubículo.

—¿Por qué te interesa?

—Hoy tuve clase de biología y hablamos de la selección natural y la verdad es que parece todo muy sencillo.

Pedro Pablo asintió con la cabeza.

—Y lo es, en ello radica la genialidad de Darwin, en demostrar de una manera muy elegante algo que se llamaba en su época “el misterio de los misterios”. Los biólogos le debemos el trazo de la base teórica en la que se fundamenta prácticamente todo nuestro trabajo. ¿De veras te interesa?

Martina se acomodó en el sillón invitando a que su padre iniciara. .

—Darwin nació a principios del siglo XIX en Inglaterra, era hijo de un médico gordo como un balón, como tu tía Engracia para que me entiendas. Era riquísimo, se llamaba Robert, cuentan que su panza era tan grande que la mesa del comedor tuvo que ser cortada para que pudiera comer a gusto. Desde chico Charles, que era un nerd antiguo se interesó en coleccionar bichos y cuando llegó la edad oportuna se fue a Escocia para estudiar medicina, pero no resultó y decidió desertar, lo que molestó a su padre que le pidió que definiera una profesión. Charles inició entonces estudios para convertirse en pastor anglicano, pero nada, tampoco le atrajo esa profesión. En este período se hizo miembro de grupos científicos, le apasionaba la geología y se hizo amigo de un profesor de apellido Henslow, esta amistad le cambiaría la vida, ya que en el momento que Darwin estaba en el limbo le informó que había una vacante en el barco “Beagle”, que se encargaba de cartografiar las costas del mundo para la marina británica. Estos barcos llevaban a bordo un naturalista que hacía investigaciones científicas para el Imperio.

Martina escuchaba atenta, imaginaba lo que sería ir en un barco de vela para cruzar el océano.

—Este viaje fue crítico en la carrera de Darwin, que conoció la diversidad del Amazonas, encontró conchas marinas a cientos de metros de altura y recorrió parte de América del Sur a caballo. Todo lo que colectaba e identificaba era mandado a Inglaterra. El “Beagle” rodeó Sudamérica y subió por la costa Oeste hasta llegar a las Islas Galápagos, un archipiélago en el que había animales sorprendentes como tortugas, iguanas marinas y unas aves que Darwin observó que eran diferentes de acuerdo a la isla en la que habitaban.

—¿Pinzones? —preguntó Martina.

—Exacto, pero él no sabía que eran especies relacionadas, eso lo descubrió un ornitólogo en Inglaterra y es el ejemplo más famoso para identificar su obra. El “Beagle” cruzó el Pacífico y llegó a Australia, luego África y regresó a Brasil, para finalmente regresar a Inglaterra. ¿De veras no te aburro?

—¿Y se tardaron dos años? —preguntó Martina, asombrada de la cantidad de tiempo y desechando con un gesto la pregunta de su padre, le gustaba que le contara historias.

—En realidad fueron cinco. Cuando Darwin regresó a su hogar se dedicó por completo a ordenar sus colecciones y a publicar un diario de su viaje que fue muy popular. Era un hombre sistemático y trabajador y pronto ganó mucho prestigio en el mundo de los naturalistas. Como no le gustaba Londres se compró una casa en las cercanías y se casó con su prima hermana Emma, hay quien sospecha que la afinidad genética de los dos provocó la muerte prematura de algunos de sus hijos. Entonces se dedicó a buscar evidencias para su teoría que intercambió con varios amigos y conocidos de él. Estaba dudoso de publicar su obra, ya que temía una respuesta muy fuerte de grupos religiosos, inclusive de su esposa.

—¿Y entonces por qué la publicó?

—Porque en 1858 recibió otra carta de un naturalista inglés que le escribía desde Malasia para decirle que había llegado a conclusiones muy similares a las de él. Entonces se dedicó a escribir apresuradamente y poco más de un año después publicó “El origen de las especies”… el resto es historia. Se hizo mundialmente famoso y cuando murió sus restos fueron depositados en la Abadía de Westminster, uno de los más grandes honores posibles.

Martina asintió satisfecha, le dio un beso en la mejilla a Pedro Pablo y le dijo:

--Te amo pá

DIECISIETE

A los siete años de edad descubrió su fascinación por torturar animales, lo hacía sistemáticamente y de la manera más lenta posible. Atrapaba mariposas y les quemaba las alas con una lupa bajo el sol. Compraba pollos y los metía al excusado mientras jalaba la manija para ver la forma en que se ahogaban desesperados. Sus padres eran alcohólicos y nunca se percataron de sus obsesiones. Su madre, una vez que estaba ebria, lo obligó a besarla en la boca. Tuvo una infancia muy solitaria repleta de rencores que habían troquelado su personalidad. Cuando cumplió catorce años se intentó acostar con una compañera que era presa fácil para todos los miembros del grupo, no pudo tener una erección y ella se lo contó a todos entre burlas. Esa humillación nunca la olvidó. Estaba lleno de odio, pero aprendió a coexistir socialmente, estudió una carrera universitaria y consiguió un trabajo convencional.

Un día, mientras corría en la madrugada –era devoto de mantener su cuerpo intacto- vio a una adolescente que venía en sentido contrario, llevaba ropa deportiva muy ajustada y su cuerpo se adivinaba duro y firme, sintió una erección inédita y decidió seguirla. La joven iba concentrada escuchando música con audífonos y nunca se percató del ataque de su agresor que brincó sobre ella y la arrastró a una zona apartada, la violó sistemáticamente y luego la ahorcó. La adrenalina estaba en su cuerpo todavía cuando limpiaba evidencias. Ya en su casa, se sintió insatisfecho; lo podía hacer mejor que eso. Después de todo él no era un pandillero que subía con navaja a un microbús, hizo adaptaciones en su casa y decidió que seguiría adelante. Generó un sistema de video que le permitía observar a sus víctimas en todo momento, las paredes eran a prueba de ruido y la puerta era imposible de abrir sin una clave que cambiaba cada semana. Un sistema de ventilación permitía que el cuarto estuviera clausurado y sin ventanas. Al empleado de la tienda departamental que le dio instrucciones para realizar sus obras le dijo que era ingeniero de sonido y necesitaba un estudio nuevo. En ese momento tenía a Ana, cuando se aburriera sería muy sencillo desaparecerla, pero todavía lo excitaba, aunque las cosas estaban cambiando; a él lo movía el terror, el saberse poderoso, y Ana, al pasar de una posición de enorme miedo a la indiferencia resignada, sin saberlo estaba sellando su sentencia de muerte.

Entró y la halló desnuda, se resistía a ponerse la ropa que le había dado, lo miró desafiante y él perdió la calma, la abofeteó y salió muy perturbado del cuarto, no estaba excitado y debía ir a trabajar, se aseó y subió a su coche, en el camino pensaba en lo que pasaría si lo capturaban. Seguramente iría a dar a una cárcel de mala muerte donde sería brutalmente sodomizado, eso nunca; recordó las cápsulas de cianuro de potasio de los nazis que Hermann Göring llevaba consigo y que utilizó dos horas antes de su sentencia de horca en Núremberg, tenía una preparada en caso de problemas, pero sabía que nunca lo atraparían; la policía mexicana era corrupta y pendeja y él, un hombre que sabía lo que hacía, “la sobrevivencia del más apto” (recordaba esa frase y él sabía que era el más apto). Condujo cuidadosamente (era importante) y llegó a su trabajo cinco minutos antes de la hora.