Muy buenos días estimado Lector, gracias, muchas gracias por continuar prefiriendo este su Diario El Independiente.
Inicio esta columna comentando
a Usted: La sociedad actual, mas informada con mayor nivel de educación, recibe
los mensajes críticos del actuar de mujeres y hombres afiliados a los distintos
partidos políticos nacionales, cuya vida se desenvuelve en el difícil campo de
la actividad política y que, por tanto, tienen sus conductas a la vista de la
propia comunidad a la que deben servir en el ejercicio de la actividad que
pretenden desempeñar. Por tratarse de organizaciones que afilian libre e
individualmente a todos los ciudadanos, debe de entenderse que llevan a cabo
una acción política de elevadas finalidades y que como tal absolutamente todas
las acciones que realicen deben estar revestidas de los más elevados principios
de ética política.
Bajo este contexto: Si bien,
ese actuar debe responder a los principios éticos, (Hoy están olvidados) nunca
debe perderse de vista que son, las mujeres y hombres y no las instituciones
quienes violan con su inadecuada conducta, las reglas de la convivencia
civilizada, vulneran las virtudes que deben cumplir en su actuar público y con
sus conductas llegan al extremo de cometer delitos que dañan el cuerpo social
del que forman pate, y que en ocasiones se excede en su valoración externa de
los hechos que se atribuyen a los paridos más que a las mujeres y hombres, que
los cometen.
Los partidos políticos tienen
que garantizar que las mujeres y hombres que los componen no incurran en actos
que constituyan vicios reprobables y vulneren los principios de la ética
partidista. Hoy las mexicanas y los mexicanos requieren partidos que prevengan
cualquier acto de corrupción y que, sancione a quien lo cometa, por lo cual
tienen que presentar una administración transparente, que tenga la capacidad de
convencer a la sociedad que la organización política si proponga por la recta
actuación de sus integrantes.
En este sentido: La política
la constituye y esta elevada con acciones de búsqueda de las mejores
condiciones de vida que se estiman constituyen la justicia social y el
bienestar al pueblo mexicano. Las bases militantes de los diferentes partidos
políticos, demandan que sus dirigentes y candidatos, pero sobre todo sus
funcionarios y servidores públicos sean leales a los principios firmes en sus
convicciones ideológicas y respetuosos de la moral pública. Porque para volver
a otorgarle credibilidad y confianza a los partidos políticos, nuestra sociedad
les exige justipreciar las acciones de sus miembros sancionar a quienes han
actuado contra las más elementales reglas de la ética y la convivencia social.
El pueblo mexicano requiere
absolutamente que se pongan de acuerdo todos los partidos políticos nacionales
con el objetivo de privilegiar una buena política social que, combata la
pobreza pero que también genere capacidades y autonomía en cada mexicano, es
requisito indispensable para consolidar la democracia y avanzar hacia un
desarrollo compartido. Porque la política social se entiende que es el espejo
de la solidez de nuestras instituciones. Por ello transformarla en un auténtico
mecanismo de bienestar para la gente, es hoy, uno de los mayores desafíos de
los mexicanos. Ya que una política social de gran visión desencadenara
beneficios para el combate a la pobreza extrema, el fomento del crédito popular
y el reimpulso a mejores programas de alimentación.
Concluyo: Para que la
gobernabilidad sea eficaz, todos los actores políticos – partidos y gobiernos –
y los agentes de socialización – organizaciones ciudadanas- medios
informativos, sistema educativo, deben inducir entre la sociedad civil una
nueva pedagogía que le de a la democracia el carácter que realmente tiene.