• La pequeña sudcaliforniana Daylani enfrenta crisis epilépticas todos los días, te decimos cómo ayudarla a recibir tratamiento especializado.
Fotogalería
Comondú, Baja California Sur.
– A sus dos años de edad, Daylani ya ha enfrentado una batalla que pocos
podrían imaginar. Mientras otros niños descubren el mundo jugando, sonriendo y
pronunciando sus primeras palabras, ella vive bajo amenaza constante de sufrir
crisis epilépticas que pueden aparecer en cualquier momento del día.
Su historia comenzó apenas un
día antes de cumplir seis meses de vida. Lenika Esmeralda De Álvarez Leal
recuerda con precisión aquella primera señal de alarma. Su hija levantó los
brazos, echó los ojos hacia atrás y pareció ahogarse. En ese momento no supo
que estaba presenciando una convulsión.
“Yo pensaba que las
convulsiones eran cuando los niños brincan o tiembla todo su cuerpo. Las de
ella no son así”, relata para Diario El Independiente.
Después de múltiples consultas
médicas y estudios especializados, llegó un diagnóstico tan complejo como poco
frecuente: Daylani padece una encefalopatía epiléptica y del neurodesarrollo
tipo 100, una condición genética extremadamente rara asociada a epilepsia
refractaria, es decir, que no responde adecuadamente a los medicamentos
convencionales.
La rareza de la enfermedad es
tal que, según la información que ha recibido la familia, solamente existían 12
niños registrados con esta condición; dos de ellos fallecieron, por lo que
actualmente quedarían apenas 10 casos documentados.
La enfermedad ha transformado
por completo la vida de la pequeña y de sus padres, Lenika, de 27 años, y
Héctor Ernesto Zárate Hernández, de 30.
“Antes de las convulsiones
ella nos miraba, nos volteaba a ver, sonreía. Desde que llegaron las crisis ya
no ha habido una sonrisa”, cuenta su madre.
Esa ausencia de una sonrisa es
uno de los recuerdos que más le duelen.
Lenika conserva un video
grabado antes de que la enfermedad avanzara. Ahí aparece Daylani sonriendo y
observando a quienes la rodean. Hoy, explica, las crisis han ido arrebatándole
capacidades que antes tenía.
“Las convulsiones te van
quitando cosas. A ella le quitaron la vista. Mi mayor miedo es que se le olvide
cómo era su mamá”, relata.
Las crisis ocurren todos los
días.
Incluso durante la entrevista
telefónica con este medio, explicó que Daylani atravesaba una de ellas.
“Lo único que podemos hacer es
acompañarla. No le puedo dar ningún medicamento en ese momento, no puedo hacer
nada más”, explica su madre.
La familia ha recorrido un
largo camino en busca de respuestas. Han consultado neurólogos, especialistas y
hospitales. Actualmente la menor recibe atención con un neurólogo en la Ciudad
de México, lo que obliga a realizar viajes constantes desde Baja California
Sur.
Los gastos médicos, traslados,
estudios y tratamientos han consumido recursos que la familia ha logrado reunir
gracias al apoyo de familiares, amigos y habitantes de la comunidad.
Originarios de Puerto Adolfo
López Mateos, en el municipio de Comondú, sus padres tomaron la decisión de
mudarse a Ciudad Constitución, la cabecera municipal, debido a las emergencias
médicas frecuentes.
“La niña se pone mal a
cualquier hora de la noche. Vivir en el pueblo significaba tener que recorrer
más de una hora para llegar a un hospital”, explica Lenika.
Además de la epilepsia,
Daylani presenta múltiples alergias y otras complicaciones que dificultan aún
más su estado de salud.
·
¿Puede
mejorar Daylani?
La esperanza de la familia se
encuentra ahora en un dispositivo conocido como estimulador del nervio vago, un
tratamiento que funciona de manera similar a un marcapasos y que puede detectar
e interrumpir las crisis epilépticas antes de que ocurran.
No representa una cura para la
enfermedad, pero sí podría reducir significativamente las convulsiones que
afectan la vida diaria de la menor.
Sin embargo, existe un
obstáculo enorme: el costo. De acuerdo con la información proporcionada por los
especialistas a la familia, el procedimiento y el dispositivo tienen un valor
estimado de entre 950 mil y un millón de pesos. “Es la única opción que tenemos”,
afirma su madre.
Durante un año completo la
familia ha intentado reunir recursos para acceder al tratamiento, pero la meta
sigue siendo lejana. Por ello decidieron abrir una campaña de recaudación y
solicitar ayuda a la sociedad.
A través de rifas, venta de
comida, actividades comunitarias y aportaciones voluntarias, han logrado
sostener parte de los gastos médicos. Sin embargo, la magnitud de la cifra
requerida supera sus posibilidades.
“Somos unos papás desesperados
por la condición de nuestra hija”, reconoce Lenika.
Más allá del apoyo económico,
la familia pide algo más sencillo, pero igual de importante: que las personas
conozcan la historia de Daylani.
“No quiero que la vean
solamente como un diagnóstico más. Quiero que la vean como Daylani, como una
niña guerrera que sigue luchando todos los días”, expresa.
Porque detrás de los estudios
médicos, los nombres científicos y las estadísticas existe una pequeña
sudcaliforniana que continúa aferrándose a la vida.
Una niña de dos años que pelea
cada día contra una enfermedad extraordinariamente rara, mientras sus padres
hacen todo lo posible para devolverle algo tan simple y tan valioso como una
sonrisa.
·
¿Cómo
ayudar a Daylani?
La familia de Daylani mantiene
activa una campaña de recaudación para reunir los recursos necesarios que
permitan acceder al implante de un estimulador del nervio vago, tratamiento
especializado cuyo costo ronda entre los 950 mil y un millón de pesos.
Hasta el momento, la campaña
en GoFundMe registra 15 mil 213 pesos recaudados de una meta de 1.2 millones de
pesos, equivalente a aproximadamente el 2 por ciento del objetivo.
Las personas interesadas en
apoyar pueden hacerlo a través de la plataforma:
GoFundMe: https://gofund.me/e943d16cd
También es posible realizar
donaciones directas a la cuenta bancaria habilitada exclusivamente para los
gastos médicos de la menor:
Titular: Lenika Esmeralda de
Álvarez Leal
Banco: BanCoppel
Número de celular: 613 117
3177
Número de tarjeta: 4169 1614
9281 6730
La familia señaló que
cualquier aportación, por pequeña que sea, puede ayudar a cubrir consultas
especializadas, traslados a la Ciudad de México, estudios médicos y el
tratamiento que representa la principal esperanza para mejorar la calidad de
vida de Daylani.