• Era febrero, el periodo de mayor presencia de ballena gris en la zona. Observaron algunos lobos marinos y ballenas cerca de las redes; presuntamente uno de los lobos quedó atrapado en ellas, un hecho que coincide con un varamiento registrado días después.
La Paz, Baja
California Sur.- Un grupo de turistas atravesaba Bahía Magdalena, una bahía de
50 kilómetros en el norte de Baja California Sur (BCS). En su recorrido
observaron ballenas grises, delfines y lobos marinos, hasta que se encontraron
con cinco barcos industriales que echaban sus redes en forma de cercos al mar
para capturar sardinas y otros pelágicos menores.
Era febrero,
el periodo de mayor presencia de ballena gris en la zona. Observaron algunos
lobos marinos y ballenas cerca de las redes; presuntamente uno de los lobos
quedó atrapado en ellas, un hecho que coincide con un varamiento registrado
días después.
A diferencia
de otras islas, como Isla de Cedros, que integran el Área Natural Protegida Islas del
Pacífico de la Península de Baja California, Bahía
Magdalena solo tiene protegida la porción terrestre de sus islas e islotes pero
no su zona marina; por lo tanto, no existen restricciones para la pesca
industrial con cerco.
Incluso
prestadores de servicios turísticos han denunciado la presencia de barcos
pesqueros que usan redes de arrastre en la bahía, un arte de pesca prohibido
por la Norma Oficial Mexicana
NOM-002-SAG/PESC-2013 en todas las bahías, lagunas y esteros de México.
Lo que
debería ser un santuario para las especies, enfrenta la contradicción de ser,
al mismo tiempo, una zona estratégica para la pesca industrial.
Un ecosistema
clave sin protección marina
La Bahía
Magdalena es una zona rica en biodiversidad debido a sus manglares y su estero,
lo cual ha resultado atractivo para realizar ecoturismo. Las personas que la
visitan disfrutan de paseos por el manglar, de la pesca deportiva y del
avistamiento de aves migratorias y residentes, así como de ballena gris y
jorobada.
Con la
migración de la sardina a la bahía, también se ha aprovechado el avistamiento
de sus depredadores, como marlines, dorados, delfines y lobos marinos. Eso ha
atraído a un turismo internacional, de acuerdo con Mariel Bravo, instructora de
buceo y prestadora de servicios turísticos.
A pesar de
que la NOM-131 establece
que durante la actividad de observación de ballenas no se puede pescar, Lorena
Viloria, profesora investigadora e integrante del Programa de Investigación de
Mamíferos Marinos (Primma) de la Universidad Autónoma de Baja California Sur
(UABCS) apuntó que la norma no específica claramente a qué zonas aplica la
restricción.
“Las ballenas
hacen una migración de 12 mil kilómetros, llegan cansadas y se encuentran con
el ruido de motores de los barcos gigantes interfiriendo en su comunicación, y
pescando, quitándoles el alimento. Es preocupante, la verdad. Es mucha
presión”, señaló Jorge Rodríguez, fundador y director de operaciones del
proyecto ambiental Blue Bay Project en Bahía Magdalena.
De acuerdo
con datos
abiertos de la Conapesca, actualizados hasta diciembre de
2025, seis embarcaciones mayores cuentan con autorización para operar dentro de
la zona.
“El
archipiélago de Magdalena tiene la particularidad de que es únicamente
terrestre, o sea, no comprende la parte marina. Por lo tanto, toda la actividad
que tiene que ver con la extracción pesquera es competencia de la Comisión
Nacional de Pesca y Acuacultura (Conapesca)”, explicó Jesús Porras, director de
la Reserva de la Biosfera de las Islas del Pacífico de la Península de Baja
California.
Para los
prestadores de servicios turísticos, esta situación refleja una contradicción
entre la importancia ecológica de la zona y las actividades autorizadas en
ella.
“Bahía
Magdalena es un área crítica de descanso y de reproducción para la ballena gris
y no entendemos cómo es posible que se autoricen actividades de pesca
industrial tan invasivas en una zona que sería un santuario para las ballenas
grises. Es un ecosistema clave para la pesca ribereña y el turismo sostenible.
La pesca industrial es claramente una interacción negativa directa con la
megafauna”, denunció Bravo.
De acuerdo
con el monitoreo de ballena gris que realiza el Primma de la UABCS, la especie
atraviesa un momento preocupante a causa del cambio climático, y factores como
el turismo mal realizado que acosa a las ballenas y el ruido de las
embarcaciones ya sean turísticas o pesqueras, aumentan el estrés sobre la
especie.
Por ejemplo,
en 2026 no registraron una sola hembra con cría en el canal de López Mateos; en
2025 México rompió su récord con 97 ballenas muertas en sus costas, mientras
que de 500 ballenas fotoidentificadas, 170 estaban en una mala condición
corporal. Aunado a esto, también han registrado una disminución de presencia de
la especie en Bahía Magdalena ya que en 2025 fotoidentificaron mil 100
ballenas, y en 2026 solo registraron 700.
“Nunca antes
en la historia se habían registrado tantos varamientos, y si lo sumas con el
número de crías observadas durante los censos, es altamente preocupante porque
la única manera de que las poblaciones se hagan pequeñas es: sin crías y que
aumenten los muertos. Y justo pasan ambas cosas. Es un problema fuerte lo que
está viviendo la ballena gris”, explicó Viloria, quien es también coordinadora
del monitoreo de ballena gris en el complejo lagunar Bahía Magdalena, Bahía
Almejas y López Mateos.
Bravo añadió
que, aún cuando estas embarcaciones cuenten con la autorización de Conapesca
para operar, incurren en otras violaciones a la Ley General de Vida Silvestre y
a la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, ya que
generan disturbios a especies protegidas por la Norma Oficial Mexicana NOM-059.
Por estas
contradicciones, la comunidad de Bahía Magdalena, encabezada principalmente por
prestadores de servicios turísticos y organizaciones de la sociedad civil,
consideran necesario fortalecer la protección de la bahía y, de ser posible,
restringir la pesca industrial en la zona antes de que sea demasiado tarde.
¿Cómo
proteger Bahía Magdalena?
“Lo que más
preocupa es que la riqueza de la biodiversidad está en el mar, está en las
aguas y es algo que no está protegido. Donde está el problema o la amenaza a la
biodiversidad, es ahí donde se requiere la protección”, señaló Bravo.
Ante esta
situación, lo que propone es que haya una inspección de las actividades
pesqueras en la zona y que se realicen mesas de trabajo entre las diferentes
autoridades como Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales,
Administración Portuaria Integral, Conapesca y Conanp, con pescadores y
prestadores de servicios turísticos, para trabajar una propuesta que proteja la
bahía, incorpore a la pesca ribereña y establezca restricciones a la pesca
industrial.
“Creo que lo
mejor sería hacer un acuerdo comunitario para solicitar la creación de un Área
Natural Protegida bajo el esquema de reserva marina que proteja la laguna y una
franja de 20 millas de las islas hacia fuera. Eso haría que el área se
recuperara y que si hay actividades de pesca industrial fueran más reguladas,
más limitadas y hubiera menos barcos en una franja tan importante”, señaló
Bravo.
En caso de
que no sea posible crear una reserva marina, Bravo propone que por lo menos la
Conapesca no otorgue más permisos de pesca industrial en la zona o la restrinja
durante la temporada de ballenas (de enero a abril).
“Conapesca
debería restringir los permisos de pesca en época de ballenas y definitivamente
que dejen de dar permisos por tantos años si no tienen un estudio justificativo
que permita saber si las poblaciones de sardinas, camarones o atunes son
estables y si garantizan ser sostenibles. Propondría una mesa de trabajo para
la restricción de los permisos en temporada de ballenas, ese podría ser un
primer paso”, señaló Bravo.
Por su parte,
Porras de Conanp enfatizó que la propuesta debe venir de un consenso
comunitario, y de su lado están en la disposición de apoyar, ya que su
principal labor es construir instrumentos que ayuden a conservar el patrimonio
natural, y las áreas naturales protegidas.
“Es
importante defender la biodiversidad porque aquí nos da para comer a todos,
desde el pescador ribereño hasta el prestador de servicios turísticos hasta la
persona que trabaja en una planta de procesamiento de pescado. Este mar nos
sostiene y es la base del alimento de cada día de muchas familias. Es
importante no ser tan depredadores”, concluyó Rodríguez.
*Este
artículo se publicó originalmente en Causa
Natura Media.