Diario El Independiente
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Hoy es sábado, 13 de junio de 2026

En privado

• Elefante Blanco.


 

 

Aunque a muchos no les guste mi tema de hoy, deberán aceptarlo, porque desde mi punto de vista, lo que escribo es una gran verdad.

 

Así es y aquí lo narraré.

 

Iniciaré diciendo que desde su nacimiento, y hasta la fecha, es decir desde hace más de 45 años, el mal llamado Mercado de los Pescadores en La Paz, ha sido visto, y además considerado como solamente un elefante blanco.

 

Ciertamente, y hay que decirlo, las intenciones del gobernador del estado en esa época, Ángel César Mendoza Arámburo, al ordenar la construcción de ese inmueble, seguramente fueron buenas.

 

De ello no me cabe la menor duda, porque si ha habido un gobernador de gran corazón y querido por todos, lo fue Ángel César.

 

Y si digo que fueron buenas sus intenciones, es porque indudablemente con esa determinación lo único que pretendía era que los productos del mar alcanzaran un precio más bajo para todos.

 

Por tanto, creo que con ello lo que se buscaba era fundamentalmente coadyuvar en la economía de las familias que menos tienen.

 

Sin embargo, --también hay que decirlo-- para todos los paceños de aquellos años, luego de saber la noticia del destino del predio, se antojaba como ilógico la existencia de un expendio de pescados y mariscos justamente en el malecón.

 

¿Por qué...?

 

Porque cualquier familia de las colonias más alejadas, debería o gastar una buena cantidad de gasolina para su auto, o en su defecto, tenía que pagar transporte para poder llegar al mercado de los pescadores.

 

Entonces, como vulgarmente se dice, a dichas familias de escasos recursos económicos, les saldría más caro el caldo que los frijoles.

 

Y estoy seguro que fue a partir de ahí, cuando las autoridades que ordenaron esa obra, se detuvieron un momento para analizar bien la situación y se dieron cuenta de su grandísimo error.

 

Pero ya era demasiado tarde para corregirlo.

 

Demasiado tarde porque para esas alturas, ya el gobierno había invertido un dineral, tanto en el emparejado del terreno, como en arquitectos, ingenieros, albañiles y en material, para la construcción de esa obra.

 

Efectivamente, dicho local una vez que fuera concluído, presumiblemente habría de tener la sana intención de que fungiera como un punto de venta directa para los pescadores ribereños.

 

Explicado con mayor claridad, ellos, es decir los trabajadores del mar locales, tambien se verían beneficiados al contar con un local ahí, justamente en la playa.

 

Y así, al tener un local propio, ya no andarían de la seca a la meca para vender sus productos como lo hacían en esa época.

 

Pero la realidad es que, de acuerdo a la información gubernamental, en archivos no existe un registro público y oficial claro, sobre el ingeniero, arquitecto, o la constructora específica a cargo de la obra.

 

El caso más correcto es que desde su edificación, es decir desde el año de 1980, el multicitado inmueble ha permanecido en el más completo abandono, y por consecuencia jamás ha operado formalmente.

 

En síntesis, lo que es una realidad y qué bueno, es que ese lugar mejor conocido como “El Terraplén”, que se ubica poco más allá de El Molinito, ya no seguirá dando mal aspecto para locales y visitantes.

Qué bueno que ese sucio y descuidado predio, ya no va ser el mingitorio ni el excusado de los borrachines.

 

Y qué bueno que tampoco volverá a ser el refugio de malvivientes como lo ha sido hasta ahora.

 

Luego entonces es plausible la determinación del gobernador Víctor Manuel Castro Cosío, de transformar el lugar.

 

Y es plausible porque en estos momentos el gobierno de Baja California Sur se encuentra en un proceso legal para recuperar y expropiar el predio, lo que deja entrever que seguramente fue vendido por un mal anterior gobierno.

 

En fin, lo cierto es que buscarán expropiarlo con la intención de demoler la estructura y convertir el área en un parque público recreativo.

 

Una deferencia que seguramente las familias sudcalifornianas lo habrán de agradecer profundamente.

 

Más aún al paso de algunos meses.

 

Es decir, cuando vean la realidad con la transformación del lugar y acudan a divertirse con sus hijos y sus nietos.

 

Cuestión de tiempo.