• Familias enfrentan incertidumbre al señalar dificultades para cubrir terapias y gastos esenciales.
San
José del Cabo, Baja California Sur.- Familias con integrantes dentro del
Espectro Autista en Baja California Sur (BCS) enfrentan un panorama de
incertidumbre ante modificaciones en los criterios de evaluación de la
Secretaría del Bienestar, situación que podría dejarlas fuera de apoyos
económicos fundamentales para su vida diaria.
El
cambio en el instrumento de medición —un cuestionario internacional conocido
como “Washington”— ha encendido las alertas, ya que su enfoque en limitaciones
físicas y cognitivas visibles no contempla aspectos clave del autismo, como las
barreras sensoriales, de interacción social y comunicación.
Sin
embargo, más allá del ajuste técnico, el impacto ya se refleja en la vida
cotidiana de las familias. Melissa Álvarez, madre soltera de un menor con
autismo grado uno, explica que, aunque su hijo ha mostrado avances, requiere
acompañamiento constante para mantener su desarrollo. Hasta ahora, el apoyo
económico le permitía cubrir parte de los gastos terapéuticos, pero con los
nuevos criterios su hijo podría quedar excluido.
Cada
mes, Melissa enfrenta gastos cercanos a los 2 mil 800 pesos solo en terapias en
el CRIT, donde su hijo recibe atención psicológica, física y sensorial. A esto
se suman costos de traslado y la necesidad de pagar una maestra sombra,
servicio indispensable para que su hijo pueda asistir a la escuela, con un
costo aproximado de mil 200 pesos semanales.
La
posible pérdida de este apoyo no solo compromete la continuidad de las
terapias, sino también la estabilidad económica del hogar. Este caso no es
aislado. De acuerdo con testimonios recabados por Diario El Independiente, al
menos tres familias en el municipio ya atravesaron este proceso y han sido
advertidas durante la aplicación del cuestionario que solo personas con autismo
de grado 2 o superior podrían acceder al apoyo.
La
situación evidencia una problemática estructural: la falta de políticas
públicas integrales que reconozcan la diversidad del espectro autista y
garanticen tanto sus derechos como condiciones dignas para su desarrollo.
En
este contexto, la Asociación para la Educación, Terapia, Empoderamiento y Apoyo
para Autistas (ALETEEA) ha manifestado su preocupación ante el riesgo de
exclusión que enfrentan estas personas.
Su
fundadora, Esperanza Ibarra, advirtió que el nuevo modelo de evaluación no
logra captar la realidad del autismo:
“El
problema es que muchos de nosotros como personas autistas podemos movernos,
podemos oír, ver, pero no se ven reflejados otros aspectos que sí representan
barreras, como el tema sensorial, la interacción social o la comunicación”.
Aunque autoridades de Bienestar le señalaron a la
asociación que los cambios responden a procesos de auditoría y buscan mayor
transparencia en la asignación de recursos, la activista sostiene que, en la
práctica, el nuevo esquema está dejando fuera a personas que internacionalmente
son reconocidas como parte de la población con discapacidad permanente.
Ibarra subrayó que el apoyo económico —de
aproximadamente 3 mil 500 pesos mensuales— es esencial para cubrir necesidades
básicas, especialmente en un sector donde los costos son elevados y las
oportunidades laborales limitadas, no sólo para las personas autistas, sino
para las familias y cuidadores.
“Los
gastos son elevadísimos. El 30% de los autistas son no verbales. Una barrera de
comunicación es determinante para que puedan desarrollar su vida de forma
digna… sin este recurso no hay acceso a medicamentos o a su propia
manutención”, expresó.
Ante
este escenario, la asociación hizo un llamado a las autoridades para revisar y
actualizar los criterios de evaluación, con el fin de garantizar que las
personas dentro del espectro autista sean reconocidas e incluidas en los
programas de apoyo social.