• Familia duda del suicidio porque 3 días antes de su muerte, su padre había hablado con él.
Fotogalería
Estado de México. - El cuerpo
de Royer Pérez Jiménez fue entregado a sus padres Manuel y Pascuala, este
jueves alrededor de las 8 de la mañana, en una caja de metal. Les entregaron
también un acta de defunción expedida por el Estado de Florida, Estados Unidos,
con fecha del 20 de marzo pasado, es decir, 4 días después de la muerte del
joven de 19 años.
El documento dice que murió en
la cárcel del Condado de Glases, a causa de “SUICIDIO”, y como causa de muerte
sostiene “COLGADO”. No les explicaron más.
Royer Pérez Jiménez, según el
testimonio de padre Manuel, migró de la comunidad Paraje Noctic, San Juan
Chamula, Chiapas, en 2022, a los 16 años. Llegó a Estados Unidos, tuvo diversos
trabajos,’ el más reciente en un restaurante en Orlando, Florida.
El pasado 22 de enero, al
terminar su turno laboral, iba caminando por la calle con compañeros de trabajo
cuando los detuvo una patrulla. Les pidió una identificación y luego los
oficiales los acusaron de “suplantación de identidad”. Asustados por la inminente
detención, corrieron, fueron alcanzados. Los uniformados les añadieron el cargo
de “negarse a la autoridad”.
A partir de entonces Royer
enfrentó el proceso legal. Su padre explica que, desde ese día a la fecha, fue
remitido a dos centros de detención, antes de ser enviado al más reciente, en
el Condado de Glases.
La última vez que Manuel habló
con su hijo Royer fue el 13 marzo, tras una audiencia. El joven migrante le
contó a su padre que lo único que entendió de la misma, era que le habían
quitado al defensor de oficio y que, al día siguiente, el sábado 14, iba firmar
su deportación.
El lunes 16 recibió una nueva
llamada de la cárcel. Le dijeron -desconoce quién- que su hijo se había
suicidado a las 2 de la mañana de ese mismo día, y que necesitaba
entregar 8 mil dólares para que le enviaran su cuerpo de regreso.
El Paraje Noctic da muestra de
la gran cantidad de migrantes que han salido de ahí. Lo que antes era un lugar
con casas de madera y barro, ahora cuenta con viviendas de concreto y pisos de
cemento, todas construidas recientemente, algunas aún en construcción.
La vivienda de Royer y sus
padres no es la excepción, consta de dos cuartos donde la puntura de las
paredes se ve reciente; lo único que queda de antes de su partida, es una
cocina de tablas y fogón de leña. La casa fue construida con las remesas que él
enviaba, las que también sirvieron para sostener a sus cuatro hermanos menores.
Sus padres trabajan en el
campo, son monolingües, solo hablan tsotsil, el idioma de los indígenas
de Los Altos de Chiapas. Quizá fue por eso que Manuel no pudo
cuestionar desde un inicio la causa de muerte de su hijo, su urgencia era conseguir
los 8 mil dólares para el traslado del cuerpo.
Pidió donaciones a través de
redes sociales, entonces es que se supo que Royer era uno de los 14 migrantes
que han muerto bajo custodia del ICE. Las causas del fallecimiento le
parecieron poco creíbles a la familia.
“No es un muchacho que se haya
acercado a sustancias (drogas), que consumiera bebidas alcohólicas. De ahí es
esa cuestión de que exista esa incertidumbre de que haya sido suicidio. Por
qué, porque es un muchacho trabajador. La persona con la que estaba trabajando
en los Estados Unidos reitera también esa parte de que es un muchacho
trabajador (…) precisamente por eso existe esa duda de que hay sido suicidio.
No es susceptible a que se incline a hacer tal hecho”, insiste su tío.
Otros vecinos también hablan
de “lo juicioso” que era, de su buena conducta y calificaciones.
Hasta el momento ninguna
autoridad les proporcionó apoyo para trasladar el cuerpo. Fue el dueño del
restaurante donde Royer trabajaba, quien, en agradecimiento por su trabajo,
pagó los gastos del traslado del cuerpo.
Autoridades tampoco se han
acercado a la familia para dar seguimiento al caso o para impulsar una
investigación por la muerte del joven. Fue el papá quien acudió a las
autoridades municipales, del Estado y finalmente a las oficinas locales de la
Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE).
“No nos dieron los datos de la
necropsia, no tenemos ninguna prueba que demuestre que él de suicidó; de ahí la
incertidumbre. Por eso pedimos que se esclarezca cual fue la causa de la
muerte”, detalló el tío de Royer, mientras muestra el certificado de muerte,
emitido 4 días después de su muerte, otra incongruencia en este caso.
El cuerpo de Royer llegó esta
mañana al domicilio donde nació. Fue entregado por una empresa funeraria. Iba
en una caja de metal. La familia y la comunidad consiguieron otro ataúd, uno de
madera.
De acuerdo con las creencias
de su comunidad, Royer debe ser enterrado en ataúd de madera, debe ser vestido
según la usanza indígena, con su traje típico, hecho con manta. Porque ya no
contaba con él, hombres de la comunidad se pusieron a elaborarlo: unos
huaraches, una bolsa donde guardan las semillas durante la siembra, un
sombrero, un mecapal para cargar la madera que traen de las montañas.
Estos días celebrarán los
rituales de despedida, en el centro de la casa construida con las remesas
enviadas por Royer, colocaron el cuerpo, bajo una cruz verde típica de San Juan
Chamula.
Muchos jóvenes, futuros
migrantes por lo que ellos mismos cuentan, acudieron a los rituales de
despedida. La muerte de Royer no los detiene, pero se ven pensativos. Dicen
-entre bromas- que hay que cuidar que “la policía gringa no nos atrape”, temen
que, si eso sucede, regresen en un ataúd.