• Casi cuatro de cada diez empresas no están preparadas para aplicar la reducción de la jornada laboral de forma gradual
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Estado de México. - Las
empresas mexicanas llegan conscientes, pero todavía poco preparadas, a la
transición hacia la jornada de 40 horas, con el costo de adaptación como su
principal freno, según un estudio de la firma de servicios
profesionales EY México presentado este miércoles.
Durante su presentación vía
remota, la firma reportó que, de una encuesta aplicada a 165 organizaciones de
distintos sectores del país, casi cuatro de cada diez no están preparadas para
el cambio, mientras el 44 % siguen en fase de reflexión y solo cerca del 27 %
ya han comenzado a actuar.
“Hay mucho conocimiento, o sea, están alertas,
están informados, pero hay poca acción”, resumió Luis Peña, socio líder de
People Advisory Services de EY México, al explicar que el debate ya no está en
si la reducción de jornada ocurrirá, sino en cómo implementarla.
La reforma constitucional fue
publicada el 3 de marzo de 2026 y establece una reducción gradual de la
jornada: 48 horas en 2026, 46 en 2027, 44 en 2028, 42 en 2029 y 40 en
2030, sin disminución de salarios o prestaciones.
La misma reforma dispuso que
el trabajo extraordinario no podrá exceder de 12 horas por semana,
distribuibles en hasta cuatro horas diarias en un máximo de cuatro días, y prohibió
ese tipo de labor a personas menores de 18 años.
En este sentido, el estudio
añade que el 71 % de las empresas encuestadas opera con tiempo extraordinario
de manera constante, lo que revela que, para muchas, el reto no será solo pasar
de 48 a 40 horas, sino ajustar esquemas reales de operación que hoy
superan incluso el límite legal vigente.
Además, el estudio reflejó que
“sin transición, puede aumentar la presión operativa y financiera” para las
empresas, ya que “reducir la jornada sin corregir esta dependencia puede
presionar el margen”.
Otra presión legal sobre las
empresas radica, según EY, en cómo se armonizarán esos límites con
la Ley Federal del Trabajo y demás leyes secundarias sobre
el Seguro Social, así como los controles que deberán aplicarse para medir la
jornada efectiva.
Desde la óptica laboral,
la firma añadió que las empresas no solo tendrán que revisar turnos, sino
adecuar contratos individuales, reglamentos internos y políticas de tiempo
extraordinario, además de prever negociaciones con sindicatos y la forma en que
comunicarán los cambios a sus trabajadores.
Uno de los focos sensibles,
advirtió EY, es que en algunos sectores hay pagos extraordinarios que
en la práctica se han vuelto habituales, por lo que cualquier modificación
podría generar exigencias de compensación y nuevos litigios si no existe
congruencia entre la operación real y la documentación laboral.
Aparte, se identificó el costo
potencial de esta transición como la principal barrera, pues el 85 % de las
compañías teme el impacto presupuestal; 60 % ve falta de información; 55 % teme
una caída en productividad, y 40 % anticipa dificultades vinculadas con
sindicatos.
Frente a ello, la consultora
sostuvo que las empresas que sí avanzan no están limitando su respuesta al
cumplimiento regulatorio, sino que están usando la reforma para revisar su
operación, negociar preventivamente y rediseñar procesos.
Ese grupo, añadió, ha
observado mejores resultados en retención, productividad, atracción de talento
y satisfacción laboral.