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Hoy es sábado, 16 de enero de 2021

En privado

• Rubén Muñoz • Al filo de la navaja.


En al menos un par de ocasiones le habíamos advertido que no podría contra aquel viejo lobo de la izquierda llamado Víctor Castro Cosío. Pero en ese entonces pudo más la cerrazón, la terquedad y la soberbia de El Mentirillas, quien pretendió minimizar al maestro, y sin medir consecuencias le lanzó un reto.

Así fue. Lo retó abiertamente desde mediados de octubre de 2019 cuando en un arranque de prepotencia, y en claro contubernio con Leonel Cota, Rubén Muñoz hizo aquel despido masivo de  funcionarias y funcionarios de la administración municipal que preside. Marcando así un fuerte distanciamiento con Víctor Castro Cosió, entonces delegado de Bienestar.

En efecto, esto sucedió  por aquellos tiempos cuando apenas acababa de pasar el proceso de elección de consejeros de Morena. Y esa vez, sin mediar palabras ni medir consecuencias y sin pretender ver más allá de sus narices,  Rubén Muñoz en  su calidad de alcalde procedió al cese fulminante de una parte de su personal administrativo.

Y lo hizo porque sabía que toda esa gente simpatizaba con el proyecto político  futurista de Víctor Castro Cosío. Que dicho sea de paso, le dije entonces que cometía un gran error y que lo más correcto e inteligente hubiese sido intercambiar impresiones y negociar con el Profe. Pero prefirió escuchar las recomendaciones de Leonel Cota y actuar en consecuencia, sin importar con lo que topara.

Fueron entonces un total de nueve personas: cinco mujeres y cuatro hombres a los que simplemente corrió de la administración municipal. Fue en efecto un torpeza. Pues lo hizo sin darles una coherente  explicación. Aunque para el alcalde, ese despido de personal tuvo una exculpación, sin sustento y fuera de las formas de la política cuando solamente se concretó a decir que se trataba, según él, de: “el firme objetivo de ofrecerle a la ciudadanía mejores resultados”. ¡Por supuesto que una gran estupidez!

Y tomando en cuenta que toda acción tiene una reacción, inmediamente después vendrían otros procedimientos, como aquel donde se interpuso una formal solicitud de expulsión del partido MORENA de Rubén Gregorio Muñoz Álvarez. La cual se hizo ante la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia del propio partido, iniciándose entonces un procedimiento sancionador ante esa instancia de justicia partidaria interna.

Es más, en una parte de ese documento que obra en mi poder, David Moyrón Quiroz, quien habría de ser comisionado por sus demás compañeras y compañeros para interponer la solicitud de expulsión, deja claramente establecido: “los militantes auténticos del partido  MORENA no debemos permitir el atropello de nuestros derechos, mucho menos el haber llevado al poder a personas que nunca asumieron con honorabilidad las causas de nuestro movimiento y que solo se sumaron a este en 2018 para saciar sus intereses personalísimos como es el caso de Rubén Muñoz y demás socios”.

“Confiamos en la Comisión de Honestidad y Justicia del partido que fundamos y militamos, y en la verticalidad de su presidente Héctor Díaz-Polanco para recibir un trato justo en esta solicitud y totalmente apegado a las normas jurídicas que rigen nuestro sistema de partidos”, dice otra parte del documento, que añade: “nosotros creemos que nos asiste la razón y que además hay pruebas y hechos notorios del comportamiento totalmente ajeno a los postulados de MORENA del alcalde Rubén Gregorio Muñoz Álvarez”.

Por cierto que en ese entonces, Rubén Muñoz se concretó a decirse respetuoso de quienes exigen su expulsión, a lo cual astutamente solo se concretó a decir: “están ejerciendo un derecho que tienen los compañeros. Para mí es muy respetable, son diferencias que van al orden de los políticos y tenemos que dejarlos”.

En síntesis, habría sido un craso error cuando de antemano sabía perfectamente que Víctor Castro Cosío, ya sembraba en grandes extensiones de terrenos de la izquierda mientras entonaba canciones de protesta, en tanto que El Mentirillas, apenas dormía plácidamente en su cuna al son de canciones priistas.

Por supuesto que a quienes conocemos a este personaje no nos extrañan esos tumbos y bandazos que acostumbra dar a diestra y siniestra pues la realidad es que existen actores como el caso de Rubén Muñoz, que están muy acostumbrados construir redes de perversidades aun cuando al final de cuentas se enredan en ellas y después no encuentran la salida.

Hoy las pruebas saltan a la vista cuando de nada le valieron los pataleos y berrinches,  y a estas alturas solamente se concreta a decir: “tras la decisión de Morena donde no fui favorecido, habré de seguir al frente de la alcaldía de La Paz, un gran compromiso que la ciudadanía me brindó y que seguiremos honrando… agradezco a quienes nos brindaron su apoyo y confianza, pero en esta ocasión no fuimos los elegidos para esta coordinación, pero seguiremos en Morena, como fiel soldado de la cuarta transformación que encabeza Andrés Manuel López Obrador”.

Y finalmente lo le queda otra alternativa que aceptar: “por supuesto que estaremos trabajando con Víctor Castro”.

Luego entonces,  cuando se siente al filo de la navaja Rubén debe saber que la traición envilece a quien la practica y lesiona a quien la recibe, y que para lograr la reconciliación, debe tejer muy finito y dejar de escuchar los cantos de las sirenas.

Y es que Víctor Castro Cosío podrá ser bonachón y dicharachero, pero no idiota y olvidadizo como para olvidar una afrenta como aquella.

Cuestión de tiempo.