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Hoy es viernes, 18 de septiembre de 2020

En privado

• AMLO—Empresarios


Si tomamos como principio que México es el segundo país con más millonarios en América Latina sólo detrás de Brasil,  que cuenta con al menos medio centenar de personas con más de 500 millones de dólares, que se contabilizan cerca de 4 mil personas entre las más millonarias del planeta y que de acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en nuestro país existen 5 millones 53 mil 130 negocios, habríamos de coincidir en que esa ríspida relación que existía entre las cúpulas empresariales y el actual presidente de México, demandaba de un acercamiento desde hace tiempo.

 

Aceptamos que efectivamente, desde aquellos procesos de campañas electorales Andrés Manuel López Obrador pudo recibir agravios y descalificaciones. Cuyos ataques, tal vez provenían de magnates. Pero  ya después, una vez ungido con la banda presidencial, AMLO debió inmediatamente tomar en cuenta que una de las tareas más ambiciosas que se veía venir para su gobierno, era precisamente conciliar con los ricos. Más aún porque el hacerlo, seria por el bien del país y del pueblo.

 

Es decir, escuchar el canto de las sirenas que le revoloteaban por encima de su cabeza, nunca fueron buenos cantos ni para el presidente ni para los mexicanos. Mucho menos en aquellos tiempos en que AMLO se refirió al sector empresarial como una “minoría rapaz”. Y que supuestamente para él, los empresarios “sólo tienen como objetivo la obtención de utilidades”.

Lo cual no es correcto. Porque, de cualquier manera, tal como lo esgrimen los Jóvenes Empresarios por México integrantes de la JEMAC, (es una asociación civil sin fines de lucro que nació como una iniciativa de empresarios jóvenes), sobre el particular, Andrés Rodríguez, director ejecutivo de JEMAC explica, "Nuestra misión es crear empresas y generar empleos para jóvenes mexicanos en lo que son MIPyME”.

 

Luego entonces, si a ese distanciamiento Gobierno-Empresarios, le sumamos hoy el grave problema del Covid 19,  después del gran terremoto que ha representado la transición en México, habríamos de observar una economía paralizante y si se quiere, agonizante. Y con ello la cultura emprendedora llegaría a una cruel extinción, con resultados  muy dolorosos para todos los mexicanos.

 

Por eso, para el bien del país y de todos los mexicanos, era ya urgente un proceso de cambio en la mentalidad del presidente. Y dejar de lado los denuestos, las descalificaciones, los enconos, para dar paso a los acuerdos y a la reconciliación con los hombres del dinero.

 

Y no era para menos, cuando --por su gran peso específico-- las cúpulas empresariales son  actores importantes del debate político en México, y serán siempre pilares fundamentales de la economía nacional. Por ende no dejaran de ser motores indispensables para impulsar el desarrollo en nuestro país.

 

Por tanto, era necesario e indispensable dejar atrás los descalificativos, la desconfianza y el antagonismo, --de ambas partes-- y a cambio de ello dar una muestra de voluntad política. Más aun ante las condiciones de pandemia por la que atravesamos y cuando la gran mayoría transitamos sin rumbo, sin  certeza y una venda en los ojos que no nos permite ver la luz al otro lado del túnel.

 

Hoy, con esa –histórica-- reunión sostenida por el presidente con los hombres de negocios en México, nos deja una visión más clara sobre la apertura de un nuevo panorama dentro de un ambiente de mayor certeza y confianza dentro de la agenda nacional para iniciar una nueva proyección financiera  con diversificación de mercados, con impacto regional y mayor inversión.

 

Sin embargo, será sumamente fundamental que el gobierno de México, tras contar con el respaldo de los grandes empresarios no olvide a los más jodidos en estos momentos. Los Micro, las PYMES, los negocios familiares, los ciudadanos emprendedores; pues son ellos quienes por décadas también han contribuido a la generación de empleos y el fortalecimiento de los mercados.

 

Porque los pequeños empresarios son quienes necesitan del apoyo gubernamental. Porque son ahora ellos quienes conducen sus embarcaciones por aguas turbulentas y navegan sin rumbo seguro. Y ellos también constituyen una preocupación dentro de esa agenda de Transformación.

 

Fue el 28 julio la fecha de esa reunión histórica a la que hago referencia donde  el presidente Andrés Manuel López Obrador dio a conocer que se reunió en Palacio Nacional, con un grupo de empresarios, encabezados por Antonio del Valle, presidente del Consejo Mexicano de Negocios.

 

A través de su cuenta de Twitter, el mandatario subió una foto de la reunión, en la cual aseveró que intercambió opiniones sobre la crisis económica propiciada por el coronavirus con ellos, además de señalar que hay voluntad para sumar esfuerzos, recursos y salir adelante: “Intercambié opiniones sobre la crisis económica precipitada y el #COVID19 con un grupo de empresarios encabezado por Antonio del Valle. Hay voluntad para sumar esfuerzos, recursos y salir adelante”, escribió el 29 julio 2020.     

 

En la foto se observa la presencia de Carlos Slim Dommit, presidente del Consejo de Administración de Telmex e hijo de Carlos Slim; la de Alejandro Ramírez, CEO de Cinépolis; Eduardo Tricio, presidente del Consejo de Administración de Grupo Lala, Blanca Treviño, CEO de Softtek y actual vicepresidenta del CMN, entre otros 10 empresarios.

 

Luego entonces, no es tarde.

 

Y qué bien, porque  apenas en abril pasado, el Consejo Mexicano de Negocios se vio envuelto en una polémica con el presidente López Obrador tras la firma de un acuerdo por 12,000 millones de dólares con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), con el cual se otorgarían créditos a pequeñas y medianas empresas. En ese entonces, AMLO afirmó que en dicho trato veía un riesgo de corrupción, además de advertir que esos créditos, si no se pagan, pueden pasar a ser deuda pública.

 

Es pues el inicio de una franca reconciliación. Porque el binomio gobierno-empresarios es detonante de beneficios mutuos. Los empresarios necesitan del gobierno y el gobierno de los empresarios, por lo que ambos son factores importantes en las políticas públicas que habrán de transformarse en acciones de gobierno.

 

 Cuestión de tiempo.