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Gran tribuna - viernes 19 junio 2020


• Con cariño a todos los padres del mundo les deseo mil felicidades y les comparto un momento que viví con el mío • El segundo día del periplo fue bañarnos en el río Nazas • Conversiones con el diablo

Lo vi. Esa expresión de su rostro, jamás se me olvidará. Alegre, feliz, contento. Mi padre Francisco Chávez Villalba, sentado, pegado a la ventanilla de ese avión DC9 de Aeroméxico. Sus ojos escaneaban las nubes blancas. Las observaba con detenimiento. Gozaba el espectáculo. Y yo, disfrutaba su compañía.

 

Era el jueves siete de Julio de 1977. Y retornábamos al estado. Fue el único viaje juntos. Un viaje con amor y con la satisfacción compartida de haber retornado al terruño original: Durango.

 

La misma tierra que habíamos dejado el jueves 20 de agosto de 1964. Ambos veníamos satisfechos.

 

En ese momento y como corolario la aeromoza nos sirve los alimentos. Antes de comer - mi padre- da un trago largo a su cerveza. Y expresa” volar sobre las nubes, es algo que nunca me imaginé” Y le contesto - ni yo. Es cosa de Dios” después sonríe.

 

Ese viaje nació en la víspera prolongada. Ahorros que fui haciendo en mi trabajo de reportero en El Tiempo de La Paz. Abrí una cuenta en Bancomer donde era gerente mi amigo eterno Juan Manuel Castro Ojeda.

 

Y dice el dicho de que en grano en grano llena la gallina el buche, pronto estuve en posibilidades de invitar a mi padre. Se resistió. No concebía un viaje así: en avión, de toda una quincena. Y pagadero por su hijo. Y al fin acepto.

 

Los boletos me los vendió el gerente de la empresa don Eduardo Pickett. Y ahí vamos.

 

Desde que fui por el a San Carlos empezaron los pleitos. O mejor dicho desencuentros que serían una constante en el viaje. No le gustaba que lo apurara. “Hay tiempo” me decía.

 

Salimos a las seis de la mañana en el vuelo de Aeroméxico directo a Durango. Y por ende llegamos temprano. Y a desayunar al Socavón. El mismo restaurante ubicado al costado de Catedral, donde me llevo de niño a comprar manzanas con miel.

 

Degustamos chile pasado, gorditas de horno. Y frijoles refritos. Del desayuno caminamos por el parque. Y a regañadientes acepto irnos a la terminal de autobuses para seguir nuestro viaje a Santa Bárbara.

 

A bordo de un Ómnibus al filo de las tres de la tarde llegamos a casa de mi Ma Rosa, mi abuela. Ahí presencié una escena de amor. El reencuentro de una madre y un hijo. Un abrazo después de largos años de ausencia.

 

·         El segundo día del periplo fue bañarnos en el río Nazas

En una extensa olla de agua en el cauce del Río, cristalino, limpio el entorno. Una alberca para nosotros.

 

Pasaron las horas, aderezadas con una charla sin final. A las cuatro horas el cielo se ennegreció, se encapota y empiezan rayos y truenos muy cerca.

 

Vámonos Papá, puede caernos un rayo. No. No, pasa nada. Terco, no da señales en salir. Cae otro trueno. Trooomp, lo siento a mis espaldas. Y otra vez “vámonos Papá. No, estoy muy agusto. Es más esos truenos son en la sierra. Se niega. Y Trooomp. Otro y ya no aguanto. Me salgo y a correr. Tras de mí la carcajada.

 

Llegó asustado con mi abuela. Me ve y pregunta ¿ y su padre? No se quiso venir. Con eso tuvo para gritarme “No sea culichi. No tenga miedo a los truenos. Y regrese por su padre. Me lo trae. Ándele, cuélele”

 

Atrás los filders… Y ahí voy de retache. Ahora con los truenos y relámpagos más insistentes. El pavor no me suelta. Y lo veo. Ya de pie. Y listo para el regreso.

 

Los días siguientes inolvidables. Mi Ma Rosa nos cocinaba con esmero y variado. Chiles rellenos, chúales, torrejas, pipián, caldillo. Pinole. Jocoque. Y el platillo de platillos carne con chile. Era una comedera espléndida.

 

El fin llegó. Otra vez de madrugada como había sucedido cuando esa fría mañana de Agosto de 1964 dejamos ese terruño para llegar a un nuevo hogar: la California milenaria.

 

Otra vez al camino. Al aeropuerto. Otra vez como cuando era niño, abrazado fuerte de mi padre, en ese autobús. Otra vez con mi ilusión de tenerlo siempre conmigo. Otra vez como hoy que lo siento muy cerca. En un viaje por esas blancas nubes.

 

·         Conversaciones con el diablo

Anoche otra vez y con mucho énfasis el gobernador Carlos Mendoza, en un mensaje por el cyber espacio nos llamó a cuidarnos. A usar correctamente el cubre bocas. Y evitar salir en este Día del padre “Ya habrá tiempo para festejar juntos” Emotivo y claro. Hay que hacer caso...Con mucho dolor compartimos el sensible fallecimiento del señor Manuel Rojas Murillo. Por este lamentable acontecimiento le deseamos a nuestro amigo José Manuel Rojas Aguilar un abrazo fraternol. Y pedimos al creador que le de pronto restablecimiento.., Cuando alguien que amamos, parte de este mundo, no podemos evitar la tristeza, pero tenemos la paz y el consuelo, de que ya está junto a nuestro Padre Celestial.

 

Mi más sentidas condolencias. Animo... Sigo en la tarea muy personal de recomponer mi biblioteca que fue asaltada por un ladrón del Centenario. Y por ello busco un trueque:

 

Cambio mi libro de pinturas rupestres segunda edición de Enrique Hambleton por el libro del maestro Armando Trasviña La Literatura en BCS o por el libro del maestro Jesús Castro Agúndez ando en mis meras nadadas. O por la monografía de BCS. Mi libro, está en perfectas condiciones. Y lo cambio porque tengo dos. Gracias... Y con esto nos despedimos no olviden hagan el bien y sean felices