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En privado - sábado 06 julio 2019


• No hay mal que dure cien años

 

Después de transcurridos siete meses de su administración, y sumamente preocupado por acabar de tajo con lo que siempre ha dado en llamar “el viejo régimen conservador y corrupto”, el presidente Andrés Manuel López Obrador, como timonel, y sorteando esas grandes marejadas,  ha echado por la borda intereses muy importantes de cientos de miles de mexicanos, e incluso, ha soslayado compromisos sociales, y de paso les ha pegado duros golpes a miles y miles de familias donde más duele: el estómago.

 

En efecto. Así es que por mi parte, y de manera muy personal --buscando parafrasear a todos  aquellos que se dieron a la tarea de elaborar dichos y refranes--, antes de explicarme con mayor claridad sobre el tema de hoy, iniciaré con el primer refrán diciéndoles que precisamente: “aquí fue donde la puerca torció el rabo”.

 

Así es. Porque a pesar de que ya ha transcurrido el tiempo suficiente para que los mexicanos podamos visualizar,  al menos, una esperanza de luz al otro lado del túnel, o digamos algún punto de estabilidad que traiga un poco de consuelo, progreso y paz, más bien pareciera que el barco que hoy conduce  López Obrador, navega en medio de turbulencias, toda vez que la gran expectación sobre sus primeros anuncios de políticas públicas, no han arrojado credibilidad y tampoco sus ocurrentes expresiones han estado exentas de dudas, polémica, y debate;  y allí es donde la gran mayoría de los mexicanos observan que la piola está tan enredada que ven difícil, muy difícil poder encontrar la punta de la madeja. Es entonces cuando a su mente llega la palabra Chimoltrúfica de: “cuando digo una cosa digo otra”.

 

Y con este arranque en la entrega de hoy, pretendo hacer alusión a algo sumamente importante, como lo es el despido masivo de trabajadores que ha realizado y está haciendo el gobierno federal. Y agregar en mi escrito  que lo peor de todo, es que lo está haciendo al margen de la ley. Y por supuesto con artimañas. Es decir, sin indemnizar a ningún trabajador y mucho menos darle oportunidad a que defienda el derecho que le asiste. A pesar de que existen las leyes.

 

En pocas palabras se asegura que la totalidad de empleados que se irán a la calle, oscila entre 200 mil y 250 mil personas, sin importar que tengan uno o 30 años de servicios ininterrumpidos: “están despedidos y háganle como quieran”, es supuestamente la explicación que les dan, a sabiendas de que los jefes tienen el sartén por el mango y con ello, la ley a su favor. Aun cuando con ello se estén pasando por el arco del triunfo el tan cacaraqueado estado derecho.

 

Para cumplir con este programa de despido masivo, se antepuso –supuestamente- que son parte de las medidas de austeridad adoptadas por el gobierno, y en base a ello los primeros despidos los hizo la Secretaria de Hacienda; después habrán de correr la misma suerte empleados de las oficinas de representación en el extranjero, del programa Paisano en Estados Unidos. Incluyendo no solo a dependencias, sino a órganos administrativos desconcentrados, descentralizados, e instituciones públicas del sector financiero, Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Secretaría de Gobernación federal, Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), así como a Pemex, CFE, CONAFOR y demás entidades públicas.

 

He de aclarar que en su momento, Irma Eréndira Sandoval, quien es titular de la Secretaria de la Función Pública (SFP), dijo que estas nuevas medidas se hacen con “respeto a los derechos de los funcionarios públicos”. Sin embargo, esta funcionaria cae en el dicho aquel que: “del plato a la boca se cae la sopa”, toda vez que en base a la información preliminar, a  ninguno de los despedidos se les ha respetado sus derechos laborales.

 

Es más, se afirma que han sido áreas completas de la administración pública federal en las que desde el gobierno se está exigiendo las renuncias del personal de confianza, sin excepción alguna, toda vez que se realizan desde niveles operativos (los de menor jerarquía),  y hasta servidores públicos, sin importar que tengan más de30 años de antigüedad.

 

Sin embargo, en estos tiempos de gran movimiento de esos millares de migrantes que prácticamente están invadiendo nuestro país,  a las claras se observa que Andrés Manuel López Obrador pretende hacer caravana con sombrero ajeno y de paso quedar bien con el país vecino del norte al confirmar que existe la posibilidad de dar trabajo a los migrantes;  y con ello caer en el dicho aquel de: “candil de la calle y oscuridad de la casa”. En tanto esos miles y miles de mexicanos que hoy están sin trabajo, solo les queda decir: no cabe duda que “más pronto cae un hablador que un cojo”.

 

Por otro lado, las familias de estos desempleados, que probablemente emitieron su voto por el cambio hacia esa cuarta transformación, y quienes hoy están sufriendo las terribles consecuencias al resentir los duros golpes donde más duelen como lo es en el estómago, indudablemente que mientras se atragantan con los tragos amargos de la ingratitud, solo les queda decir aquel otro dicho de: “cría cuervos, y te sacaran los ojos”,  y por supuesto no dejar de pensar en este otro: “hecha la ley, hecha la trampa”.

 

Luego entonces, para todos ellos parientes, esposas-esposos, hermanos-hermanas, abuelos-abuelas, hijos-hijas, tíos-tías, sobrinos-sobrinas, yernos- nueras. cuñadas-cuñados, padrinos-madrinas, ahijadas-ahijados que forman parte de esa lista de despedidos. Solo les queda lamentar, también, aquella vieja sentencia de: “el hombre pone, Dios dispone, llega el Diablo y todo descompone”.

 

E indudablemente que hoy por hoy, todos esos parientes que están resintiendo los embates de una administración cuya embarcación navega en medio de la tormenta, y sin visos que les dé la certeza de que algún día han de llegar a puerto seguro, --con gran dolor y mucha pena--, en estos momentos se han de atener a aquel sabio refrán de que “Nadie sabe el bien que tiene, hasta que lo ve perdido”.

 

En síntesis, todo analista que observa lo que está ocurriendo, sin duda que ya alcanza a advertir que las consecuencias pueden ser terribles, pues antes de que concluya el sexenio, habremos de darnos cuenta que las filas de la delincuencia se habrán de fortalecer, toda vez que los golpes al estómago de las familias son los más insoportables.

 

Sin embargo, los mexicanos en  general, han de seguir depositando su confianza en un mejor devenir para nuestro país y  sus familias. E indudablemente que, al seguir luchando –como lo han hecho hasta hoy, por encontrar esa ansiada  luz de esperanza,  habrán de decir finalmente que “No hay mal que dure cien años”.               

 Cuestión de tiempo.

 

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