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En privado - sábado 12 enero 2019


EN PRIVADO Por Dionicio LARA •PAN-PRI Pecados capitales.


Para el PAN y el PRI no solamente son tiempos de sembrar con la esperanza de levantar de  nuevo buena cosecha; sino que son tiempos de volver la vista atrás, para –con otros ojos-- ver lo realizado, y buscar subsanar aquellos grandes y graves pecados capitales que –por culpa de algunos, y de otros también--, pesan sobre ellos. Y todo lo cual tiene que ver con la inmoralidad y la deshonestidad.

Hoy por hoy, --y tal vez con justa razón--, ambas organizaciones partidistas, y precisamente desde la incómoda oposición donde ahora se encuentran,  realizan desesperados esfuerzos por lograr nuevamente  la confianza y la credibilidad de la gente; y así recuperar espacios perdidos. Justamente después de haber enfrentado a un monstruo de mil cabezas, al cual –como bien sabemos-- no pudieron derrotar a pesar de los esfuerzos realizados.

Difícil tarea pues, la que les espera luego de sentirse un tanto responsables de haberse cubierto con aquella gran acobija de la inmoralidad. Tras haber hecho alarde de la impunidad y después de prohijar la corrupción.

Y por el contrario, hoy, --según se advierte— llevan a cabo el recuento de los daños, Y al hacerlo descubren que es precisamente a ellos a quienes les toca barrer los escombros de aquellos casi irreparables daños.

Como también a ellos les toca limpiar las impurezas que dejaron la podredumbre y la perversidad. Y por consecuencia se  obligan a lavar el lodo de las inmundicias, resultado de aquellos libertinajes. Les corresponde –también-- levantar los residuos de aquellas corruptelas; y deberán recoger la basura  producto de aquellas perversiones. Por cuyos pecados capitales hoy acuden de rodillas al confesionario del pueblo y le piden perdón;  para después cumplir su penitencia. Aun cuando después, vuelvan a pecar.

Sin duda alguna que ahora sí, desde allá, en la acera de enfrente donde  ahora se ubican estos partidos, --y ya sin esa venda negra en los ojos que siempre cubre la insaciable ambición de los políticos y su poder--, ahora sí, indudablemente que  ellos observan con más claridad,  y hacen muy suyas las crisis económicas que sufre el pueblo: sienten sus enfermedades, saben de su falta de trabajo, y lamentan profundamente su frío,  su hambre, su dolor y su desolación. Y Por ende, se sienten obligados a permanecer a su lado y enarbolar las banderas de la democracia y de la defensa del pueblo.

Y seguros estamos que desde allá mismo, desde el final de  la mirilla de la sociedad; desde la punta del dedo acusador del pueblo: desde allá sentados en el banquillo de los acusados y casi casi en el ostracismo de la oscuridad, ahora sí ambos partidos han de darse cuenta de la marginación, han de saber del olvido, y de la inseguridad que al pueblo flagela nada menos que por culpa del abuso, por culpa del dispendio, por culpa del pillaje. Y también por culpa de esa nociva delincuencia, a veces maquillada, a veces protegida, a veces tolerada. Y a veces anidada en las propias esferas del poder.

En fin.

No olvidemos la vieja sentencia de que Toda Acción Tiene una Reacción. Y hay ocasiones en que se pagan muy caro las facturas. Y en este caso la infinidad de acciones han encontrado y están encontrado las reacciones esperadas –en este último caso—de parte de quien,  y de quienes hoy ostentan el poder que, --dicho sea de paso— al menos hasta el momento y bajo la tutela presidencial, han actuado con cautela y sobre todo han procedido con mucha prudencia. Quizás, esperando otros tiempos, quizás esperando realizar mayor profundidad en las investigaciones para así dar mejores  resultados.

Tampoco olvidemos que para estos, --para los que hoy ostentan el poder-- apenas empieza a amanecer. Y por tanto disponen de todo el tiempo por delante para checar, para analizar, para revisar, para exonerar, y también para sentenciar, según sea el caso.

 Ahora bien, ¿qué decir de la soberbia y la arrogancia que algunas veces se anidó en curules, escaños, o instancias oficiales para así poder ver al pueblo como Dios a los conejos? Porque siendo honestos los hubo quienes desde arriba ya investidos de poder se sintieron  albos y cristalinos; diáfanos y  límpido, puros y transparentes, y –si se quiere- hasta inmaculados, perdiendo toda sensibilidad… y hasta el piso.

En síntesis, fueron muchos sexenios y muchos años donde hubo tiempos de  todo. Y lo saben ambos partidos. Tiempos de desilusiones, de molestias, de desencantos, de decepciones y de frustraciones.

Porque  ni el chantaje,  ni el soborno, ni la despensa, ni  el unto y ni el carrusel, estuvieron exentos en los procesos electorales. Como tampoco –claro está-- estuvo exenta la violencia, el robo de urnas, el fraude, y la compra del voto.

Y todo ello a veces se dio con amenazas, a veces con intimidaciones, a veces  con amagos,  a veces con amedrentamientos, y en otras ocasiones con veladas o abiertas advertencias. Sin descartar,  apercibimientos, manipulaciones o represiones.

Pero hubo más. Mucho más.  

Porque en algunos de estos casos, se registraron hecho de cruentos y funestos resultados;  como aquellos que tuvieron que ver con las ráfagas, los asesinatos, las masacres, los descuartizados, los secuestros y las violaciones. Donde imperó la impiedad y el dolor. Y si se quiere la impunidad.

Y fue entonces cuando el miedo se coló por todas las rendijas de mi pueblo. Y se acomodó en todos los rincones hasta apoderarse de toda mi gente.

Muy cierto.

Más, tengamos fe en el fututo. Y confiemos en que todo fue una pesadilla. Un mal sueño, del que ya despertamos.

Cuestión de tiempo.