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ABCdario - martes 23 octubre 2018


· ¡Qué tiempos aquellos! · Lloridos


Con todo mi amor a mi niña, Mayra Alejandra García Martínez, en su cumpleaños. ¡Muchas felicidades mi niña!, que el Señor te siga prodigando con sus bendiciones.

 

Hace dos años, en diciembre de 2017, viví una experiencia que me intrigó que hoy comparto con ustedes; un sábado por la noche decidí ir pal Aguajito con el “Prieto” Sosa, a pegar una caminada; recién me habían entregado (donado) unos aparatos auditivos nuevos en el Club de Leones, y quería escuchar de nuevo el “aletear” de las palomas pitahayeras, así que al día siguiente ¡fierros! pal Aguajito; un cartón con mandado, un tibor de 200 litros con agua, hielo, verdura y una bolsa con ejotes tiernos de frijol de urimón que me habían mandado de Boca de la Sierra; le pedí a una de mis hermanas que me preparara chile colorado para guisar los ejotes en el rancho; acomode en el respaldo del asiento el .22, y a las siete de la mañana agarré camino; al entrar a la brecha saqué el rifle, lo cargué y recosté en el asiento, iba solo; hora y media de “brecha” sin ver nada, ni liebres; llegué al rancho cerca de las diez de la mañana, bajamos el agua, hielo, mandado, la verdura, el bote con chile colorado preparado y la bolsa con ejotes; le pedí al “Prieto” que los preparará con arroz blanco para el mediodía; en cuanto me desocupe decidí dar una vuelta para la “antena” a ver si me “botaba” un “hijuelachingada”, subí agua y ¡fierros!, tal vez serían cerca de las once de la mañana, el “Prieto” apenas se andaba preparando para la ordeña, habían bajado tarde las vacas, así que me pidió que recogiera una leña que me tenía; un poca en la cañada del “entramado” y la otra al entrar a la vereda que va pa’ la “tinaja de la vieja”.

 

Al bajar la cañada del “entramado” --cerca del rancho--, a un lado del camino, allí estaba la leña estibada, la mayor parte de palo colorado y unos cuantos leños de palo blanco, muy buena leña, me “apié” del carro y la subí, siempre era bastante, como dos cargas, y seguí “brechando” a ver si divisaba algo hasta llegar a la “entrada” de la verada que va a la “tinaja de la vieja”; sobre el tronco de un ciruelo, a un lado del camino, otra estiba de leña; la subí al carro, leña de uña de gato, maciza, y seguí en dirección a la “antena” para hablar para mi casa desde el filo de un acantilado donde entra la señal del celular; me fume un cigarro revisando los cañones y decidí regresar, ya estaba haciendo hambre; de regreso sin novedad, nada de nada, ni siquiera “juellas”, llegue al rancho donde estaban colando café, me serví un vaso --que después repetí-- con espuma de leche, baje un poco de leña mientras pegaban los últimos “hervores” los ejotes y el arroz blanco; comí ejotes guisados con chile colorado y arroz blanco, no me gusta ponerle queso a los ejotes excepto limón y tortillas de maíz; comimos como a las tres de la tarde, para mí un buen platillo, descansé un rato y a las cinco de la tarde anuncié mi regreso; el “Prieto” bajo un par de quesos del zarzo, le pedí una mata de albahaca orgánica que tenía sembrada en un balde viejo que a su vez me había pedido mi señora para trasplantarla y tener en casa para cuando preparara lasagna; llene mi baso termo de café y le pedí croquetas para dejarle a los perros del “Ciruelo” y agarré brecha.

 

De regreso me vine casi a vuelta de rueda, camelando entre el monte cualquier movimiento de ramas o palos, hasta casi llegar al “Ciruelo”, un kilómetro antes, donde en medio de un arroyito me apié para orinar; estaba orinando cuando escuche un “llorido” como de niño y me quede “pajareando”, al rato otra vez y otra vez, nunca había escuchado algo así, no eran bramidos, chillidos ni gruñidos, sino como un llorido de niño. No le di mucha importancia pensando que podía ser el aparato auditivo y seguí, cien metros más adelante, sobre la rodada del carro, estaba una piedra que parecía cuchillo, me baje para quitarla del camino pensando en una “ponchada”, cuando de nuevo escuche el extraño “llorido” dos veces más, me subí al carro y seguí, ciento cincuenta metros más adelante se encuentra el rancho del “Ciruelo”; me “apié” del carro para dejarle las croquetas a dos perros que “pululan” allí; para mi sorpresa, los perros que ya me conocen ni se inmutaron, tenían la vista fija sobre la brecha por donde venía, orejaban y olfateaban, no ladraban; les deje las croquetas, les eche agua y retome la brecha.

 

Sobre el camino me vine reflexionando y preguntándome que podían ser los extraños “lloridos” que había escuchado, pensado que podía ser un “espanto”; algo similar me había sucedido un mes después de la muerte de mi mamá; había salido a caminar por la zona de la “agua de las palomas”, andaba con Isidro Ruiz y Ángel Gajón, ellos decidieron “peinar” la zona de las “tetas de cabra” y como a mí me gusta caminar solo, decidí darle por el “agua de las palomas”; todavía andaba muy “achicopalado” y triste por la muerte de mi mamá, y la traía gravada en la mente y mi corazón, como me conocía que soy atrabancado, me recomendaba que cada vez que saliera pal monte me fijará bien donde pisara, que tuviera mucho cuidado con las víboras, que siempre llevará agua y cerillos y sobre todo, que tuviera mucho cuidado con el arma. En aquella ocasión, recordando a mi mamá, me senté en el filo de un cantil para revisar, desde arriba, las hondonadas y cañadas; recosté la 30/30 en el tronco de un pequeño torote, saque un cigarro, estaba ido, pensado en nada, cuando se pronto se sentó un cenzontle sobre el brazo de un palo adán y comenzó a cantar; de inmediato ligué la tierna escena con mi mamá que se estaba comunicando conmigo, se me rodaron las lágrimas, se me hizo nudo la garganta y sentí que me desplome, estuve a punto de llorar. (Siempre que recuerdo esta escena se me ruedan las lágrimas y me da mucha nostalgia), estuve sentado sobre el filo del cantil casi una hora y me levante sin ánimo, con la vista y la mente perdidas; fui el primero en llegar donde habíamos dejado el carro, y me senté a fumar todavía con la garganta echa nudo y la boca reseca.

 

Al día siguiente, ya en esta ciudad, le platique a don Tacho Saiza, un viejo amigo, de los venaderos de antes, lo que me había pasado y sin más me dijo que los “lloridos” eran de un “lión” (puma); le comente al “Vidorria” Manríquez y me dijo lo mismo, que era un “lión” (puma), que al “Quiviru” Ruibal, cuando se perdió en la “tinaja de la vaca” un día y una noche y salió en el kilómetro 100, también toda la noche que camino escuchó el mismo “llorido”, y como caminó sin detenerse toda la noche la “libró” de ser atacado por un “lión” (puma); también le platique a Víctor Guluarte del “llorido” que había escuchado y sin más me contestó, era “lión” tocayo, yo los he escuchado varias veces y sé que así hacen los “liones”, que bueno que no te metiste al monte a investigar qué era, porque allí te habría ”caído”, me dijo.

 

El domingo que fue pa’ San Juan de arriba, al internarme en el cañón me acorde de ese pasaje, iba solo y no llevaba armas más que un cuchillo, me habían invitado a comer chico y “chanfaina o patagorrilla” de chivo, guisada con chile colorado y aceitunas. No me tocó ver nada excepto una manada de burros mesteños siendo que es territorio del borrego cimarrón; después de comer y tomar café emprendí mi regreso donde tomé un par de fotos que anoche mismo subí a mi muro en el feis; esa misma tarde, Christian, mi hijo mayor, que nos visitó el fin de semana, tomó su vuelo a Guadalajara donde trabajada desde hace más de seis meses, obligado a pedir su cambio porque aquí, en su tierra, lo tenía bloqueado el anterior delegado del IMSS, Francisco Javier Bermúdez Almada, al negarle toda posibilidad de ascenso, eso sí, echó mano de un ex juez local, que goza del peor prestigio y reputación, Roberto Ascencio, para impulsarlo en el área jurídica de la delegación del IMSS en BCS. ¡Échense ese trompó a la uña!. Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a abcdario_@hotmail.com

 

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