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Hoy es lunes, 22 de julio de 2024

Juan Pablo Villalobos: Nadie le crea una palabra

CIUDAD DE MÉXICO. El humor negro de Juan Pablo Villalobos (Guadalajara, 1973) mastica las imperfecciones de la ficción y la realidad en su novela “No

Juan Pablo Villalobos: Nadie le crea una palabra

CIUDAD DE MÉXICO.

El humor negro de Juan Pablo Villalobos (Guadalajara, 1973) mastica las imperfecciones de la ficción y la realidad en su novela “No voy a pedirle a nadie que me crea”, galardonada con el Premio Herralde de Novela de 2016, donde e interna en la autoficción para reír hasta el cansancio sobre la extorsión, la delincuencia organizada, el albur mexicano, los trabajos académicos la diversidad del lenguaje.

No en vano Villalobos arrana su libro con una cita de Augusto Monterroso donde dice: “El humorismo es el realismo llevado a sus últimas consecuencias”, la cual describe el telón de fondo en sus anteriores libros: “Fiesta en la madriguera” (2010), “Si viviéramos en un lugar normal” (2012) y “Te vendo un perro” (2015).

“De alguna manera, toda mi obra ha intentado ser un experimento en torno a los límites del humorismo y del realismo. En mi caso, siempre parto de una trama exagerada que me permite llevarla hacia lo absurdo, tratando de probar los límites de la verosimilitud y así ver hasta dónde el lector acepta los códigos con los que funciona el realismo en la tradición de la literatura mexicana o latinoamericana”, dice Villalobos en entrevista con Excélsior.

¿Por qué se inclinó por una trama apoyada en el tema de la extorsión?, se le inquiere. “Lo que imaginaba era llevar la premisa de la extorsión a un nivel exageradísimo y ver hasta qué punto una red criminal puede controlar tu vida. Porque no se trata solamente de que te obliguen a transportar droga, a matar gente o cometer otros delitos... aquí se trata de situaciones más ridículas y extremas como una extorsión que te obliga a cambiar tu tesis doctoral o a cambiar tu novia por otra”.

Así que esta novela, cuyo título es u reto para el lector, aborda ese tipo de exageración que bien puede suceder en México, donde el crimen organizado controla lo que sucede en el país, de una manera tan brutal que puede condicionar aspectos de la vida cotidiana.

Uno de los aspectos que Villalobos expone por primera vez de una forma explícita es la mezcla de las diferentes hablas del español. “Esto fue, para mí, una manera de afrontar mi realidad lingüística porque hace muchos años que no vivo en México, lo que ha provocado que cambie la manera como hablo el español, pero sin dejar de ser un autor mexicano”.

Lo cierto es que para el autor era complejo describir realidades y paisajes mexicanos desde la distancia. “Pero lo hice sin dejar de ser un escritor mexicano y sin dejar de reivindicar que mi obra es una obra mexicana que incorpora otras realidades lingüísticas como el español de México o de Argentina, pero en tierras catalanas, así como el habla de los extranjeros que llegan a Barcelona”.

¿Por qué utiliza el chiste como un recurso que en un punto deja de ser gracioso? “En esta novela hay una reflexión en torno a los límites del humor. Creo que la manera mas cotidiana con la que la gente tiene contacto con el humor, más allá de la literatura o de cuestiones artísticas, es el chiste, la broma y el albur”.

Pero ese artefacto, altamente utilizado por la sociedad mexicana tiene una explicación, explica: “Es un recurso de evasión y de sobrevivencia. Por eso me interesaba reflejar en la novela cómo estas aparentes formas ingenuas del chiste, en algunas ocasiones cargan grandes dosis de infortunio, racismo, sin dejar de contraponerlo a la realidad del mundo en que vivimos, donde lo políticamente correcto impone límites bastante estrechos al ejercicio del humor”.

Otro de los elementos más afortunados en “No voy a pedirle a nadie que me crea”, es la mezcla de distintas formas de narración, desde la carta y el correo electrónico, hasta el diálogo y el diario.

“En este caso, imaginé una novela polifónica donde la trama se construye a través de varias voces y perspectivas, porque desde el inicio no quise escribir una historia con un narrador tradicional, sino experimentar con otras técnicas y escenarios, donde prevaleciera la oposición entre esos personajes de la realidad brutal que construyen la delincuencia y quienes pertenecen al mundo de los libros, un encuentro que nace del choque entre dos mundos”, concluye.