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Del cielo al infierno en un día: la historia de Alma, víctima de explotación sexual

10/12/2015 10:45 Por: Gilberto Santisteban Flores Del cielo al infierno en un día: la historia de Alma, víctima de explotación sexual

Gilberto Santisteban Flores La Paz, Baja California Sur.- Las historias que se viven en México en ocasiones parece que fueron tomadas de alguna novela de suspenso, terror o ficción, sólo basta escuchar el testim

Del cielo al infierno en un día: la historia de Alma, víctima de explotación sexual Gilberto Santisteban Flores La Paz, Baja California Sur.- Las historias que se viven en México en ocasiones parece que fueron tomadas de alguna novela de suspenso, terror o ficción, sólo basta escuchar el testimonio de aquellos que sufrieron en carne viva la explotación sexual que para muchos es como si no existiera.

La historia de Alma, víctima de explotación sexual

Una joven de 19 años de edad, oriunda de un pequeño pueblo en el interior de la República, cuenta en voz propia su historia, con la que espera ayudar a todos aquellos que lleguen a escucharla. “Alma”, de 19 años de edad, fue secuestrada en su pueblo natal cuando tenía 14 años, luego de haberse ido a una fiesta patronal en su comunidad sin permiso de sus padres. Su papá estaba en Estados Unidos; tenía ocho años sin verlo, mientras que con su madre no existía ningún tipo de comunicación ni supervisión adecuada para una adolescente. Alma explica que esa trágica noche se fue a la fiesta del pueblo sin permiso, llevó con ella a su prima Karla quien también salió a escondidas de su hogar, según sus propias palabras, nunca imaginó que un sueño se iba a convertir en una pesadilla en tan sólo unas horas. “Cuando terminó la fiesta, mi prima se iba a ir a mi casa porque mi tía le pagaba, así que mejor nos fuimos a mi casa, eran como las 19:00 horas. Yo me sentía segura, porque ¿quién no se siente seguro en su pueblo?”, comentó. Cuando venían de regreso a sus hogares, un conductor de un tráiler comenzó a seguirlas. De repente dos hombres encapuchados las persiguieron y las drogaron, ellas cayeron inconscientes sin saber qué pasaba. “No sabes el trauma que es despertar con los pies y las manos amarradas, con algo en la boca también, amarrados como animal, oír el llanto de tu prima, la risa de los hombres, y pensar en tu familia, en tu vida”, dijo. La joven cuenta que sus captores las llevaron al estado de Morelos, y las ofrecían de bar en bar, esos que la gente conoce como “tables”, sin embargo, nadie accedió a comprarlas, por lo que se movieron al estado de Puebla. “Como nadie nos quiso comprar se fueron para Puebla y nos ofrecieron a Jazmín, la madrota, ella nos compró. Nos meten a una casa, nos dejaron cuatro días, dormimos con las ratas, con una jícara de agua, sin comer, sin agua; después de cuatro días, nos separaron a mí y a mi prima”, explicó. Alma tardó dos semanas en ver a su prima, Karla, otra vez, en lo que fue la negociación por las vidas de sus familias, puesto que Alma fue amenazada que si no cooperaba mataría a sus hermanos y a sus padres. “Me llevaron a una casa y Daniel, hermano de Jazmín, me dio ropa muy escotada, me dieron unos tacones que ni siquiera me quedaban, se me doblaban los pies y me llevaron a un bar, y me dejaron en una esquina y él se queda en la entrada”, compartió. “Lo que más me horrorizó, fue que en la esquina de enfrente había otra niña, pero de ocho años, y estaba vestida igual que yo, llorando y los hombres de la edad de mi papá la manoseaban”, narró. Alma fue prostituida por tres meses y medio, en ese lapso su prima Karla logró escapar dos veces: la primera vez se acercó a pedir auxilio a policías de la comunidad, quienes procedieron a regresarla a la casa donde la prostituían. “Cuando mi prima escapó la primera vez, los policías la regresaron, y como recompensa para los policías Jazmín le ofreció servicios sexuales. Los policías pidieron a las más chiquitas, y por desgracia las más chiquitas éramos nosotras dos porque la niña de ocho años ya había muerto. Tuvimos que atender a la vez a cuatro policías de la edad de mi papá”, dijo. “Atendí a varios policías, a gente de mucho dinero, que se veían de mucho dinero, yo tenía que cobrar por fumar, por tomar, por drogarme, por tener relaciones con o sin protección. Si dormía cuatro horas diarias se me hace mucho, no tenía descanso”, agregó. Alma cuenta que cuando tenían su periodo menstrual les introducían una esponja con vinagre para que siguieran trabajando. Debido a este brutal proceso de ingesta de drogas al que fue sometida, Alma se volvió adicta, llegó un punto en el que ella y su prima exigían sus dosis diarias para continuar de pie y no sentir el dolor y pudieran olvidar que estaban en ese infierno. “Me mataron en vida, mataron mis sueños, me destruyeron por dentro, es como cuando rompes algo de cristal y lo vuelve a armar así quedan las cicatrices, así está mi alma en este momento”, mencionó. La segunda vez que su prima Karla escapó logró llegar con su familia, sin embargo, Alma era golpeada noche y día como castigo; le exigían que les diera la ubicación de Karla, si no, Alma moriría. “Horas antes me habían golpeado, porque decían que si no les decía dónde estaba mi prima me iban a matar a mí y a mi familia”, declaró. “Cuando llegó el operativo, me dio mucho miedo porque pensé que me iban a matar, ver a todos los policías de negro, pero no, un policía me abrazó y me dijo: ´vas a estar bien princesa´, me llevaron con una psicóloga que me recibió”, contó. Sin embargo, Alma no procedió de inmediato a hablar con las autoridades, debido a que tenía miedo de que algo le pasara a su familia, ya que la habían amenazado. No fue hasta que apareció su padre, cuando decidió que tendría las fuerzas para denunciar a las personas que la sometieron y la prostituyeron. Alma se veía obligada a atender de 25 a 30 hombres diarios, puesto que tenía que llevar una cuota de entre 25 y 30 mil pesos diarios, si no era golpeada brutalmente, incluso la obligaban a robarles a los individuos que llegaban al bar. Daniel, hermano de Jazmín, la madrota, salió en libertad porque era menor de edad y por falta de pruebas. Este chico que se encargaba de prostituir a las jóvenes tenía 17 años de edad. “Hay gente que está adentro hay otros que no, como un ´trailero´ que drogaba a las jóvenes cuando las encontraba”, expuso. “En estos delitos no hay diferencias, no importa si eres mujer, si eres hombre, si tienes dinero o no, no les importa que eres un ser humano, que tienes sueños y que tienes una vida”, argumentó. Después de unos meses, Alma entró en un proceso de drogadicción, puesto que no soportaba incluso que sus familiares intentaran abrazarla, ya no confiaba en nadie. Su prima Karla intentó suicidarse en más de cinco ocasiones, sin embargo, ambas pudieron recibir la ayuda que necesitaban tras abrir su testimonio por medio de una reportera. A pesar de que Alma fue víctima de trata de personas y de prostitución, se ha puesto de pie, hoy tiene sueños que ha vuelto a construir, tiene una vida que busca reparar, gracias al apoyo de su familia y de especialistas, sabe que le depara el destino: Alma será psicóloga para brindar su alma y entrega a todos esos seres que son utilizados y desmembrados en esta forma.

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