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Mi mejor regalo de navidad sería una nueva silla de ruedas: Alfredo

lunes 30 noviembre 2015 | Por: Dionicio Lara Lucero | La Paz Mi mejor regalo de navidad sería una nueva silla de ruedas: Alfredo

• La historia de Alfredo, quien quedó en silla de ruedas tras un balazo en la espina Dorsal Dionicio Lara Lucero La Paz, Baja California Sur.- “No. Jamás por mi mente ha cruzado la idea de suicidarme, porque

Mi mejor regalo de navidad sería una nueva silla de ruedas: Alfredo • La historia de Alfredo, quien quedó en silla de ruedas tras un balazo en la espina Dorsal Dionicio Lara Lucero La Paz, Baja California Sur.- “No. Jamás por mi mente ha cruzado la idea de suicidarme, porque he aprendido que quienes se quitan la vida no alcanzan el perdón de Dios; y yo, que no he sido feliz en esta vida, conservo la firme esperanza de que algún día voy a ser feliz allá, junto al Señor…”.

Mi mejor regalo de navidad sería una silla de ruedas: Alfredo

A Alfredo, me lo encontré un día, -hace varios meses- justo en la rotonda donde se ubican los bustos de los próceres revolucionarios: Ahí en el Parque Revolución. Pensativo, y con su mirada perdida mucho más allá del cosmos, Alfredo descansaba sus apenas 39 años en su inseparable silla de ruedas. Me acerqué a él y le ofrecí algo de los alimentos que previamente yo había adquirido para él y entablamos una breve plática que entonces, no llegó a ninguna parte. Porque, yo todavía no reiniciaba mis labores periodísticas para El Independiente. Antes de despedirme le regalé uno de mis libros. Ayer sin siquiera proponérmelo, encontré a Alfredo en el mismo lugar, y tras un intercambio de palabras se acordó de mí: “leí su libro y me gustó mucho”, me dijo, entre otras cosas. Después, aceptó que le tomara unas fotos y que escribiera sobre su vida. — ¿Qué te pasó?, ¿por qué utilizas la silla de ruedas? —fue lo primero que se me ocurrió preguntarle, y de inmediato me dio su respuesta: “Fue a raíz de un balazo que me dieron en la espina dorsal”. — ¿Pero cómo estuvo eso? ¿Acaso tú eras un delincuente? “No. Eso sucedió hace casi 20 años, cuando yo trabajaba en un rancho que se ubica para Pichilingue, esa vez un amigo mío que también trabajaba ahí cargaba un rifle 22 y de pronto se escuchó el disparo y yo caí con la bala metida en mi espalda”. — ¿Y luego…? —le insistí. “Yo no perdí el conocimiento. Entonces mi amigo corrió a donde yo estaba tirado y me gritaba pidiéndome perdón por lo que había sucedido, entonces me di cuenta que no lo había hecho a propósito”. — ¿Le guardas rencor? “No. en absoluto, aunque ciertamente me dejó inválido para toda la vida”. — ¿Dónde vives? “No tengo casa. Duermo ahí debajo de ese árbol de tamarindo que está detrás de la bolería (y lo señala con su dedo índice y efectivamente casi en la esquina de Nicolás Bravo y Félix Ortega se ubica un gran tamarindo) ahí duermo junto con otros dos compañeros que tampoco tienen casa”. Y tras un breve silencio, Alfredo continúa: “Antes, yo dormía aquí (y vuelve a señalar con el índice a unos cuantos metros de donde nos encontramos) pero en las noches pasan algunos borrachos o mariguanos y tengo miedo de que me vayan a hacer daño… y pues, como yo no puedo defenderme…” — ¿Pero, no has solicitado ayuda? “Bueno, sí ya he pedido ayuda en Atención Ciudadana y lo que quisiera es que me den asilo para comer y dormir en el Albergue, y estoy esperando para ver si me ayudan…” — ¿Y mientras tanto, dónde comes, o cómo le hacer para alimentarte…? “La verdad es que he pasado hambres, pero me aguanto. Porque yo no soy de las personas que ande pidiendo aquí y allá, aunque realmente necesito. Sin embargo, hay mucha gente como usted, de buen corazón, que viene hasta aquí y me brinda su ayuda”. Y luego de otro breve silencio, vuelve a tomar la palabra: “Aunque dicen que hay unos comedores comunitarios, pero yo nunca he sabido dónde están…” — ¿Y tus padres? ¿Qué me cuentas de ellos? “Ya se me murieron… primero murió mi madre, hace mucho tiempo y hace poco murió mi padre”. En eso observo que su silla de ruedas está deteriorada. Y me doy cuenta que una de las pequeñas ruedas delanteras ya no le funciona y antes de que yo le cuestione al respecto, Alfredo me dice: “Mi mejor regalo en esta navidad, sería que me regalaran una nueva silla de ruedas…”

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