• Familiares denuncian la saturación del servicio, fallas constantes en los equipos y la falta de especialistas, situación que aseguran reduce el tiempo de tratamiento y mantiene una lista de espera de hasta 30 pacientes.
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San José del Cabo, Baja
California Sur. La mañana de este lunes 13 de julio, familiares de
pacientes y pacientes renales se manifestaron al exterior de la Clínica 38 del
Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en San José del Cabo, para exigir a
las autoridades más máquinas y personal que permitan garantizar la atención de
hemodiálisis.
De acuerdo con lo expuesto por
los manifestantes, actualmente alrededor de 100 personas reciben tratamiento de
hemodiálisis en esta clínica y estiman que existe una lista de espera de hasta
30 pacientes.
Lucía, familiar de un
paciente, comentó: “Se supone que deberíamos de tener seis máquinas funcionando
y hay una extra por cualquier cosa, pero la realidad es que seguido se
descomponen una o dos; terminan funcionando cinco, si bien nos va”.
Explicó que la saturación del
servicio también provoca que algunos pacientes no reciban el tiempo completo de
tratamiento. Aunque las sesiones de hemodiálisis deben durar tres horas, en
ocasiones se reducen a dos para permitir la atención de más personas.
“Queremos que el delegado del
IMSS, Juan Gilberto Soltero, nos escuche, que no se haga ojo de hormiga porque
estar en oficina. Queremos que venga y dé la cara… Estamos en terapia y ya se
descompone la máquina; nos calman con que supuestamente sí las arreglan, pero
no duran”, relató Juana, madre de Cristian, un hombre con discapacidad e
insuficiencia renal.
Otra de las problemáticas que
expusieron fue la falta de especialistas, ya que aseguraron que únicamente
cuentan con un nefrólogo, el doctor Rendón.
“El pobre no se da abasto y,
si se va de vacaciones, nos quedamos sin cita. Sí reconocemos que el doctor
requiere descansos, pero para eso necesitamos más doctores”, agregó Juana.
Los manifestantes también
destacaron que una sesión de hemodiálisis en una clínica particular puede
costar entre 3 mil 500 y más de 9 mil pesos, una cifra que resulta inaccesible
para muchas familias.
Por ello, urgieron al IMSS a
atender esta problemática que, aseguran, enfrentan desde enero y que afecta la
continuidad y calidad de un tratamiento indispensable para su supervivencia.