Muy buenos días estimado lector, gracias, muchas gracias por continuar prefiriendo este su Diario El Independiente.
Inicio esta columna comentado
a usted: El gobierno federal tiene que garantizar y buscar que las actividades
agropecuarias sean productivas, rentables y competitivas, para que en toda la
república mexicana.
Nuestros productores enfrenten
con éxito los retos de la apertura comercial, pero sobre todo, que quienes se
dedican a esta noble actividad, mejoren sustancialmente sus condiciones de
vida. En este año 2026 la nueva etapa de desgravación arancelaria para el
comercio agropecuario entre México, Estados Unidos y Canadá, pactada en la
próxima renegociación del tratado de libre comercio (T-MEC.) está poniendo de
nueva cuenta, en el centro del debate nacional un problema fundamental del
desarrollo Mexicano.
Bajo este contexto:
Actualmente las movilizaciones de grupos de productores y organizaciones
campesinas en toda la república mexicana y las frecuentes planteamientos de
diversos actores obligan a una reflexión responsable, informadas original y
realista que les permita formular una propuesta socialmente justa,
políticamente viable y económicamente eficaz que beneficie a todos, pero en
especial a los productores y campesinos mexicanos menos competitivos y más
pobres. En otras palabras, se necesita y requiere construir una política de
estado que ponga en el camino del desarrollo integral y sustentable al campo
mexicano.
En el campo el gobierno
federal se enfrenta a uno de los mayores retos del país. En el mapa de sus
problemas confluyeron años de estancamiento social y económico; instituciones
públicas que fueron útiles en sus orígenes pero que no cumplían más en la actualidad;
síntomas de corrupción y paternalismo; practicas burocráticas que los mismos
campesinos rechazaban; restricciones legales que ya no protegían sino inhibían
al ejidatario y además, un contexto internacional que por más de cuatro
décadas, ha reducido los precios de los productos agrícolas básicos. Esta
radiografía les indica a los gobiernos federales, estatales y municipales que,
en el campo, no existen soluciones simples voluntaristas o inmediatas. Es un
asunto complejo, generado a lo largo de varios años y por lo tanto, tienen que
reconocerlo y abordarlo como tal.
Ahora bien: México no podrá
superar sus rezagos estructurales si no diseña y ejecuta políticas públicas que
permitan acompasar la situación del sector primario a la de otros más
aventajados de la economía. Si no incorpora a los campesinos pobres a la educación,
al bienestar social y al consumo, y si no genera las condiciones para que, en
el mediano plazo la actividad agropecuaria ocupe un espacio equivalente al de
otras economías de desarrollo relativo similar al nuestro. Las consecuencias de
no hacer nada, además, profundizarían las desigualdades regionales estimulando
las migraciones del campo a la ciudad y de estado a estado, agravando la
pobreza urbana.
Concluyo: Esta evolución
define las características centrales que, en conjunto, observa hoy el agro
mexicano: poco más de 8 millones de hogares rurales viven en la pobreza
extrema. Los ingresos de los trabajadores del campo y las condiciones de
trabajo son peores que en otros sectores. Lo que explica claramente la pobreza
y los bajos ingresos de nuestros hermanos campesinos.