• Pese a recomendaciones internacionales, México aún carece de un sistema oficial de homicidios con perspectiva de orientación sexual e identidad de género.
Fotogalería
Estado de México. - México sigue sin contar
con un sistema oficial para registrar crímenes de odio contra
personas de la diversidad sexual y de género,
advirtieron organizaciones civiles en el Día Internacional
contra la LGBTfobia, mientras documentaron al menos 24
asesinatos en los primeros meses de 2026, 17 de ellos contra mujeres
transgénero.
Activistas subrayaron que
la ausencia de registros oficiales diferenciados
sigue dificultando dimensionar la violencia contra personas LGBTI+ en México,
en medio de subregistro, impunidad y fallas en las investigaciones.
Samuel Jair Martínez,
coordinador de investigación y del Observatorio de Crímenes de Odio en la
organización civil mexicana Letra Ese, explicó que, aunque el último año mostró
un aparente descenso en asesinatos de personas LGTBI+ —60 casos documentados en
2025 frente a 80 en 2024—, las cifras deben leerse con cautela.
“Esto significa que el
aparente descenso está sujeto a diferentes dinámicas que podrían aumentar los
casos sin aviso previo”, indicó.
Según datos del Observatorio,
en los primeros meses de 2026 se han documentado al menos 24 asesinatos de personas de la diversidad sexogenérica presuntamente
relacionados con prejuicio, 17 contra mujeres trans.
Martínez alertó además sobre
la persistencia de agresiones contra personas defensoras de derechos humanos LGBT+,
con al menos 20 casos de este tipo en los últimos tres años.
Entre otras tendencias
preocupantes, agregó, las mujeres trans continúan
siendo las principales víctimas de violencia letal relacionada
con prejuicio, al concentrar 35 de
los 60 homicidios de personas LGBT+ documentados en 2025.
Martínez insistió en que, pese
a recomendaciones internacionales, México aún carece de un sistema oficial para
registrar homicidios con perspectiva de orientación sexual e identidad de
género.
“Nuestro informe suple esta
necesidad (más no sustituye la responsabilidad del Estado)”, señaló el
integrante de Letra Ese, organización que construye sus registros a partir de
notas de prensa, redes sociales y observatorios locales.
Pero la violencia LGBTfóbica no
empieza con el asesinato y muchas veces ni siquiera entra en las estadísticas,
avisó Amy Salazar, oficial de Emancipación y Comunicación del programa
Identidad Sexual en la organización Balance.
Salazar sostuvo que la falta
de registros diferenciados sigue siendo una de las principales deudas del
Estado frente a la violencia LGBTfóbica, mientras formas de discriminación como
la lesbofobia y las
violencias en espacios cotidianos continúan fuera de la conversación pública.
“Las violencias que más nos
aquejan son las que vivimos en nuestros espacios más cotidianos”, señaló, al
advertir que estas formas de discriminación tienen efectos directos en la salud
mental.
En ese sentido, citó un
diagnóstico de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de
México (UNAM) publicado en 2023, según el cual casi 80 por ciento de hombres
trans y personas no binarias reportó ideación suicida, además de 60.7 por ciento
de mujeres bisexuales y 57.4 por ciento de mujeres lesbianas.
“Son violencias que nos llevan
a ocultar nuestras identidades, a evitar expresarnos, a modificar nuestra
expresión de género”, alertó.
Además de la ausencia de
registros diferenciados, agregó que persisten prácticas institucionales que
invisibilizan a víctimas trans, como registrar
transfeminicidios como homicidios o
utilizar nombres y pronombres incorrectos en
investigaciones e informes oficiales.
También alertó que recientes
cambios federales en metodologías de registro de delitos dificultan comparar
cifras y monitorear tendencias de violencia, una demanda histórica de
organizaciones civiles.
Por último, los activistas
sostuvieron que la visibilización pública de casos recientes responde a
estrategias impulsadas desde colectivos frente a la impunidad y la falta de
reconocimiento institucional de la violencia LGBTfóbica.
“No existen políticas públicas
u otros esfuerzos de gran escala en contra de los prejuicios y la prevención de
la violencia”, zanjó Martínez.