• Los productores empezaron a buscar otras especies para no depender tanto de la pesca de camarón. En ese momento voltearon hacia la merluza, que rápidamente pasó de ser una de las principales especies en la región.
La Paz, Baja
California Sur.- Los barcos camaroneros
del Alto Golfo de California, en el noroeste de México, capturaban de manera
incidental la merluza, pero no veían en ella ningún valor hasta que la pesca de
camarón empezó a menguar en el 2014 debido a la eliminación de subsidios de
pesca y a los bajos niveles de producción y de precios en el mercado.
Los
productores empezaron a buscar otras especies para no depender tanto de la
pesca de camarón. En ese momento voltearon hacia la merluza, que rápidamente
pasó de ser una de las principales especies en la región. Sin embargo, ese
interés aumentó la presión sobre esta población de peces y podría llevarla a la
sobreexplotación si las autoridades no la regulan.
“Vimos esa
pesquería como una oportunidad porque era nueva y queríamos ordenarla desde el
principio para no sobreexplotarla como ha pasado con otras especies”, dijo Irma
Cervantes, productora de merluza en Guaymas, Sonora. “Ese ha sido siempre
nuestro sentir: no queremos pasar de tener una pesquería sana a ponerla en
riesgo”, agregó Claudia Higuera, otra productora de Guaymas.
El ascenso de
la merluza se ha visto empañado por trabas burocráticas que han impedido que
este pescado de los fondos rocosos cuente con una norma oficial, una regulación
necesaria para eventualmente acceder a mercados preferenciales que premien la
sostenibilidad. Sin embargo, los pescadores no se han cruzado de brazos y la
pesquería vive una revolución de sus prácticas en el Alto Golfo que ya les trae
beneficios.
Desde 2015
hasta 2018, la Conapesca, los productores de merluza de la región, el sector
académico y la organización Environmental Defense Fund (EDF) México tuvieron
reuniones a través de las cuales construyeron la Norma
Oficial Mexicana NOM-020-SAG/PESC-2019, un
instrumento jurídico que tiene como objetivo regular la pesca de merluza.
Esta NOM
institucionalliza un programa de observadores a bordo de las embarcaciones que
pescan dicho pescado blanco y hace obligatoria la cuota de captura, que es la
cantidad máxima que puede pescar cada embarcación al año.
La Conapesca
se comprometió a publicar la NOM desde el 2018 para que entre en vigor, pero no
lo ha hecho, por lo tanto, esta regulación no es obligatoria para el gobierno
ni para los pescadores. “Sin la NOM no hay un instrumento jurídico que sea
obligatorio y que la autoridad tenga que hacer cumplir. No hay una forma de
poderles generar una sanción por no cumplir”, señaló Juan Quimbar, jefe de
proyecto de merluza en EDF México.
Los
productores de merluza del noroeste han emprendido un proceso para impulsar la
pesca sustentable de merluza desde 2014
y actualmente son candidatos para obtener la certificación internacional
del MSC, que avala una pesca sostenible y con trazabilidad, pero no podrán
obtenerlo hasta que la Conapesca publique la NOM, ya que uno de los criterios
que evalúan el MSC es la gobernanza de la pesquería.
“Para la
certificación necesitamos que esté cubierta la parte de gobernanza, porque no
puede existir una certificación cuando no existen reglas claras y las reglas
las determina la norma. Sin embargo ya no podemos hacer más porque hemos tenido
un montón de reuniones y Conapesca hizo el compromiso de publicarla pero no ha
cumplido”, dijo Cervantes.
Una vez se
publique la NOM, los productores creen que eso les permitirá vender la merluza
en más mercados y podrán tener un proyecto más rentable. Además, aspiran a
implementar el mismo proceso que han transitado con la merluza a otras
pesquerías como el chano y la curvina.
“Hay otras
especies en las que podemos replicar el modelo de la merluza y sería mucho más
fácil replicarlo y de esta manera garantizar que la pesca sobreviva. Nosotros
queremos que la actividad pesquera sobreviva”, señaló Cervantes.
El trayecto
para lograr una pesca sustentable de merluza
La obtención
del estándar MSC sería la recompensa de un largo camino que han emprendido un
grupo de 12 productores de merluza, que desde el 2014 han impulsado una pesca
ordenada y sostenible, de la mano de EDF México.
En equipo, la
primera acción que implementaron fue crear un Comité Consultivo en 2015 y un
Grupo Técnico en 2017 donde colaboran productores, academia, gobierno y
organizaciones de la sociedad civil. Además, crearon el programa de
observadores a bordo, que del 2015 a 2023 monitoreó la pesca de merluza.
La captura de
merluza utiliza el mismo método que el camarón: un barco de mediana altura con
dos redes de arrastre a los costados, y que es conocido por tener un alto
volumen de pesca incidental. Sin embargo, a través del programa de
observadores, encontraron que la captura de merluza tiene una fauna de
acompañamiento del 6%, de la cual el 4% es aprovechable, de acuerdo con
Quimbar. “En realidad es una pesquería muy limpia y eso nos animó a continuar”,
agregó.
Posterior a
esto, en 2018 consiguieron que se incluyera a la merluza en la Carta
Nacional Pesquera y que se otorgaran permisos específicos para la captura de esta
especie.
“En aquel
momento la merluza no tenía un manejo específico y se capturaba a través de un
permiso de escama general que es una agregación de todas las escamas que no
están en una pesquería comercial. Nuestro primer logro fue desagregar del
permiso de escama y eso ya le permite tener un manejo particular. Ahora sí
quieres aprovechar la merluza necesitas tener el permiso específico”, señaló
Quimbar.
Sin embargo,
este grupo de productores querían ir más allá y garantizar una pesca ambiental
y socialmente sostenible, por lo que iniciaron un Proyecto de Mejora Pesquera
(FIP). Esto ha implicado un cambio radical en el manejo de la pesca de merluza.
En lugar de
dejar caer la merluza de las redes a la cubierta del barco, lo que hacen es
colocar recipientes con agua fría, posteriormente, las pasan a mesas de
trabajo, y en lugar de apilarlas en la bodega, las colocan en contenedores, de
esta manera evitan que se maltrate el producto.
“Siento que
no ha sido tan difícil porque con todos estos cambios vas a tener mejores
resultados en lo que viene después. Al tener un producto de buena calidad vas a
venderlo mejor y a estar por arriba de los demás”, señala Higuera.
Con las
nuevas prácticas los productores han conseguido que en lugar de 12 pesos el
kilogramo de merluza, les paguen hasta 24 o 26 pesos, debido a que es un
producto de mayor calidad.
Todos estos
esfuerzos también los han llevado a obtener la calificación más alta posible
para un FIP en 2025, la obtención del Transition Assistance Fund Award otorgado
por el MSC en 2024 y una población de merluza sana, ya que cada año se hace una
evaluación del stock de la especie.
“Ahorita
están manejando una estimación de alrededor de 200 mil toneladas en stock. Más
o menos la cuota de captura anual es como el 15% de la biomasa”, dijo Quimbar.
De la
pesquería de merluza dependen por lo menos 480 personas que trabajan como
tripulantes en las embarcaciones en el Alto Golfo, sin considerar al resto de
la cadena productiva que incluye a transportistas, plantas procesadoras y
comercializadoras.
Después de
todo este camino recorrido, los productores esperan que la autoridad publique
la NOM para que puedan acceder a la certificación MSC, alcanzar nuevos mercados
y todos sus esfuerzos sean reconocidos como un ejemplo de manejo pesquero a
nivel nacional.
*Este
artículo se publicó originalmente en Causa
Natura Media.