• La Cuesta.
Es verdad y no hay vuelta de
hoja. Este es prácticamente el último año administrativamente hablando que le
queda a Víctor Manuel Castro Cosío, por lo cual se ve obligado a estirar el
presupuesto que le fue autorizado y que asciende a 26 mil 858 millones de
pesos.
Y es que el aumento
autorizado, de frente al 2025, no es gran cosa, pues en el año anterior dicho
presupuesto ascendió a poco más de 24 mil 999 millones de pesos, que, comparado
con el actual, representa un aumento de solo 7.4 por ciento.
Ahora bien, según fuentes de
financiamiento, el 83 por ciento provienen de recursos federales mientras el
14. 8 por ciento son de recursos propios.
Con dicho presupuesto se
prevén ejes prioritarios de acuerdo al Plan Estatal de Desarrollo y que tienen
que ver con bienestar e inclusión que tienen que ver con educación, salud, paz
y seguridad.
Igualmente hace alusión a
reactivación económica e infraestructura, sin descartar turismo, programas
productivos, sustentabilidad y transparencia.
Por cierto, al iniciar este
año, el gobierno de Baja California Sur se enfoca en el gasto social y la
infraestructura.
Sin embargo, ante la creciente
preocupación tanto de la sociedad como del gobernante, con su paquete económico
habrá de dar prioridad a la salud, la educación, y especialmente a la
seguridad, con énfasis el agua y saneamiento, programas de bienestar como
vivienda con tasa cero.
Esto último muy a pesar de
recortes previstos en algunas áreas.
Pero, lo elemental, y como ya
lo dije en una entrega anterior, no habrá nuevos impuestos, con lo que se busca
estabilidad económica de las familias además de desarrollo sostenido,
respondiendo así al crecimiento poblacional y retos ambientales, según lo presentado
a finales de 2025.
Lo anterior, sobre todo por
los incrementos que previamente se anunciaron en las áreas de la construcción.
Luego entonces, se asegura
que, en base al presupuesto, cerca del 50 por ciento de este será destinado a
educación, inclusión y desarrollo social, incluyendo acciones contra la
violencia de género.
Igualmente, en cuanto a
infraestructura se ha programado fuerte inversión en obras hídricas, movilidad
y telecomunicaciones, todo esto, a pesar de recortes en organismos autónomos
como el ITAI.
En resúmen, el presupuesto
estatal propuesto busca un equilibrio financieto, pero enfrenta el desafío de
un recorte en las transferencia federales, lo cual sin duda alguna, habría sido
un tema central en las discusiones legislativas en su momento.
Por otro lado, en cuanto a
seguridad, para el presente año se buscará el fortalecimiento de la
Procuraduría de Justicia y la seguridad ciudadana.
Por lo que respecta a los
proyectos hídricos, se contempla continuar con las obras de rehabilitación de
acuedutos y estrategias integrales de infraestructura del agua.
En cuanto a desarrollo
sostenible se buscará equilibrar el crecimiento económico con la protección
ambiental lo que siempre ha sido un reto clave para el estado.
Y hablando de retos, la
entidad sudcaliforniana se enfrenta a otros desafíos, como es el caso del
crecimiento demográfico, lo que por consecuencia aumenta la presión en cuanto a
prestación de servicios e infraestructura.
Por ende, el gobierno busca
diversificar la economía más allá del turismo, atrayendo inversión y
fortaleciendo la demanda interna.
A raiz de ello, se impulsarán
políticas para afrontar la transición energética y variables ambientales,
considerados cruciales para el atractivo turístico y la calidad de vida.
En síntesis, esta es la cuesta
más empinada que deberá escalar Víctor Manuel Castro Cosío, añ igual que los
integrantes de su gabinete.
Estos últimos, si es que
realmente están dispuestos a aguantar ese paso firme que deben dar ante la
difícil cuesta.
Caso contrario, seguramente
habrá algunos que como ya lo escribí anteriormente, estarán dispuestos a
renunciar, sobre todo, porque ya vieron la oportunidad de subirse al carro
siguiente que enrumba hacía la otra administración estatal.
De no ser así, deben formular
el compromiso establecido a lado de Castro Cosío de seguir cumpliendo con los
claros objetivos de la transparencia y la rendición de cuentas en el uso de los
recursos públicos.
Es decir, con todo eso que
tiene que ver con evitar gastos supérfluos e innecesarios en el quehacer
público.
Vamos, incluso de seguir
manteniendo el rechazo de los privilegios y prerrogativas, de los excesos y los
derroches.
Y más que nada, no mantenerse
en el puesto para en su momento emular el ya famoso “Año de Hidalgo”.
Ese mismo que se daba en el
final de una administración sexenal, el cual estuvo asociado al despilfarro y
la corrupción, y con la frase popularizada de “chingue a su madre el que deje
algo”.
Cuestión de tiempo.