• La soledad tiene permiso.
Son estos, tiempos de
meditación, por tanto, por esta vez no escribiré de política, sino una
reflexión a la que dio pié mi Nieto Omar. Muy joven aún, pero con grandes
principios de responsabilidad.
Fue por estos tiempos, en que
sus padres y hermanas se van de vacaciones, y él se queda solo, para estar al
frente de un negocio que poseen.
En un intercambio de
impresiones, de pronto me dijo: “allá en mi habitación, sobre todo en esas
noches cargadas de silencio, he descubierto que la soledad es buena consejera y
que resulta buena compañera”.
Yo aproveché para preguntarle
sobre el porqué de sus puntos de vista sobre la soledad, y me respondió: “así
es abuelo porque la soledad nos sirve para pensar a profundidad sobre muchas
cosas. Al igual que para meditar sobre lo bueno y lo malo que hacemos o hemos
hecho... y hasta para analizar y resolver problemas”.
Aproveché entonces para
hacerle otra pregunta: ¿quieres decir que la soledad tiene tanto de positiva
como de negativa...?
Y me respondió: “creo que sí
porque la soledad, cuando no la deseamos y nos llega sin permiso, pudiéramos
sentirla como nociva; pero es buena cuando la buscamos, cuando la deseamos, y
es entonces cuando nos resulta placentera”.
Sin proponérmelo, sus palabras
me condujeron por un profundo laberinto de análisis y reflexiones sobre la
soledad.
De ahí que dije para mí: “yo
la conozco, ha sido mi compañera en varios momentos de mi vida y ciertamente en
ocasiones me ha motivado, llevándome por senderos de regocijo, aunque a veces
de tristeza y desconsuelo”.
En efecto, porque cuando no la
deseamos, y nos llega sin permiso, trae consigo desazón, y emana desamor, a
grado tal que lastima las fibras más sensibles de la autoestima, produciendo
amargura y dolor.
Es pues, muy cruel cuando
llega sin permiso.
Por tanto, a tí lector, debo
decirte que para evitarla, en el día a día busca la buena lectura. Porque leer
nos lleva por caminos desconocidos sí pero a la vez reflexivos y placenteros.
También nos da lucidez, y a veces nos concede alegría, sabiduría y paz. Igual
la buena música, las canciones.
Algo más, no debes irte a la
cama pensando en los problemas, y menos dormir abrazado a la soledad.
Sino que antes encomiéndate a
Dios y déjale a Él todas tus penas. Quizás con la luz de un nuevo sol descubrirás
que ese problema de ayer no era tan grave como tú pensabas.
Y habla con los ángeles y
arcángeles, son muchos. Hay alguno que te espera para hacerte compañía. Además,
siempre trae a tu cama la alegría del día, que por pequeña que sea, te será de
buena compañía.
Tampoco dejes que la soledad
haga nido en tu mente. Toma en cuenta que de tí depende si quieres volverte una
presa más de ella. Y mucho menos hagas de la soledad un duelo. Por el
contrario, sabiendo que la soledad solo está en tu mente, transfórmala en positiva
con todo aquello que te motive, o cualquier detalle que te cause placer e
ilumine tu rostro. Y nunca olvides que, en la soledad, hasta las estrellas son
bellas.
Veamos: hace años, supe de la
existencia de Hilda. Una señora que ya en edad madura vivía sola. Y como
consecuencia padecía de lo que yo di en llamar el síndrome de la soledad.
Hilda solía escuchar una
canción que hacía alusión a la soledad. Y cada vez que la escuchaba, sus ojos
no contenían el llanto y por sus mejillas surcaban lágrimas de desconsuelo.
Yo jamás pude medir el dolor
de la soledad de Hilda, ni alcancé a comprender el tamaño del olvido en que se
encontraba.
Menos ahora, cuando estoy
rodeado de amor por mis hijos, hijas, nueras, yernos, nietos, nietas, y a hasta
de un Ángel. Mi primer bisnieto, y claro, de una esposa.
Y la realidad es que si
piensas positivamente, así te irá en ese día.
Es cierto hay veces que la
soledad nos causa heridas que no sangran pero cómo lesionan nuestro espíritu y
mente. Y es tan cruel que nos hace perder la calma y sangrar el alma.
Pero de nosotros depende abrir
la puerta para dar paso a la soledad. Porque la soledad no es creer estar sin
compañía, sino aceptarlo. La prueba es que puedes estar en una reunión y
sentirte solo.
Ya por último, evita a las
personas que transmiten negatividad, esas que en el día a día hablan de
calamidades, de catástrofes, de dolor y sufrimiento. Porque este tipo de
personas te transmiten lo que son. Y eso solo te causa dolor en el alma. Y como
lo decía Jorge Negrete en una de sus canciones: “la paz del alma no se compra
con dinero. La paz del alma la concede solo Dios”.
Y es que el dolor del alma es
mucho más grande que el dolor físico.
Cuestión de tiempo.