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Hoy es viernes, 9 de enero de 2026

En privado

• La soledad tiene permiso.


 

Son estos, tiempos de meditación, por tanto, por esta vez no escribiré de política, sino una reflexión a la que dio pié mi Nieto Omar. Muy joven aún, pero con grandes principios de responsabilidad.

 

Fue por estos tiempos, en que sus padres y hermanas se van de vacaciones, y él se queda solo, para estar al frente de un negocio que poseen.

 

En un intercambio de impresiones, de pronto me dijo: “allá en mi habitación, sobre todo en esas noches cargadas de silencio, he descubierto que la soledad es buena consejera y que resulta buena compañera”.

 

Yo aproveché para preguntarle sobre el porqué de sus puntos de vista sobre la soledad, y me respondió: “así es abuelo porque la soledad nos sirve para pensar a profundidad sobre muchas cosas. Al igual que para meditar sobre lo bueno y lo malo que hacemos o hemos hecho... y hasta para analizar y resolver problemas”.

 

Aproveché entonces para hacerle otra pregunta: ¿quieres decir que la soledad tiene tanto de positiva como de negativa...?

 

Y me respondió: “creo que sí porque la soledad, cuando no la deseamos y nos llega sin permiso, pudiéramos sentirla como nociva; pero es buena cuando la buscamos, cuando la deseamos, y es entonces cuando nos resulta placentera”.

 

Sin proponérmelo, sus palabras me condujeron por un profundo laberinto de análisis y reflexiones sobre la soledad.

 

De ahí que dije para mí: “yo la conozco, ha sido mi compañera en varios momentos de mi vida y ciertamente en ocasiones me ha motivado, llevándome por senderos de regocijo, aunque a veces de tristeza y desconsuelo”.

 

En efecto, porque cuando no la deseamos, y nos llega sin permiso, trae consigo desazón, y emana desamor, a grado tal que lastima las fibras más sensibles de la autoestima, produciendo amargura y dolor.

 

Es pues, muy cruel cuando llega sin permiso.

 

Por tanto, a tí lector, debo decirte que para evitarla, en el día a día busca la buena lectura. Porque leer nos lleva por caminos desconocidos sí pero a la vez reflexivos y placenteros. También nos da lucidez, y a veces nos concede alegría, sabiduría y paz. Igual la buena música, las canciones.

 

Algo más, no debes irte a la cama pensando en los problemas, y menos dormir abrazado a la soledad.

Sino que antes encomiéndate a Dios y déjale a Él todas tus penas. Quizás con la luz de un nuevo sol descubrirás que ese problema de ayer no era tan grave como tú pensabas.

 

Y habla con los ángeles y arcángeles, son muchos. Hay alguno que te espera para hacerte compañía. Además, siempre trae a tu cama la alegría del día, que por pequeña que sea, te será de buena compañía.

 

Tampoco dejes que la soledad haga nido en tu mente. Toma en cuenta que de tí depende si quieres volverte una presa más de ella. Y mucho menos hagas de la soledad un duelo. Por el contrario, sabiendo que la soledad solo está en tu mente, transfórmala en positiva con todo aquello que te motive, o cualquier detalle que te cause placer e ilumine tu rostro. Y nunca olvides que, en la soledad, hasta las estrellas son bellas.

 

Veamos: hace años, supe de la existencia de Hilda. Una señora que ya en edad madura vivía sola. Y como consecuencia padecía de lo que yo di en llamar el síndrome de la soledad.

 

Hilda solía escuchar una canción que hacía alusión a la soledad. Y cada vez que la escuchaba, sus ojos no contenían el llanto y por sus mejillas surcaban lágrimas de desconsuelo.

 

Yo jamás pude medir el dolor de la soledad de Hilda, ni alcancé a comprender el tamaño del olvido en que se encontraba.

 

Menos ahora, cuando estoy rodeado de amor por mis hijos, hijas, nueras, yernos, nietos, nietas, y a hasta de un Ángel. Mi primer bisnieto, y claro, de una esposa.

 

Y la realidad es que si piensas positivamente, así te irá en ese día.

 

Es cierto hay veces que la soledad nos causa heridas que no sangran pero cómo lesionan nuestro espíritu y mente. Y es tan cruel que nos hace perder la calma y sangrar el alma.

 

Pero de nosotros depende abrir la puerta para dar paso a la soledad. Porque la soledad no es creer estar sin compañía, sino aceptarlo. La prueba es que puedes estar en una reunión y sentirte solo.

 

Ya por último, evita a las personas que transmiten negatividad, esas que en el día a día hablan de calamidades, de catástrofes, de dolor y sufrimiento. Porque este tipo de personas te transmiten lo que son. Y eso solo te causa dolor en el alma. Y como lo decía Jorge Negrete en una de sus canciones: “la paz del alma no se compra con dinero. La paz del alma la concede solo Dios”.

 

Y es que el dolor del alma es mucho más grande que el dolor físico.

 

Cuestión de tiempo.