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Hoy es viernes, 9 de enero de 2026

En privado

• Las traiciones.


 

En el argot político-administrativo, nunca es tarde para que un jefe del ejecutivo sepa de deslealtades, y descubra las traiciones.

 

Me refiero a tiempos como estos, cuando el ejecutivo del que se trate está prácticamente a la vuelta de la esquina para dejar el cargo.

 

Así es.

 

Porque hay muchos funcionarios que desesperadamente y en momentos como estos los invade el nerviosismo y la impaciencia, y al sentir trepidar su sillón, es inaguantable el cosquilleo de sus pies.

Luego entonces están ansiosos por salir corriendo para cuadrarse y ponerse a la orden de quien creen habrá de ocupar la siguiente silla gubernamental.

 

Y obviamente se van, calificando sus reacciones como estrategias políticas y que conocen el arte de tejer finito.

 

Es entonces cuando, como los capitanes cobardes en tiempos de tormenta, abandonan el barco.

 

Son los de hoy, tiempos en que se ponen al día los juegos maquiavélicos, y sobresalen como siempre, los acuerdos perversos.

 

Sí, así es, pero lamentablemente son aceptables por aquello de “comer mierda sin hacer gestos”.

 

Y estos colaboradores se vuelven presos de la indolencia y el abandono, y se hacen acompañar de la flojera en el hacer, lo mismo que de la irresponsabilidad y el importamadrismo.

 

Y con ellos y en ellos inician las jugadas sucias y los golpes bajos, al igual que las murmuraciones y los vituperios.

 

Es, en síntesis, la deslealtad en todo su esplendor.

 

Donde po consecuencia emerge no solo la infidelidad, sino el complot, la maquinación, la vileza y la ingratitud.

 

Es cuando en medio del sigilo y la secrecía los unos y los otros juzgan, censuran y hasta reprueban, pero siempre emulando al avestruz, escondiendo la cabeza.

 

Es cuando las desbandadas y la dispersión, hacen acto de presencia, al igual que la estampida y la deserción.

 

Pero que quede claro, esto no tiene nada de nuevo, todos los gobernantes lo han sufrido. Unos más unos menos.

 

Y por supuesto, más aún poco después de dejar el cargo.

 

Es cuando se dan cuenta respecto a quiénes fueron y seguirán siendo sus verdaderos amigos.

 

Aunque en política, son raros, y se pueden contar con los dedos de una mano los que se decían amigos y aún lo siguen y seguirán siendo.

 

Simplemente porque la mayoría son convenencieros y oportunistas a grado tal, que existen quienes desearían hasta mandar al cadalso al gobernante.

 

Y entonces al mandatario en turno lo invade la decepción al descubrir a aquellos que solo querían sacar provecho y utilidad.

 

Pero los hay también los madrugadores, como fue el caso concreto de Rubén Muñoz, que a temprana hora y antes del arribo de Víctor Castro Cosío a la gubernatura lo traicionó con la intención de quitarlo del camino.

 

Así los habrá algunos que ya después, criticarán y hasta golpearán.

 

En síntesis, ya enseguida vendrá la decepción, el desengaño y la desilusión para el gobernante.

 

Vendrán con ello las reflexiones en la intimidad, respecto a lo que hizo, y lo que no hizo y que pudo haber hecho.

 

Porque ya fuera del argot político, un gobernante, cualquiera que sea, a veces es invadido por la nostalgia y la melancolía, por el sentimentalismo y la soledad, al grado de llegar al llanto.

 

Digo lo anterior, porque sé de alguno que así me lo confió.

 

En fin, para cerrar la entrega de hoy, será fundamental dejarles de reflexión una fuerte sentencia de Facundo Cabral:

 

“Traicionar a un amigo es un acto tan inmoral, que la persona que comete tal fechoría debería no levantar la vista del suelo jamás”.

 

Luego entonces, mucho cuidado con el karma, que no deja de ser esa misteriosa Ley Cósmica de causa y efecto.

 

Y con lo cual muchos de aquellos funcionarios a quien les quede el saco, estarán corriendo el riesgo de irse al ostracismo.

 

Cuestión de tiempo.