Diario El Independiente
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Hoy es jueves, 13 de junio de 2024

En privado

• Los Debates


 

 

Es lamentable para todos los mexicanos saber que hoy por hoy, los vientos negros que soplan desde los cuatro puntos cardinales, lanzan silbidos satánicos desde los debates presidenciales.

 

Y derivado de eso, qué lejos de las verdaderas necesidades del pueblo se están quedando los encuentros de la tercia presidencialista.

 

Debates que más bien se han convertido en un cuadrilátero de donde brotan insultos, señalamientos, y mutuas acusaciones.

 

¡Qué desgracia…!

 

Mientras allá, muy lejos, y guardadas en el arcón de los olvidos, van quedándose las angustiosas demandas que por varias causas tiene el pueblo de México.

 

Demandas que van desde inseguridad hasta desempleo, pasando por pobreza extrema, escasez de agua, falta de vigilancia, violencia extrema, asesinatos, drogadicción, Etc.

 

En efecto.

 

Y pareciera que los participantes se colocan una negra venda en los ojos para no ver ni las lágrimas de las madres buscadores, ni las tantas desgracias que laceran al pueblo.

 

Así es…

 

Como para no ver a los transportistas que inocentemente son asesinados. Y si bien les va, son vejados, golpeados y asaltados.

 

Como para no ver los constantes acosos y la violencia que sufre la mujer.

 

Y pareciera que se colocan tapones en los oídos para no escuchar los lamentos de la pobreza y los gritos de la miseria.

 

Para no escuchar el clamor de los padres y madres de familia por la falta de medicamentos para los niños con cáncer.

 

Mientras tanto, es decir mientras ellos, --los debatientes--, se desgastan arriba del ring, el país se hunde cada vez más, corriendo el peligro de zozobrar en medio de la tormenta.

 

No por una, sino por muchas razones.

 

Veamos.

 

Acá las amas de casa que al pasar los días ven cada vez más alta la canasta básica y luchan por alcanzarla, mientras las otras mujeres, asediadas por el miedo se niegan a salir a la calle.

 

Allá los jóvenes bien intencionados que acuden a la facultad temerosos al sentirse con un pie adentro y otro afuera de las organizaciones delincuenciales, y solo por la falta de mayores y mejores oportunidades.

 

Mas allá, portando siempre sus grasientos overoles están los obreros. Aquellos hombres rudos que por los siglos de los siglos y desde el interior de los talleres y las fábricas han sido explotados por el opulente.

 

Y mucho más allá los hombres del campo. Aquellos sombrerudos de callosas manos y rugosa frente, que bajo el intenso rayo del sol esperan la raquítica cosecha que amortiguará el hambre de su familia.

 

Todo eso, mientras los humildes Pescadores arriesgan sus vidas lanzando sus redes en esos mares turbulentos para que vivan mejor los nocivos intermediarios y los regordetes permisionarios que plácidamente solo esperan el regreso de aquellos.

 

Pero todo eso, pareciera estar muy lejos de la mente de los debatientes.

 

Porque en esa ronda de discusiones bizantinas pareciera que más bien tiene cabida la presunción, el envanecimiento y la soberbia.

 

Digamos, un lugar donde se observa un coloquio sin fondo, sin soluciones, sin respuestas.

 

Pero sí cargado de sorna.

 

Pero sí pletórico de injurias.

 

Pero sí con risitas irónicas y falto de argumentos.

 

Así es.

 

Un estrado donde pareciera que los diablos se hacen presentes para gozar sus maquiavélicas danzas en torno al fuego del infierno.

 

Un lugar cruentas disputas y de desgastantes altercados. Pero lejos de propuestas concretas.

 

Un lugar que más bien provoca irritación, desconsuelo, desánimo.

 

Todo, mientras el contexto social se convulsiona en medio de la pobreza, la inseguridad y el miedo

En fin.

 

Ojalá y esos amenazantes vientos apocalípticos que casi casi se avizoran, solo sean imaginaciones sin sustento, y no lleguen a tocar la faz de nuestra tierra.

 

Aunque, de antemano, vale decir que todo en su conjunto duele, lastima, y hiere al pueblo.

 

Cuestión de tiempo.