Diario El Independiente
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Hoy es jueves, 13 de junio de 2024

En privado

• Tiempos de desertores.


 

No cabe duda que cifrando esperanzas en ese bendito acuerdo que hoy por hoy les permite reelegirse hasta por cuatro periodos consecutivos, y poco antes de desertar, la gran mayoría de los diputados locales se echaron la cola al hombro.

 

En pocas palabras se dedicaron a matar el tiempo. haciendo de la Tribuna, el reducto del discurso veleidoso y el confín de la oratoria ficticia.

 

Y más bien ocuparon ese tiempo para realizar exhortos e invitaciones y decretos paupérrimos, además de inconsistentes puntos de acuerdo e iniciativas triviales.

 

Es decir, acatando la sentencia de que aquí no pasa nada, se les fue el valioso tiempo en discusiones bizantinas, carentes de argumentos, dejando traslucir su escaso conocimiento en el debate de las ideas, mientras el pueblo sigue sumido en la indefensión y la desconfianza.

 

Y la pregunta obligada salta a la palestra:

Por ejemplo, ¿qué han hecho en contra de expresidentes municipales que han lucrado desde ese cargo…?

 

En pocas palabras, fueron esos tiempos cuando como por arte de magia los recursos se esfumaron y por más explicaciones que hoy nos quieran dar los exalcaldes, mofándose de legisladores y de nosotros aseguran que les hicieron lo que el viento a Juárez.

 

Entre paréntesis, no me estoy refiriendo a Rubén Muñoz, conste.

 

¿O qué han hecho en contra de exdiputados locales que se han aprovechado de su cargo para trastocar leyes…?

 

Pues nada.

 

Entonces, ¿con qué calidad moral pueden pedir el voto nuevamente a la ciudadanía…?

 

Dicho de otra manera, ¿qué cara pueden exhibir ante la sociedad cuando llenos perversidad y apatía soslayaron los asuntos torales de la sociedad, lavándose las manos con el llanto de los inocentes…?

Y cuando además saben que allá, una vez sentados en la curul de la suerte, del fuero y el ocio, cubiertos con la coraza de la arrogancia, la presunción y la soberbiase se convirtieron en cómplices del desaseo y en protectores de la corrupción.

 

Entre paréntesis, no me estoy refiriendo a Armando Martínez Vega, conste.

 

Ahora.

 

¿Cuál será su discurso para convencer al electorado cuando navegan sin principios ideológicos, y cuando la sociedad sabe que allí van por las calles dando traspiés insertos en intereses bastardos y mezquinos, con la única intención de alcanzar otra vez el poder del fuero y la dieta?

 

¿Cuál será su perorata después de que martes con jueves y jueves con martes, profanaron la honorabilidad de un recinto erigido en aras de la libertad, de la soberanía, de la pluralidad y la democracia?

 

Bien lo he dicho que por sí sola, la política-política, es nítida, diáfana, transparente. Cristalina como el agua.

 

Tal como lo es la Ley.

 

Y he dicho también que son los hombres quienes en ambos casos fallan.

 

Que son los hombres quienes --a la Política y la Ley--, las conducen por ese bajo mundo de la perversidad.

 

Son los hombres quienes violan la ley y tuercen la política.

 

Son los hombres quienes la llevan por senderos equivocados y que son los hombres los responsables, de prostituir los nobles preceptos que encierran.

 

Son los hombres quienes, en nombre de la Ley y la Política, conspiran, confabulan, y entretejen falsedades para deshonrar, eslabonar ingratitudes y fraguar corruptelas.

 

En pocas palabras, son los hombres quienes ya perdidos en ese laberinto de complicidades y depravaciones, desde las altas esferas del poder, tejen redes de corrupción.

 

Que son ellos quienes, al amparo de esa muy extensa cobija, cohabitan con la perversidad.

 

Es pues, así como esos nuestros flamantes legisladores también se incrustan dentro de esta turbia mezcla de intereses para coadyuvar a estas prácticas malsanas.

 

Y por supuesto, desde sus intocables y bien pagados aposentos, se aprestan a dar de comer al pueblo el amargo atole con la punta de su erguido índice con el que rasgan la cúpula de ese sagrado recinto.

 

Pero ellos dicen ser comprensivos, conciliadores, cordiales y muy tolerantes.

 

Y sí lo son cuando se trata de perdonar el despilfarro, el abuso, el robo.

 

Cuando se trata de perdonar la perversidad de aquellos que saquearon las arcas de las administraciones municipales.

 

Todo eso, mientras, por culpa de ellos el contexto social se convulsiona en medio de la inseguridad y el miedo.

 

En fin, ojalá y el desaseo no alcance a tocar fondo.

 

Porque entonces ese contexto social al que me refiero podría llegar a su más cruel estado de indefensión e inanición.

 

Y de ser así jamás alcanzaríamos esa ansiada luz al otro lado del túnel.

 

Cuestión de tiempo.