Diario El Independiente
Diario El Independiente

Noticias de BCS, México y el mundo.


Hoy es miercoles, 30 de noviembre de 2022

En privado

Sangrientas Sotanas.



Tal vez con justa razón, y derivado de los borbotones de sangre que están contaminando las tierras mexicanas, las homilías dominicales obispales y sacerdotales han subido de tono.


Y muy en especial el sermón del obispo de La Paz, Miguel Ángel Alba Díaz, y cuyos discursos, bien pudieran hablar de un claro desafío de parte de grupos criminales organizados a las instituciones responsables de la seguridad en el país.


Y quizás más aún le asiste la razón al enterarse, que al despertar un nuevo día, dos sacerdotes jesuitas fueron asesinados en el municipio de Urique, Chihuahua, al interior de un templo de la comunidad de Cerocahui, y que de acuerdo con el Centro Católico Multimedial (CCM), de 2019 a 2022, es decir durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, ya han matado a 7 sacerdotes en México.


Es por eso que las homilías eclesiásticas que pronuncian en público los clérigos y que debieran contener solo explicaciones o instrucciones sobre ciertas materias religiosas, hoy por hoy se ven precisados a cambiar de tema para hablar de hechos violentos.


Y no es para menos, cuando estos hechos se están yendo mucho más allá, al grado de traspasar no solo los ordenamientos legales, sino los mandamientos cristianos.


Luego entonces la iglesia mantiene una postura de desaprobación e insiste en que cualquier hecho violento que está marcando no solo a un estado, sino al país en general, debe ser reprobado y en base a ello llaman a todos a trabajar por ser constructores de paz.


“Es, --dicen-- una oportunidad de llamar a la conciencias y recordar que estos hechos de violencia nos hacen un llamado urgente a transformar nuestra sociedad y a reconstruir, cada quien desde nuestra área, el tejido social de nuestros pueblos”, al tiempo que de las autoridades demandan cumplir con su tarea de investigar, aclarar, y procurar la justicia ante la violencia.


Ya antes, en esos dominicales sermones, el obispo Miguel Ángel Alba Díaz, había enviado preocupantes mensajes, no solamente para la autoridad que está obligada a enfrentar estos retos, sino para toda una sociedad que ya de por sí, por el espectro de una pandemia, vive con el miedo untado en la piel.


De ahí la importancia de que Víctor Castro Cosió, en su calidad de gobernante, ordene lo conducente para frenar a su debido tiempo el avance de los grupos de delincuenciales que, afortunadamente en Baja California Sur aún no han trastocado los factores productivos.


Es decir, tal y como lo han hecho ya en otros estados del país donde han provocado inclusive que los productores abandonen sus tierras de cultivo.


Luego entonces vale una actuación a tiempo de la autoridad, toda vez que de esa manera estarían evitando que estas cuadrillas de malvivientes continúen con la construcción de sus redes de perversidades.


Y es que los actos criminales provocados por estos grupos no solamente trastocan mandamientos cristianos y ordenamientos constitucionales, sino que vulneran derechos humanos y a su paso siembran terror en malolientes surcos de sangre de donde brota dolor y lágrimas.


De ahí que es imperativo para el gobernador y su gabinete de seguridad aplicar la inteligencia necesaria para evitar a toda costa que el cometimiento de hechos perniciosos rebase a las instituciones, e irremediablemente el control se les salga de las manos.


No olvidemos que a estos grupos se les califica de organizados, lo que deja en claro que utilizan estrategias viables para actuar. Por tanto las autoridades deben ser más inteligentes para enfrentar estos riesgos y amenazas que comprometan y afectan la seguridad de la población.


Claro que es muy fácil deducir que el tema de la inseguridad en todo el país y en particular en nuestro estado sigue siendo un tema que merece mucha atención y un análisis muy profundo, y en el que reiteradamente se tiene que ahondar, por el dolor que causa a toda la sociedad.


Como también hay que decir que la seguridad es un rubro donde se marcan inconsistencias y fallas. Lo mismo que vicios y debilidades, los cuales deben ser erradicados.


Y no es para menos, cuando el propio Víctor Castro Cosió, sabe perfectamente que los huecos que deja la falta de fortaleza y de energía, son las puertas por donde pasan los delincuentes.


Y sabe también que las corruptelas e impunidades son los recovecos que con derecho a picaporte aprovechan para actuar los delincuentes.


Ahora bien, sabemos todos que de frente a la inacción y a la pereza, los grupos criminales no duermen. Por el contrario avanzan.


Y justamente es ese letargo oficial es el que nos obliga a que cotidianamente tengamos que desayunar noticias de sangre y cadáveres.


Y la suma de todo es motivo suficiente para llevarnos a un profundo estado de ansiedad y depresión. De ahí que veamos muy lejana la esperanza de alcanzar la paz anhelada.


Además, Víctor Castro no ignora que la Democracia conlleva factores como Justicia, Tolerancia, Desarme, Derechos Humanos, Respeto a la Diversidad Cultural, a la Preservación del Ambiente, y lograr la Prevención y Resolución de Conflictos. Y aquí no omito que la Democracia, es un pregón que junto a la férrea defensa de los pobres, camina de la mano de la Cuarta Transformación.


Y sabe que alcanzar la paz, efectivamente es una responsabilidad del gobierno y tarea de todos.


Pero en ello, por tratarse de la vida de seres humanos, la iglesia se obliga a involucrarse.


En síntesis, esos sermones dominicales de los jerarcas eclesiásticos sobre la percepción de inseguridad, ya están rasgando el cielo. Y no es para menos cuando sienten que ya asoman las lumbres del infierno.


Mucho más ahora, cuando las desgracias salpican de sangre las sotanas.


Y tal vez por todo eso le asista la razón al Obispo de La Paz.


Cuestión de tiempo.