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Hoy es miercoles, 30 de noviembre de 2022

En privado

Los desafíos de la democracia.




Al ser garante de que la voluntad de la ciudadanía se exprese libremente en las urnas y prevalezca, el INE es y sigue siendo un bastión de la libertad y la independencia, constituyéndose en un ente capaz de enfrentar día con día los desafíos de la democracia.


Y si tomamos como principio que la construcción de la autonomía del entonces Instituto Federal Electoral (IFE) hoy INE, tuvo como base un mandato constitucional y un diseño institucional, todos los mexicanos y las mexicanas deberíamos ser aliados y convertirnos en férreos defensores de esa institución.


No es para menos, cuando al constituirse el IFE se cumplió con uno de los principales objetivos que perseguíamos y que consistía en garantizar que las elecciones fueran organizadas por un ente imparcial, totalmente ajeno al poder y que brindara, tal como lo hace justamente hoy, garantía y seguridad tanto a la ciudadanía, como a los actores políticos.


Luego entonces a estas alturas podemos reafirmar que el INE es orgullo para todos nosotros y gran ejemplo para el mundo, y más aún para países como Cuba, Nicaragua y Venezuela donde la tiranía, la arbitrariedad y el totalitarismo han provocado no solo el retraso económico y social, sino el sufrimiento de los pueblos por la falta de un INE y por culpa de individuos que se han anquilosado en un poder absoluto.


Así es. Pese a todo lo que se diga, el Instituto Nacional Electoral (INE) nos ha dejado en claro que no trabaja para ningún partido político o gobierno en especial, ni tampoco lo hace en su contra, sino que su labor la desarrolla para la ciudadanía. Ese conglomerado que confía y sigue depositando la confianza en su INE.


En pocas palabras, a partir de las Reformas realizadas a la Constitución en materia electoral, cuando el Congreso de la Unión expidió el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE), y que ordena la creación del Instituto Federal Electoral (IFE), es cuando los mexicanos contamos todos ya con una institución imparcial que da certeza, transparencia y legalidad a las elecciones federales.


Por ende, el trabajo realizado por el INE desde aquel 11 de octubre de 1990, con la primera sesión de su máximo órgano de dirección: el Consejo General, y siendo su primer presidente don Fernando Gutiérrez Barrios, debe ser reconocido como un logro histórico e irrenunciable para la sociedad civil.


Y no es para menos cuando las mexicanas y los mexicanos, después de aquellas cruentas luchas de nuestros antepasados hemos aprendido a valorar la libertad, y también hemos aprendido que la democracia se ejerce a través de la emisión de un voto ciudadano tal y cual lo hacemos hasta los tiempos modernos.


Es indiscutible, tal como lo reafirma Lorenzo Córdova, su presidente, el INE, a juicio de la mayoría de los ciudadanos, es la institución civil con mayor confiabilidad, lo que se pone de manifiesto mediante el trabajo realizado en los últimos ocho años, en los más de 300 procesos electorales organizados por el Instituto, en donde el índice de alternancia es de más del 62 por ciento y con beneficio a todos los partidos políticos “esto quiere decir que los órganos electorales estamos para garantizar que la voluntad de la ciudadanía sea libremente expresada en las urnas y prevalezca”, afirma.


Ahora bien, en cuanto a la representación proporcional, hay que recordar que la grandiosa idea de instaurarla, que se dio a partir de diciembre de 1977, en el caso de los diputados, y en agosto de 1996 en el de los senadores, habría sido apoyada por los partidos minoritarios, y por las bondades que trae consigo al ser una forma de garantizar la pluralidad en el Congreso de la Unión, sin duda que también fue respaldada en su momento por el ahora presidente de México, pues con ello se asegura a cada partido político una representación si no matemática, cuando menos sensiblemente proporcional a su importancia real.


Es por eso que al final de cuentas la mayoría de los mexicanos no alcanzamos a comprender el por qué ahora, es precisamente Andrés Manuel López Obrador, quien pretende suprimir esa gran oportunidad que por un derecho ganado en sus luchas cotidianas les asiste nada menos que a los partidos minoritarios.


Sobre este último particular, habríamos de traer nuestra memoria a don Jesús Reyes Heroles, quien sin duda, fue uno de los personajes que entendió muy bien el significado de la representación proporcional cuando puntualizó que el gobierno de México sabrá introducir reformas políticas que faciliten la unidad democrática del pueblo, abarcando la pluralidad de ideas e intereses que lo configuran, mayorías y minorías que constituyen el todo nacional y el respeto entre ellas, su convivencia pacífica dentro de la ley es base firme del desarrollo, del imperio de las libertades y de las posibilidades del progreso social.


A estas alturas pues, y derivado de la gran cantidad de partidos políticos, es de reconocer que la lucha por el poder político se ha tornado muy intensa, lo que se manifiesta en cada jornada electoral.


Sin embargo, ello no es razón ni motivo para aventurarnos en estratagemas que nos lleven ni a una batahola, ni mucho menos a la falta de respeto a las leyes, lo cual sería mucho más preocupante y verdaderamente alarmante.


Por tanto, debemos ser cuidadosos para no caer en provocaciones que nos impulsen a una descomposición política sin precedentes.


No es para menos, ya que de ser así estaríamos sucumbiendo ante instigaciones que solo nos conducirían al caos, lo que no queremos, pues este tipo de actos se convierten en la antesala del autoritarismo, que tampoco queremos.


Y no lo queremos, porque al caer en la incitación, corremos el riesgo de llevar a nuestro país por caminos equivocados que podrían ser de dictaduras, justamente como les está ocurriendo a nuestros hermanos cubanos, nicaragüenses y venezolanos.


Y no lo queremos porque pese a todo, seguimos viviendo en Democracia y amamos la Libertad.


Cuestión de tiempo.