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Hoy es domingo, 14 de agosto de 2022

En privado

• Trío satánico.


En política, tanto la  tozudez como la soberbia, son malas consejeras. Y realmente son tan negativas, que juntas, --soberbia y tozudez--, cuando se incrustan en el alma de un ser humano y se apoderan de su cerebro, solamente conducen a rupturas y desbandadas al interior del partido de que se trate. Y en este caso, es a Morena a quien le toca bailar con la más fea.

 

En efecto, inicio esta entrega de hoy escribiendo lo anterior, para dejar en claro que, cuán difícil es y será en un futuro  próximo, esa encrucijada que el trío satánico, --integrado por Leonel Cota Montaño, Armida Castro Guzmán y Rubén Muñoz Álvarez--, vía una traidora emboscada, le están poniendo en el camino a Víctor Castro Cosío.

 

Por cierto, no quiero pecar de repetitivo, pero debo hacerlo para dejar en claro una vez más, que en todo el tiempo que me he dedicado a escribir sobre temas políticos, he observado que luego de que un partido político obtiene el poder de manera indiscutible, como es el caso actual de Morena, siempre, ya  una vez que el partido se posiciona, los golpes surgen del interior del partido, y de ahí por consecuencia surgen los desencuentros y  las desbandadas. Y ya por último se advierte  el debilitamiento del partido.

 

Esta vez, cuando inmersos en la obstinación y en el envanecimiento,  se advierte la existencia de esta terna maldita, que a toda consta pretenden salirse con las suyas, no hay excepción de ningún tipo. Menos cuando a todas luces queda la evidencia de que la intención manifiesta es dañar la imagen política de Víctor Castro Cosío, poner piedras en sus zapatos y trabas en su desempeño como ungido candidato de Morena al gobierno de BCS.

 

¿Pero, cuáles han sido las insanas intenciones de cada uno de los integrantes del trio satánico?: Las de Leonel Cota Montaño, lograr que su hijo Manuel Cota Cárdenas, sea el ungido por Morena, como candidato a la presidencia municipal de La Paz. Las de Armida Castro Guzmán, ser de nuevo candidata por Morena a la Presidencia Municipal de Los Cabos. Y las insanas intenciones de Rubén Muñoz Álvarez, ya las conocemos todos: ser candidato por Morena a la gubernatura de Baja California Sur. Así de simple.

 

Sin embargo, no me cabe la menor duda alguna que en esos recovecos y torcidas brechas por donde transita la política, la lealtad, honra a quien la brinda; y fortalece a quien la recibe. Y por el contrario, la traición, lleva implícita un intento de debilitar a quien la recibe. Pero estoy seguro que envilece, pervierte y degrada mucho más a quien la comete.

 

Y esos códigos no escritos en la política,  muchos de nosotros –por la labor de periodistas que hemos ejercido-- los hemos experimentado desde afuera. Mientras que otros,  --por las responsabilidades oficiales que han tenido— lo han atestiguado desde adentro. Y es que simplemente las traiciones siempre han estado a la orden del día.

 

Y estas vertientes podrían ser algunos de los motivos por los que, gentes, como es el caso de  Manuel Cota Cárdenas, quien anunció su separación del cargo como director general de Desarrollo Social para postularse por la alcaldía de La Paz, difícilmente pueda conciliar el sueño,  tras haber dejado el cargo para buscar esa posición, aun en contra de las decisiones que ha tomado el profe Víctor Castro. Pero, claro, retomando los consejos de su padre, Leonel Cota.

 

Y los mismos sobresaltos, --me imagino--, estarán en la agenda preocupante del presidente municipal de La Paz, y de la presidenta Municipal de Los Cabos,  por el hecho de querer saber quiénes de sus colaboradores dispondrán de la fortaleza suficiente para seguir siendo fieles y no caer en la tentación de la traición; es decir, si los seguirán o no, en esas sus muy particulares terquedades. Más aún, cuando saben que el actual proceso electoral, no está del todo fácil y –por tanto-- los ofrecimientos de los partidos de enfrente, lo mismo que de los candidatos, están a la orden del día.

 

Todo esto –por supuesto-- sin descartar la posición de Leonel Cota Montaño, quien –dicho sea de paso-- llegó a comer en el mismo plato del profe Víctor Castro Cosío, y que hoy por consecuencia ha de sentir y seguirá sintiendo esa fría lejanía.

 

Por tanto, si a como se ve, en el pecado llevarán la penitencia, no es para menos que en estos momentos, --todos ellos--, se paseen en el filo de la navaja y penosamente se tengan que ubicar entre la posibilidad del triunfo y el riesgo de la derrota.

 

Es por eso que siempre he reiterado que la política es el arte de comer mierda sin hacer gestos. Aun cuando desde mi particular forma de analizarla, he dicho, –y sin temor a equivocarme--  sostengo que se trata de una prostituta. Una prostituta que se va con cualquiera;  que ya sea por dinero o por placer, un día se acuesta con uno, y amanece con otro. Y veletas al fin, la mayoría de los políticos así lo son.

 

Los trienios, y  los sexenios  nos lo han comprobado. Y en los cruentos escenarios no solamente hemos advertido penosas batallas y  cruentas luchas de hermanos contra hermanos y amigos contra amigos, sino que hemos sido testigos de cómo los discursos se han escrito con tinta sangre, y donde el luto, con su negro crespón, ha hecho derramar lágrimas. Casos trágicos, de pasarelas demagógicas cargadas de hipocresía,  por donde la política se ha contoneado, disfrazada a veces de puta fina, a veces de puta barata, y a veces, --con guadaña en ristre-- de fina Catrina.

 

Y todo –mi estimado e inteligente lector-- confluye y emana justamente en ese binomio de: lealtad y traición, en donde justamente están inmersos los ya mencionados, que quiérase o no, ya deben sentir pasos en la azotea.

 

Por eso me atrevo a adelantar que una vez pasado este proceso electoral que ya tenemos en puerta, si Víctor Castro obtiene la victoria, se verá obligado a hacer un alto en el camino para ponderar el inalienable principio de la lealtad, y al mismo tiempo,  analizar la penosa trapacería de la traición. Incluso, de no salir victorioso, deberá hacer lo mismo.

 

 Y ya después, sin que sienta temblor en sus manos,  ni mucho menos angustia o piedad, poner en el fiel de la balanza a esta terna satánica.

 

Porque a todo eso –amigo lector-- lo están obligando esas deslealtades, esos recovecos, y esas veredas torcidas de la política, a las que hoy, hago referencia.

 

 Cuestión de tiempo.