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Hoy es sábado, 16 de enero de 2021

En privado

• Otra vez el pueblo.


Como usted ya lo sabe mi estimado lector, el proceso electoral federal, que es  considerado como el más grande y complejo de la historia de México, dio inicio formalmente el pasado 7 de septiembre, y en él se habrá de votar para  renovar más de 21  mil cargos de elección popular en todo el país.

Así es. Porque en estos comicios de 2021 se elegirá nada más y nada menos que a 500 diputados federales, 15 gubernaturas, mil 063 diputados de 30 congresos locales, así como mil 926 ayuntamientos en 30 estados de la república, en donde por ende  se ubicará a Baja California Sur para elegir gobernador del estado, diputados locales en 16 distritos, dos diputados federales y cinco ayuntamientos.

Ahora bien, durante este proceso tendrán derecho a participar los partidos: Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), Acción Nacional (PAN), Revolucionario Institucional (PRI), del Trabajo (PT), Verde Ecologista de México (PVEM), Movimiento Ciudadano (MC) y Encuentro Solidario (PES).

En esta ocasión, quise hacer esta entrada informativa, para iniciar mi crítica de hoy, diciendo que a la par de las próximas elecciones, los partidos y los candidatos ya se alistan para nuevamente engrosar el mitin de los marginados, de los apestados, de los jodidos. De aquellos seres a los que allá, en sus conversaciones coloquiales con su risa franca y abierta los políticos llaman los muertos de hambre.

Que muy a pesar de lo que opinen los políticos de nuevo cuño,  ha llegado la hora de pasar lista de los acarreados, como también de los muertos que no pueden descansar en paz porque los obligan a votar.

Que ha llegado la hora de quienes les tocó en suerte sobrevivir en la marginación y en el olvido justamente hasta que se hace presente un nuevo proceso electoral como es el caso y que es cuando se acuerdan de ellos.

Que ha llegado la hora de aquellos hombres y mujeres  que aun en contra de su voluntad, se verán obligados a escuchar los asfixiantes y fingidos discursos de la engañosa perorata y de la demagogia.

Que ha llegado el momento propicio para que con su rostro amable y pleno de ingenuidad,  los candidatos engaratusen a los desposeídos, muy a sabiendas de que la necesidad obliga al pueblo a disputar las tortas de la esperanza y a matar el hambre con las despensas rellenas de falsas promesas.

De hecho pues, se acerca la hora para que de nueva cuenta preparen al pueblo para que se convierta en el actor principal de la tragicomedia. Y por supuesto para que sea la carne de cañón y el conejillo de indias con el que cada tres años sueñan los candidatos. Aunque después, esos mismos candidatos,  ya colocados en sus nuevos cargos, sufran de amnesia y hasta leviten perdiendo el piso.

Llegan los tiempos de la ofensiva danza del dinero, donde el pueblo se transforma en simple observador al ver cómo  irremediablemente los millones se van por los laberintos de la hipocresía y la falsedad,  y finalmente se pierden por las coladeras del disimulo, el encubrimiento y la inmunidad.

Tiempos donde los pobres pueden acudir una vez más a  medio llenar su estómago con ese gran banquete cubierto con los divinos manteles de la democracia. A esa comilona en donde justamente el pueblo habrá de ser el plato fuerte y el postre,  en medio de eso que será el inolvidable bacanal para los  triunfadores.

En síntesis, ha iniciado el agasajo de los lobos y el sacrificio de las ovejas, donde el pueblo se apresta  para formarse una vez más en esa larga fila del engaño, de la indiferencia y de la ignominia; tal como lo hacen los condenados al patíbulo.

Tiempos donde  una vez, con su astucia y sagacidad, pero con sutileza e hipocresía los candidatos alistarán al pueblo para que se encargue de condecorar la fiesta electorera; a sabiendas del valor que justamente tiene el pueblo en tiempos de elecciones.

Y allá llevarán al pueblo, como el cordero al matadero, como el verdugo al condenado, y como si se tratara de simples marionetas pendiendo de los  hilos asidos a las grotescas manos de los candidatos,  mientras tanto, los de arriba que se autonombran directivos de los partidos políticos se debaten en sonoras carcajadas al tiempo que levantan sus copas de licor para brindar por sus anticipadas victorias.

¡Vamos! ¿Qué son unos cuántos meses para que de nueva cuenta uniendo sus manos los candidatos transformen sus rostros en puritanos, en hermanitas de la caridad… en santos? Y todo para conseguir el triunfo.

¿Qué son unos cuantos meses para que una vez más el amasiato y la fornicación de los partidos políticos, en esa convivencia de hermanos coaligados,  hagan efectiva la orgía del disimulo...  de la falsedad… del engaño.

¡Qué tanto falta para eso?

Cuestión de tiempo.