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En privado - sábado 04 julio 2020


• El Maestro Palacios Avilés

---Oye maestro, ¿y por qué surgió ese pleito entre los diputados? –le pregunté en esa ocasión cuando en el Salón de Sesiones del Congreso del Estado, un par de legisladores casi se liaban a goles después de haber recurrido a las palabras altisonantes.

 

---Porque cuando los argumentas se agotan, inicia la violencia—me respondió sabia y secamente el profesor Gil Palacios Avilés.

 

Originarios de Santa Rosa, (hoy Los Cabos), entre los Palacios Avilés, también estaban su hermana Ema, una dama muy preparada quien dominaba perfectamente el idioma inglés. Además de Héctor, que fue el primer presidente municipal de Los Cabos, y el MC, Ingeniero Raúl Palacios Avilés un hombre que ostentó diversos cargos de gran responsabilidad. Es decir una familia muy destacada.

 

De quizás 50 años de edad (en ese entonces), Gil Palacios era un hombre prudente, parco, circunspecto, mesurado, aunque en ocasiones gustaba bromear.

 

Pero pecaba de ser totalmente imparcial, objetivo, neutral, equitativo y justo. Y sumamente recto. De tal manera que fue al único diputado a quien en varias ocasiones escuché brotar de sus labios esta expresión: “Gil Palacios Avilés, en contra”.  Esto, a pesar de que en ese tiempo, (cuando solo había 7 distritos) todos pertenecían al PRI, menos uno.

 

En efecto, Gil Palacios Avilés perteneció a la Primera Legislatura del Congreso del Estado en el periodo del 20 de Marzo de 1975 al 30 de Marzo 1978, junto a Gilberto Márquez Fisher I Distrito. Teresa Delgado de Varela II Distrito. Manuel Salgado Calderón III Distrito. Gil Palacios Avilés IV Distrito. Clemente Pérez Octaviano V distrito. Antonio Álvarez Rico  VI distrito (que tras su muerte trágica, entraría Gloria Davis de Bezinger su suplente), Juventino Hernández Rubino VII distrito. Todos del PRI. Y Francisco Higuera Martínez, (denominados Diputado de Partido) por el PPS.

 

En aquellos mis primeros años de Reportero, del maestro Gil Palacios, --aquel hombre sagaz e inteligente--, aprendí muchas cosas. Recuerdo un día cuando dialogando con él, sonriendo un tanto irónico y apuntando discretamente con su dedo índice por debajo de su curul al resto de legisladores, me dijo:

 

---Mira muchacho, la mayoría de esos diputados “vienen de arriar vacas por la cola”; y han llegado aquí “a la buena de Dios”. Por eso no les pasa por su cabeza que la sede del Poder Legislativo es cuna de la democracia, de la soberanía y de la libertad. Entonces nuestra responsabilidad va mucho más allá de ser unos arrieros.

 

Luego me puntualizó:

---Justamente para eso estamos nosotros los diputados. Para velar que se cumplan esos tres sagrados principios en que debe sustentarse la garantía de un  Estado.

 

Esa vez, finalmente me expresó:

---Y para que con conocimiento de causa podamos gritar a todo el mundo que desde el Poder Legislativo emana el Estado de Derecho, justamente aquí debe tener cabida el pluralismo y la tolerancia. Por tanto debemos actuar con parcialidad. Y para lograr los objetivos, los diputados debemos tener suficientes argumentos para debatir, para deliberar y no caer las provocaciones.

 

Poco después, en cierta ocasión, en otra de sus críticas me dijo:

---Es una lástima que esos diputados no alcancen a ver más allá de sus narices. Debemos tomar en cuenta que nuestra entidad es como un niño que acaba de nacer, por la que hay mucho por hacer y a quien debemos cuidar y engrandecer.

 

Y nada menos en estos momentos cuando los actuales diputados y diputadas de la XV legislatura han convertido al congreso del estado en el reducto del desaseo, de la aberración y la vergüenza, vinieron a mi mente esas palabras sabias del maestro.

 

En efecto, porque la actuación de las actuales disputadas y diputados nos deja en claro que esta legislatura es la más aberrante, por el descaro, el cinismo y el atrevimiento con que ellas y ellos han actuado.

 

Porque allí en el Congreso del Estado, ya solo se habla de suspensiones, de madruguetes, de ilegalidad, de transgresión de leyes…

 

Porque las actuales diputadas y diputados, con su indignidad, su presunción y soberbia, han deshonrado y han mancillado el Salón de Sesiones.

 

Y no es para menos cuando las actuales diputadas y diputados solo se han dedicado a profanar la honorabilidad del sagrado recinto de la legalidad.

 

No es para menos cuando los insultos, las mordidas, los denuestos y las riñas entre ellos y ellas, no han estado ausentes. Así como  los gritos y los jaloneos han estado presentes.

 

No es para menos cuando el desorden, las denuncias y los Juicios políticos, han sido parte del Orden del Día.

 

No es para menos cuando al interior del Congreso ya solo se habla de turbios manejos, de supuestos actos de corrupción, y de conflictos de intereses.

 

No es para menos cuando ---en plenos tiempos de hambre y pandemia---, desde esos oscuros laberintos se tejen las tenebrosas redes del despilfarro, la desviación de recursos, el dispendio y el derroche.

 

¡Maldita sea!, pero yo pregunto:

¿Acaso han convertido ese honorable recinto en un nido de impunidad para proteger a malhechores y maleantes?

¿Acaso han convertido ese sagrado recinto en cueva de vividores y malandrines?

 

 Si es así, otra vez diré: ¡maldita sea!... 

Cuestión de tiempo.