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En privado - sábado 28 marzo 2020


• La mula que no patea, muerde

 

Así, tal como si fuera una parvada de aves de mal agüero, la perversidad, la apatía y la indolencia, volvieron a  posarse allá, en la parte más alta de la cúpula del Congreso del Estado, para después dejar caer sus huevos en los ociosos nidos construidos en las curules de las y los diputados. Y ya finalmente esos mismos huevos, de nuevo empollaron arrogancia,  presunción, soberbia e importamadrismo. Es decir como antaño.

 

Y no es para menos, cuando las y los legisladores –salvo raras excepciones--  argumentando la vieja sentencia de que “aquí no pasa nada”, siguen condenando al pueblo a la  desconfianza, a la inseguridad, a la desgracia. Y una vez arrepentidos de sus pecados, aun cubiertos por la coraza del fuero, se confiesan ante Satanás en  su intento de no pagar --frente a Dios-- sus penitencias.

 

En efecto, incrustados siempre en vanas discusiones, ellas y ellos han matado el tiempo elaborando Exhortos e Invitaciones. Preparando Decretos sin sentido, e Inconsistentes Puntos de Acuerdo, lo mismo que Iniciativas triviales. Y han seguido allí, volando por los cielos sudcalifornianos emulando al gavilán, derramando sus cacas,  que “ni huelen ni hieden”.

 

Y  a como se observa, seguramente serán otros tres años de mediocridad. Como los anteriores. Donde habrá carencia de análisis y de juicio. Donde faltará el debate de las ideas, de los acuerdos. Donde estará ausente el argumento.

 

Seguirán allí donde martes con jueves,  y jueves con martes, con su largo índice en alto,  profanarán la honorabilidad de un recinto erigido en aras de la libertad, de la soberanía, de la pluralidad, de la democracia; y  con sus uñas seguirán rasgando la cúpula parlamentaria de la libre expresión de las ideas. Así lo cree el pueblo que confió en ellas y ellos.

 

Es lamentable decirlo pero, sin principios ideológicos, e insertos en intereses obscuros, las y los diputados seguirán cayendo en la inercia y en la holganza. Y con esas poses de diva que acostumbran, seguirán convirtiendo esa máxima tribuna en la pasarela de los reflectores, del culto a la personalidad, de los elogios mutuos.

 

Y al fin, proclives al protagonismo y al aplauso, seguirán desdeñando los más nobles sentimientos del pueblo Y ya sentados en la curul del ocio y la dieta, tanto aquellas como aquellos, han de seguir cubriéndose con la armadura de la arrogancia, de la presunción y la soberbia. Y así seguirán, acorazados por la apatía y cubiertos por la Indolencia haciendo de la Tribuna el reducto del discurso veleidoso y el confín de la oratoria ficticia.

 

Y allí seguirán limándose las uñas y pegados a los mitotes de su celular. Soslayando los asuntos torales del pueblo que tienen que ver con la delincuencia, el hambre, la pobreza y el Corona Virus; y para no contagiarse, se han de lavar las manos con el llanto y la sangre de los inocentes, convirtiéndose en cómplices del desaseo y protectores de la corrupción.

 

Un despreciable desaseo y una rechazable corrupción que ellas y ellos han practicado y siguen practicando desde el interior del recinto parlamentario para después hacer lo que hacen los pillos: repartirse el botín.

 

Tolerantes al fin, seguirán perdonado el despilfarro, el abuso, el cinismo,  y la perversidad de aquellos que han saqueado las arcas de todas las administraciones municipales, y que  de paso, se mofan de ellos y ellas, al igual que de nosotros, el pueblo.

 

Porque es desde el propio Congreso del Estado donde se formulan acuerdos y contubernios para evitar que los transgresores den una explicación de las desviaciones de los recursos y cumplan con la Ley. De lo contrario hay contubernio.

 

He dicho y hoy lo reitero, que los distractores –en ocasiones crueles-- como los que están aconteciendo en estos momentos, donde el contexto social mundial, al igual que el sudcaliforniano se está convulsionando terriblemente, sirven a los políticos para meter la cabeza, y evitar que ruede.

 

Luego entonces son ellos, los políticos,  desde las altas esferas del poder quienes hacen de la Ley su modus vivendi al conducirla por senderos equivocados. Y llevarla por esos laberintos de complicidades y perversidades.

 

Y una gran responsabilidad la tienen los legisladores, quienes al igual que el avestruz optan por esconder la cabeza incrustarse en esa turbia mezcla de intereses, convirtiéndose en protectores de  la impunidad para finalmente desde sus intocables y bien pagados aposentos dar de comer al pueblo atole con  el dedo.

 

Y justamente allí, --al interior de ese sagrado recinto--, una vez más las y los diputados esta vez ofrecieron su show.

 

Un show donde, como las hienas, --a mordidas-- un par de legisladoras se disputaron el control de las finanzas del pueblo.

 

Pero no lo hicieron preocupadas por el pueblo. Ni lo hicieron porque deseaban que la gante humilde dispusiera de comida en su alacena. Ni tampoco lo hicieron porque les duele el dolor de los sudcalifornianos que pudieran contagiarse por Corona Virus.

 

Se mordieron porque se olvidaron de todo, menos de hacer política. Se mordieron hasta sangrar porque como siempre, no tuvieron argumentos para debatir.

 

En efecto, las diputadas locales Lorenia Lineth Montaño Ruiz, del Partido Encuentro Social (PES) y Rosalba Rodríguez López, de Morena, terminaron mordiéndose la una a la otra, en lo que fue calificada como una riña callejera.

 

“La legisladora del PES mostró a los medios de comunicación una mordida en el antebrazo derecho, mientras que la diputada de Morena presentó una lesión en la oreja, misma que sangró, y otra en el antebrazo izquierdo”, según se supo.

 

Todo esto, mientras el  pueblo, ha de seguir caminando no solamente a  su más cruel estado de indefensión. Sino a lo que se ve a la vuelta de la esquina: su ya infalible inanición…  Cuestión de tiempo