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En privado - sábado 10 agosto 2019


• México. Estado de indefensión

Es del todo indiscutible la expresión del presidente Andrés Manuel López Obrador  cuando dice: “lleva tiempo limpiar la mugre”. No es para menos. Los otros, --también podría decirlo AMLO-- se llevaron 75 años y apenas medio sacudieron el polvo. Por aquí y por allá dejaron regado montones enormes de escombros y  basura,  que hoy –vale decirlo-- se han incrementado. Y lo peor es que el estiércol, las boñigas y el excremento lo han desparramado. De tal manera que la situación ha empeorado; y la hediondez, sobre todo de esa putrefacción de los muertos, ya se ha tornado insoportable.

 

Dicho de otra manera --también coloquial--, el gobierno federal actual, desde sus inicios se puso a mover los panales y torear a todos los vitachis, y en lugar de echarles flits, les proporciona alimento y les da agua para beber y así tenerlos contentos, para que de esta manera solo ataquen a los indefensos, es decir al pueblo, a los de abajo, y no toque a los de arriba. Y todo se basa en ese recalcitrante amor y paz que el presidente pregona, aunado a la férrea defensa de los derechos humanos de los delincuentes.

 

La gran prueba de lo anterior lo representa en estos momentos una entidad sin tortillas: Guanajuato. Y con eso, los delincuentes han rebasado límites. Han llegado al clímax. Porque con eso han tocado las fibras más sensibles del pueblo. Y usted señor presidente sabe perfectamente  que la tortilla, es el sustento, es la base en el alimento diario del mexicano. Sin tortilla ningún mexicano –al menos los de abajo-- puede subsistir. Es decir a las familias le han pegado donde más le duele: el estómago.

 

Entonces, sin antes dejar de preguntar: ¿Qué sigue? También habré de cuestionar: ¿Qué va a hacer ahora señor presidente…? ¿Qué va a declarar ahora señor presidente…? ¿Qué aquí no pasa nada…? ¿Qué vamos progresando…?

 

Por esto el hartazgo ha llegado a la sociedad mexicana hasta provocarle el vómito. Y porque  tal como lo he reiterado hasta el cansancio, la delincuencia, esa que hoy por hoy ha adquirido el derecho a picaporte en los juzgados, no son precisamente unas hermanitas de la caridad a las que se le debe profesar abrazos y besos. Y con su actitud y con esas declaraciones matutinas de gran cariño hacia ellos, usted señor presidente les ha dado la mano,  y con eso, los delincuentes le han tomado el pie.

 

Por eso la impaciencia, por eso el dolor, por eso el sufrimiento y el hartazgo, de toda la sociedad mexicana. Porque, la ligereza, la irresponsabilidad y el importamadrismo, se siguen contoneando por los pasillos de los juzgados y adueñándose de las oficinas de los jueces permitiendo la libertad de los criminales y con ello dando paso a su descarada reincidencia. Mientras, --lo he dicho también--, los juzgados se siguen convirtiendo en los nidos de la justificación, de la simulación, de la impunidad. Y de seguir las cosas así,  la violencia seguirá creciendo y la justicia por mano propia, será la solución.

 

Y todo esto que está pasando, señor presidente, son signos de malignidad, de inmoralidad, de depravación, de perversidad, de impunidad. Es decir las mismas prácticas nocivas del pasado. Aquellas que usted se comprometió a atacar y en su caso, acabar y porque todo se deriva precisamente de la corrupción.

 

Hay que hacer memoria: en una de sus conferencias matutinas, usted hizo el compromiso de exhibir a todos aquellos jueces “a modo y al servicio de la delincuencia” que, “bajo el anonimato” liberan a presuntos delincuentes, los cuales “Salen libres burlándose de la autoridad”. Literal lo dijo usted.

 

Pero nadie hasta el momento ha visto hechos, o acciones concretas al respecto. Luego entonces, por el contrario nos sentimos obligados a aplicar el beneficio de la duda y decir que la frivolidad, la indiferencia y el cohecho, seguramente han de seguir permeando entre los hombres de la toga y el birrete, en tanto el pueblo –receptor al fin-- sigue y seguirá sufriendo las consecuencias de esa falta de acciones.

 

Por otro lado, señor presidente,   en estos momentos, cuando la violencia está provocando terribles nauseas sociales, al grado que está obligando al pueblo a defecar miedo y vomitar coraje,  rebasando ya los límites de la razón para obligarlo a hacerse justicia por su propia mano, creo que debe moverle a usted la conciencia y tórnalo más sensible para actuar con mano dura. Porque de seguir así las cosas, la sociedad resbala estrepitosamente hacia la profundidad de ese abismo  que no deseamos. Es decir hacia un estado de anarquía, donde forzosamente y a falta de atención y estrategia oficial, tendrá que predominar nada aceptable en la sociedad moderna, como lo es la Ley del Talión.

 

¿Por qué? Porque lamentablemente esa falta de acciones gubernamentales están abriendo las puertas a la ineficacia, a la extralimitación y a la brutalidad social. Y dando paso al desorden, a la violencia y al caos. Mientras por otro lado esa misma falta de acciones está cerrando las puertas al entendimiento, a la comprensión y a la sensibilidad, para finalmente convertirnos en lo que no deseamos en pleno siglo XXI: en trogloditas. Y lo también preocupante es que todo en su conjunto está empantanando  a la Justicia, tornándola muda, sorda, lenta e ineficaz.

 

Pero lamentablemente mientras usted y su cuarta transformación siga en su enconada lucha contra los conservadores, mientras siga solo pregonando el amor y la paz, y mientras siga advirtiendo: “nada que atente contra los derechos humanos”, dejando por un lado el hambre y el dolor del pueblo,  seguramente ese conglomerado que un día confió ciegamente en un cambio, seguirá transitando por las oscuras brechas de la sinrazón y el desorden, hasta que finalmente, tal como si fuera una olla de presión, tendrá que explotar.

 

Porque esa pasividad, esa inercia, y esa  inactividad que hoy se advierte desde las esferas de gobierno, es lo que está conduciendo a la sociedad por esos obscuros senderos del terror y el miedo. Y justamente esa indolencia, esa indiferencia, esa  inacción y esa insensibilidad gubernamental, es lo que seguirá conculcando a la sociedad a cobrar el ojo por el ojo, y el diente por el diente.

 

Simplemente porque no le queda otro camino.

 

Cuestión de tiempo.