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Lo derecho es lo decente - jueves 07 febrero 2019


Muy buenos días estimados lectores, gracias muchas gracias por continuar prefiriendo nuestro periódico El Independiente. El mandato siempre será del pueblo y de la Ley, el Gobierno es de la Ley. El principio de legitimidad de todo gobierno es la legitimidad de la voluntad general. El gobierno no es un poder, sino un oficio.

Permítame comentarle que la palabra “utilidad” es, un término abstracto que expresa la propiedad o la tendencia de una cosa a preservar de algún mal o procurar algún bien;  mal es pena, dolor o causa de dolor; bien es placer o causa de placer. Lo conforme a la utilidad o al interés de un individuo es lo que es propio para aumentar la suma total de su bienestar;  lo conforme a la utilidad o al interés de una comunidad es lo que es propio para aumentar la suma total del bienestar de los individuos que la componen. Soy  partidario del principio de la utilidad cuando mido mi aprobación o desaprobación  de un acto privado o público por su tendencia a producir penas o placeres: cuando me sirvo de las voces justas, injustas, morales, inmorales, bueno, malo, como de términos colectivos que expresan ideas de ciertas penas y de ciertos placeres, sin darle ningún otro sentido.

 

Por otro lado; hago de su conocimiento que la naturaleza humana es la misma en todos los hombres, resulta claro que según el derecho natural, “cada uno debe estimar y tratara los otros como seres que le son naturalmente iguales”, es decir, que son hombres lo mismo que el… entiendo que el lector sacara otras consecuencias que nacen del  principio de igualdad natural de los hombres. Señalare tan solo que la violación de este principio es la que creo la esclavitud política civil.

 

De ahí surgió que, en los países sometidos al poder arbitrario, los príncipes, los cortesanos, los que manejan las finanzas poseen todas las riquezas de la nación, mientras que el resto de los ciudadanos solo tienen lo necesario y la mayor parte  del pueblo gime en la pobreza extrema. De todas maneras, que no apruebo en un estado la quimera de la igualdad absoluta que apenas puede alumbrar una república ideal. “la justicia divina y la justicia natural son por su esencia inmutables y constantes, puestos que la relación entre dos mismos objetos es siempre la misma; pero la justicia humana, o sea la política, no  siendo más que una relación entre la acción y el Estado variable de la sociedad.

 

Las Leyes son las condiciones con que hombres independientes y aislados se unieron en sociedad, fatigados de vivir en un continuo estado de guerra y de gozar una libertad convertida en inútil por la incertidumbre de conservarla. Sacrificaron una parte de ella para gozar la restante con seguridad y tranquilidad. La suma de todas estas porciones de libertad sacrificadas al bien de cada uno  constituye la soberanía de una nación y el soberano es el legítimo depositario y administrador de ellas. Si la interpretación  de las Leyes es un mal, es evidente otro mal, la oscuridad que arrastra consigo necesariamente la interpretación, y lo será más grande si las Leyes están escritas en una lengua extraña al pueblo. Cuanto mayor sea el número de los que entiendan y tengan entre sus manos el sagrado código de las Leyes, tanto menos frecuentes serán los delitos, porque no hay duda de que la ignorancia y la incertidumbre de las penas favorecen la elocuencia de las pasiones.