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Lo derecho es lo decente - jueves 31 enero 2019


Muy buenos días estimable lector, gracias muchas gracia, por brindarnos la confianza y aceptación de nuestro periódico El Independiente.

Inicio comentando a Usted, en la actualidad se ha reconocido oficialmente que uno de los problemas más graves del País, es la deficiente acción policiaca, fundamentalmente, tanto en los mandos como el adiestramiento de las fuerzas de seguridad pública. Actualmente las organizaciones policiacas son ineficaces, y se enfrentan ahora por primera vez, con delincuentes organizados, y no pueden con ellos porque según la criminología; “Mientras la delincuencia progresa y se organiza cada día más, y más, la policía con sus ineptos mandos se ha quedado atrás”. La impunidad en el crimen es alarmante, los delitos de mayor impacto quedan impunes y el crimen que no se castiga es crimen que se repite. Ahora bien en los momentos de perturbación social el delincuente encuadra en el tipo pseudorevolucionario que trata de hacer pasar sus delitos por actos de reivindicación social. Actualmente son las acciones y esta de sucediendo con los llamados “Huachicoleros” en distintos estados de la República Mexicana.

 

Desde mi punto de vista, la total reorganización de las policías debe construir una de las más importantes preocupaciones de los Estados dela República, ya que nuestro glorioso Ejercito Nacional, solo debe apoyar y auxiliar en circunstancias muy graves y no llamarlo constantemente para resolver problemas que no le corresponden, y para los cuales no está específicamente entrenado. Lo digo porque la estructura social en que vivimos, está basada en nuestra Constitución y lógicamente los gobernadores de los Estados deben poner atención preocupándose en reorganizar y perfeccionar las fuerzas de seguridad, con la finalidad de poder fortalecer, y formar policías de carrera, para que conjuguen un elevado nivel moral y capaces de hacerse cargo de los mandos policiales, desde luego y vehemente ofreciendo una buena paga y crear un instituto técnico de criminalística y policiologia.

 

Es importante analizar, ¿Qué es la policía en comparación con el Ejército? El Ejército es por definición la fuerza pública de diversas milicias y armas que sirven a una Nación para hacer la guerra en defensa de su independencia, de su integridad, de su dignidad y decoro, además para asegurar el orden institucional y la paz interior. Los militantes prestan sus servicios en el ejército; su carrera es profesional y permanente estando adiestrados científicamente para el mando de las unidades en combate. Para los servicios; es, en suma, un profesionista capacitado  para el “Arte de la Guerra”. Considerando que el termino militar connota todo lo perteneciente o relativo al ejército, a la milicia o a la guerra, y que se llama militarismo al predominio del elemento militar sobre el conglomerado civil, la policía no debe por ningún concepto se análoga o parecida, sino que por definición es anticastrense, es decir, o puesta a lo militar y al ejército.

 

Se tiene que tomar en cuenta que los militares están fundamentalmente entrenados para la violencia, el sufrimiento y el sacrificio; para mantener su serenidad en las batallas; permanecer estoicos ante la tragedia; contemplar la destrucción  y la desgracia; para no dejarse conmover por el lamento; ni impresionarse ante la queja a la agonía de sus compañeros o el enemigo, al cual deben sustituir; solamente un militar bien adiestrado, a través de los años puede conservar su sangre fría para dirigir a sus hombres en el fragor de los combates, bajo la metralla enemiga. Únicamente largos años de experiencia y de servicios logran endurecer al militar al grado de ser posible que pueda disparar proyectiles mortíferos contra otros seres humanos, sin más motivo que vestir un uniforme distinto;  y al que por ello hay que arrojarle granadas, quemarlo con lanzallamas, aniquilar con tanques y dejarle caer bombas a sabiendas de que todo ello no significa más que destrucción y muerte.

 

Concluyo;  la única Ley que rige al Militar es la disciplina; la obediencia al superior jerárquico y el cumplimiento de las misiones, que le son encomendadas a toda costa, sin importar vidas llegando hasta el sacrificio de la propia vida si es necesario.