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Hoy es lunes, 18 de octubre de 2021

Gran tribuna

Hoy otra vez siento ese latigazo al corazón al saber que la empresa de Elias Pando en Puerto San Carlos cierra puertas. Se va por problemas económicos serios que ya no puede sortear.


Inminente el cierre de la principal fuente de empleo de Puerto San Carlos

Hacen falta en BCS policías que investiguen

No me regocijo del dolor de miles y miles de sudcalifornianos que a lo largo de la historia han perdido sus empleos. Padecí la estocada colectiva cuando cerraron las maquiladoras. Después el injusto cierre de Aerocalifornia. Poco después la huelga loca del Hotel Los Arcos. Más tarde una veintena de restaurantes. Da pena que los trabajadores salgan a la calle a sufrir las más crueles de las mordidas al ánimo, que es el hambre. 

Hoy otra vez siento ese latigazo al corazón al saber que la empresa de Elias Pando en Puerto San Carlos cierra puertas. Se va por problemas económicos serios que ya no puede sortear. En los próximos días centenares de familia se quedan sin empleo. Es decir sin sustento para sus familias. Una noticia pésima para muchos.

Pero no para aquellos servidores públicos como los legisladores locales y federales que tienen la obligación legal y moral de procurar que estos cierres no se den. Me sumo al dolor de la gente y a la necesidad urgente de que se haga algo para revertir este marrazo en la cabeza de ese pueblo noble como es Puerto San Carlos.

Hacen falta en BCS policías que investiguen. Hubo uno excelente. Hoy les hablo de él

Tu periodista. Yo policía. Los dos, amigos para siempre. Y lo fuimos. Esa amistad sellada con un abrazo, nunca se interrumpió. Vaya, ni en agosto del 2008.Cuando murió. Estoy recordando hoy a Ramón Elizondo Almeida. Un policía de carrera y de aciertos. El Momitas, como le llamaban sus amigos, fue en Sudcalifornia el gran policía, que requieren todos los pueblos del mundo. Sabía su oficio y lo más importante parecía, lo que era. Alto, casi dos metros, delgado. A veces, usaba una elegante Texana gris, su inseparable pistola, una Magnum. Y sus botas negras, bien boleadas. 

Lo conocí cuando inicie mis pininos periodísticos. Era reportero de la sección policiaca, del Vespertino Avante. Propiedad del maestro Alfredo Carballo, al que por cierto cuando le pedí empleo me dijo “Solo tengo una plaza. En la policiaca ¿Le entras? No lo dude, porque recién llegado de la Toba, tenía hambre de todo tipo, de alimentos, de conocimientos, de vocación. Y a darle y con ganas, les confieso que cubrir esa sección es una experiencia sin igual. La adrenalina fluye por todos los poros. Flaco, demasiado flaco a mis diez y siete años, esa etapa me quito el hambre. No tenía apetito cuando jugueteaba en mi cabeza la nota de ocho columnas. Y les platico solo un caso donde salió a flote la capacidad innata de Elizondo, para detener a los asesinos. 

Era un jueves a las diez de la mañana. A la redacción llamó mi personaje de hoy y dijo; Vente a la oficina ¡ ya!. Tenemos un crimen. Y me fui raudo y veloz. Al llegar a la comandancia, subí a la patrulla y ahí vamos; en la construcción de lo que hoy es la clínica del IMSS, la de Cinco de Febrero, en una paila que es un aparato para esterilización, estaba un cadáver. Fue un joven albañil, que jugando con su compañero se metió ahí y este, le cerro. Y murió asfixiado. Era un espectáculo, dantesco, escurría la sangre por el piso. Y Ramón, con ese olfato que le caracterizo, solo dijo; el asesino no debe ir muy lejos. Y si, el viernes en San Lucas, lo detuvo en la escalera del Ferry. Un éxito más. A Ramón, ningún asesino, asaltante, ningún malandrín, se le fue vivo. Incorruptible, sagaz, solidario. Maestro: ahí están los policías auténticos que fueron sus alumnos; José Zavala Álvarez, Felipe Lara y machismos más, que lo honran. 

El tiempo, que es a mi juicio el máximo juez, le otorgo lo que he dicho: su toque de clase, el ser mejor policía que ha pasado por estas tierras. Murió. Y se llevó con el toda una larga historia de ese sórdido mundo de la delincuencia, a la que combatió con todas sus fuerzas. Fue mi amigo. Y como tal, cuando pienso en mis inicios periodísticos, parece que lo veo con esa sonrisa franca y esas palabras alentadoras. Y esa expresión que me regalaba todos los días. Animo amigo, la vida este día nos dará sorpresas. 

Adiós Ramón, me debes una despedida, porque te fuiste, como fiel a tu estilo; discreto y sin dejar huellas.( dedico estos recuerdos al maestro Alfredo Carballo Cota, ya fallecido y a todos los policías de mi estado. En especial aquellos que ponen por delante su vocación, antes que otras cosas

CONVERSACIONES CON EL DIABLO 

Interesante y aleccionadora la comparecencia del secretario de finanzas Isidro Jordan Moyron. El colaborador más cercano al ejecutivo demostró tablas, paciencia y vastos conocimientos de su responsabilidad. Bien y adelante...Salvo un joven de origen americano al que se responsabilizó por el incendio en la zona de los Comondús, hace un par de años, ya no hemos sabido que se han fincado responsabilidades en los últimos incendios de los muchos que se han registrado en la entidad. 

El más reciente por su magnitud, es uno de los que más impacto han causado en lo ecológico. Y por esa magnitud merece que la autoridad de una respuesta a ese tamaño. Una colilla de cigarro no puede ser la respuesta. Se antoja ligera, improvisada y sin sustento. La ciudadanía espera... Y lamento con dolor el accidente sufrido ayer por mi señor padre. Hago votos por su pronta recuperación. Y pido a mis hermanas y hermanos que tengan fe en que este hombre, saldrá adelante... Y con esto nos despedimos, deseando lo mejor...Y no olviden; hagan el bien. Y sean felices.