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El Caballito como en el siglo XIX

jueves 03 noviembre 2016 | Por: Independencia | Cultura El Caballito como en el siglo XIX

CIUDAD DE MÉXICO. Un tono “verde oscuro, pero no tan oscuro”, similar al que pudo haber tenido la pieza a mediados del siglo XIX, será la apariencia que tendrá la escultura ecuestre de Carlos IV en siete meses y medio

CIUDAD DE MÉXICO.

Un tono “verde oscuro, pero no tan oscuro”, similar al que pudo haber tenido la pieza a mediados del siglo XIX, será la apariencia que tendrá la escultura ecuestre de Carlos IV en siete meses y medio, cuando concluya su restauración y conservación luego de la afectación “irreversible” que provocó la fallida rehabilitación a base de ácido nítrico, ordenada de manera irregular, por las autoridades de la Ciudad de México.

Recobrar el esplendor que tuvo la obra aún implicará tiempo y dinero. El costo total, incluyendo los estudios previos y la intervención de la escultura, sumarán siete millones 576 mil 995 pesos, y será hasta  finales de mayo o principios de junio de 2017, es decir, tres años y ocho meses de que resultó afectada, cuando quede completamente remozada. En su Diagnóstico y proyecto de intervención para la conservación y restauración de la escultura ecuestre de Carlos IV y su pedestal, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) confirmó que en 2013 la obra de Manuel Tolsá resultó afectada en el 45% de su superficie, lo que provocó tres daños principales: la pérdida de la unidad visual; la pérdida irreversible de materiales e información histórica y el comportamiento diferencial de la superficie metálica produciendo corrosión del bronce. Sin la presencia de ninguna autoridad capitalina, ni siquiera del director del Fideicomiso del Centro Histórico (FCHCM), José Mariano Leyva (sustituto de Inti Muñoz, una pieza clave en la fallida restauración), Liliana Giorguli Chávez, coordinadora Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural, informó que el equipo que encabeza realizará la limpieza total de la pieza y su estabilización material, así como la unificación de sus acabados y la aplicación de material protector de la intemperie. Para combatir los daños será necesario llevar a cabo la estabilización química de los materiales: “hay productos salinos que generan corrosión y están lesionando la estructura metálica, haremos una regeneración de los óxidos de cobre, una de las afectaciones del ácido cítrico es que elimino capas de óxido de cobre que son estables, tenemos que regenerar exactamente esos óxidos para que la escultura recupere una unidad integral de comportamiento”, dijo. Además, se elaborará un manual de conservación que será entregado al Gobierno de la Ciudad de México para evitar futuros daños.
 INTERVENCIONES
Después de que el FCHCM fracasó en su intento de llevar a cabo la restauración de El Caballito, la Secretaría de Cultura federal, a través del INAH, debió atraer los trabajos y concluir los estudios previos, iniciados por la autoridad capitalina, para determinar un proyecto de restauración de la obra. En esos estudios, los especialistas encontraron restos del acabado orgánico original con que Tolsá recubrió su estatua de aleación de bronce en 1803 y del cual se estima que actualmente sólo se conserva un 10%. Los análisis determinaron más capas posteriores sobre el bronce, que fueron aplicadas en por lo menos siete intervenciones posteriores: una en 1858, cuando la pieza fue repintada; otra en 1931, cuando se le agregó pintura “alquidalica” de tono verde olivo; en 1960, cuando se le dio otra patinación artificial; en 1972, cuando la pieza se somete a restauración y en 1979, cuando se lleva la escultura a Plaza Tolsá desde la intercepción de Bucareli y Reforma. También fue intervenida en 1992 y finalmente en 2013. De acuerdo con Jannen Contreras, coordinadora de conservación de la escultura, el porcentaje del material original que Tolsá puso a la pieza pudo haber sido mayor, pero el uso de ácido nítrico en 2013, “dio al traste con lo que hubiera quedado”. Ese color original que puso el escultor, le valió halagos de Alexander von Humboldt, quien habría expresado en 1814 que el artista “tuvo el buen gusto de no dorar el caballo” y simplemente revestirlo con una capa de “barniz de color olivo-parduzco”. A partir de ese primer tono y los posteriores que ha tenido la pieza, los especialistas obtendrán un color promedio de donde resultará la coloración que le será otorgada a El Caballito, pero cuidarán que no sea “un color chocante” para la gente.  “La coloración la vamos a determinar hasta el final, si resulta que es demasiado claro y resulta un poco chocante respecto a la percepción que ha tenido la gente en los últimos 60 años, entonces estaremos haciendo una adición de color negro para que sea más compatible a lo que recuerda la mayoría, si no resulta chocante lo mantendremos de esa coloración, la coloración que estamos intentando recuperar es la de mediados del siglo XIX”, dijo Contreras. Hasta el momento, los especialistas del INAH han realizado 84 calas y 60 cortes estratigráficos en la superficie de la escultura. El color final que tendrá la pieza será determinado cuando se complete su limpieza. Por el momento se sabe que la escultura tiene 9.05 metros de altura y 2.9 metros de ancho, así como 5.04 de largo y que pesa 13 toneladas; que fue inaugurada el 9 de diciembre de 1803 y que su pedestal se diseñó posteriormente en 1852, pero que fue reconstruido en 1979. También se ha determinado que el monumento está constituido mayormente de bronce, aunque contiene en pequeñas cantidades plomo, estaño y zinc, así como residuos de plata, mercurio y silicio. Tolsá elaboró El Caballito con la técnica de cera perdida e hizo la pieza en una sola fundición, agregando después complementos como la peana, el carcaj, la espada y los elementos de arreo. En el interior de la pieza aún se pudieron identificar residuos de madera y soga, así como fragmentos de arcilla que debieron ser utilizados cuando se fundió la obra. Si bien la pieza fue fundida en 1802, Manuel Tolsá tardó 14 meses en entregarla. Los especialistas han identificados diversos parches que el escultor agregó después y rastros de los acabados a cincel y punzón que debió hacer el propio artista. La restauración a que será sometida la pieza aprovechará para reintegrar algunos parches que se han perdido y también incluye la restauración del basamento, diseñado por Lorenzo de la Hidalga, que principalmente ha sido afectado por filtraciones de agua. De las denuncias que el INAH interpuso ante la PGR “contra quien resulte responsable” por los daños que se ocasionaron al monumento en 2013, no se ofrecieron novedades.