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-Perdí la pierna cuando tenía 31 años y a mi madre no la conocí-… LA HISTORIA DE LA MORENA DEL CENTRO

miércoles 14 octubre 2015 | Por: Dionicio Lara Lucero | La Paz -Perdí la pierna cuando tenía 31 años y a mi madre no la conocí-… LA HISTORIA DE LA MORENA DEL CENTRO

• “Le canto a la injusticia… Se me han muerto 5 de mis 6 hijos y a uno solo lo escuché llorar cuando nació, pero no supe más de él… Dionicio Lara Lucero La Paz, Baja California Sur.- Las primeras veces que vi

-Perdí la pierna cuando tenía 31 años y a mi madre no la conocí-… LA HISTORIA DE LA MORENA DEL CENTRO • “Le canto a la injusticia… Se me han muerto 5 de mis 6 hijos y a uno solo lo escuché llorar cuando nació, pero no supe más de él… Dionicio Lara Lucero La Paz, Baja California Sur.- Las primeras veces que vi a la Morena, (apodo que yo le puse) fue sentada y con su par de muletas por un lado, en las banquetas por los rumbos de Jalisco y Forjadores.

LA HISTORIA DE LA MORENA DEL CENTRO

Casi siempre entonando una canción de amor y desamor. De dolor y frustración y tal vez de irritación contra los hombres, contra la injusticia… contra la soledad… Al paso del tiempo, la observé con su tierna humanidad recostada en las paredes del edificio de la CFE, contiguas al mercado Nicolás Bravo, allí por la calle del mismo nombre. Y para mi buena suerte, a mediados de esta semana, recibí un telefonema mi Director: “Dionicio, busque a esa dama morena, que le falta una pierna y haga un reportaje sobre su vida que la gente sepa quién es…” Ayer cumplí esa orden… Gracias a esa encomienda pude descubrir en “La Morena”, esa inquietud y desazón interna que muchos guardamos y ese lado “flaco” que a veces, o casi siempre, nos hace tambalear. “La Viky”, Virginia Vidales Hernández, que es su nombre, describe el horror de cuando perdió su pierna izquierda, y el cruento sufrimiento por haber perdido a su hermana menor, a su padre, a cinco de sus seis hijos, y sobre todo porque…. “a mi madre, no la conocí…”. Viky, me explica que tenía 31 años cuando desgraciadamente le amputaron la pierna: ”fue el 31 de diciembre de 1991, yo tenía que trasladarme a Culiacán Sinaloa, del rancho Monares, donde trabajaba y esa tarde noche, estando yo en una calle esperando el camión que venía de Tamazula Durango, me arrolló quedando mi pierna arriba de mi cabeza”. “Pero no me desvanecí, y vi que a ese carro lo seguía una patrulla. Entonces se detuvieron los policías y uno de ellos hizo con su camisa un torniquete en mi pierna. Y perdí el conocimiento hasta que estaba en la clínica del Hospital de tierra Blanca. Sin embargo, asegura que no fue esa vez cuando le amputaron la pierna: “sino que unos días después que me dieron de alta, tome la decisión de venirme para La Paz, y esa vez en Sinaloa estaba lloviendo a torrenciales y en el traslado al aeropuerto me mojé con el agua sucia y sin darme cuenta se me infectó la herida”. Agrega que luego de llegar a esta capital, soportando los dolores de la herida, en el aeropuerto Manuel Márquez de León, fue auxiliada por un señor de nombre José Francisco Tejada, quien trabajaba en los Ángeles Verdes, y ahí mismo la trasladó a su unidad: “hasta que llegó una ambulancia que me llevó a la colonia Ruiz Cortínez, al domicilio de mi papá, donde permanecí todo ese día y toda la noche soportando las altas temperaturas que me provocaba la herida”. Afirma que al día siguiente su padre la trasladó al hospital Juan María de Salvatierra, “donde me anestesiaron localmente y me cortaron la pierna. Pero recuerdo que el doctor que me atendió primero empezó a quitarme pedazos de piel mientras me decía: de aquí sale un burrito, de aquí sale una hamburguesa, de aquí puede salir hasta un bistek ranchero… y aborrecí por muchos años la carne…”. --Viky, cuéntame de tus padres ´--le pido, y así lo hizo: “Mi padre se llamaba Josué Vidales Ramos, era de nacionalidad norteamericana, había nacido en California Estados Unidos; mi madre, María Concepción Hernández Mercado, fue ella quien me registró junto con mi padre, en Trojes del Paraíso Zacatecas, el 18 de mayo a las 4 de la tarde…”. Viky, detiene un instante su conversación. Se quita sus lentes y seca unas lágrimas que asoman a sus tristes ojos. Enseguida, con voz enronquecida, agrega: “mi verdadera madre se llamaba Juana Luna, era de una zona de tolerancia en Fresnillo Zacatecas… no la conocí…”. Comprendo al instante que no quiere hablar mucho del tema. Y cambiando de conversación la cuestiono: --De tus hijos. ¿Me puedes hablar de ellos…? Y nuevamente guarda silencio. Pero después habla: “Tuve seis hijos. Pero me vive solamente una que se llama Cecilia Dolores…”. --¿Cómo está eso de que solo uno sobrevive? –la escudriño. Y sin dejar de observar ese profundo dolor que le atraviesa el alma, Viky, me los desglosa de esta manera: “Mi primer hijo, nació muerto... Se me reventó la fuente, y al llamar un taxi, después de que llegó a donde yo estaba, el taxista me vio ensangrentada y me dijo: “yo no quiero cochinero en mi carro” y se fue; Entonces para cuando llegué al hospital, mi hijo ya había muerto…”. Escucho otra vez su voz quebrada, enronquecida, cuando agrega: “mi Sergio Ramón, murió el 11 enero 1998 y está sepultado en Jardines del Recuerdo; mi Blanca Maria Zucena, se me murió apenas unos meses después, el 9 junio 1998 y también descansa en Jardines del Recuerdo; mi Juanita Inés se me murió el 15 septiembre 1976, y está enterrada en Los Sanjuanes”. --Te falta uno Viky –le digo. Y sus lágrimas no se contienen al explicarme: “Uno nació en el hospital Salvatierra; pero nunca supe nada de él… solamente lo oí llorar… nunca me lo entregaron…”. Y con su mirada lastimera, advierto que tampoco quiere seguir con ese tema. Por eso de nuevo cambio la conversación: --¿Por qué cantas… a qué le cantas, Viky…? -Y la noto un poco más entusiasmada cuando responde: “Canto porque nadie me cree lo que platico… le canto a la injusticia… le canto a la soledad… le canto a las madres… le canto a los niños…” --¿Cómo le hacer para comer, Viky, qué comes… pasas hambre? “La verdad es que como de vez en cuando, cuando mis amigas de cunado estaba en la escuela me traen algo de comer… y paso hambres, pero me aguanto… pero no le robo a nadie. Ahorita estoy muy preocupada porque un amigo me prestó un microondas y lo empeñé en cien pesos y no tengo para sacarlo…” --¿Sufres…? “Sí, sufro cuando veo el maltrato a las personas mayores… sufro cuando sé que los llevan a un asilo… sufro cuando sé que golpean a una persona adicta a las drogas… sufro cuando veo a un niño que llora por un pedazo de tortilla…”. --Gracias, Viky. --Gracias a usted y que Dios lo Bendiga.

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