Noticias de BCS, México y el mundo.

Donald Trump, un fenómeno político

lunes 05 octubre 2015 | Por: Independencia | Internacional Donald Trump, un fenómeno político

  CIUDAD DE MÉXICO. Por más de dos meses y contra todos los pronósticos, el multimillonario Donald Trump ha dominado la precampaña presidencial republicana con una mezcla de carisma, espectáculo, incongr

Donald Trump, un fenómeno político   CIUDAD DE MÉXICO. Por más de dos meses y contra todos los pronósticos, el multimillonario Donald Trump ha dominado la precampaña presidencial republicana con una mezcla de carisma, espectáculo, incongruencia, cólera y nativismo. El ascenso de Trump fue tan rápido y tan sorpresivo que muchos analistas, incluso algunos de los más sólidos politólogos del país, han comparado al empresario de bienes raíces con algunos de los grandes fenómenos políticos de la historia de EU, del famoso senador Joe McCarthy al también empresario Ey varios otros, del gobernador y senador por Louisiana Huey Long o el gobernador racista George Wallace. Joe McCarthy convenció a parte de los estadunidenses de la "gran conspiración comunista" a principios de 1950, en tanto que Perot cabalgó una oleada de descontento económico y se presentó como candidato presidencial independiente en 1992 y en 1996. Su candidatura dañó la presunta reelección del republicano George H.W. Bush en 1992 y favoreció la elección del demócrata Bill Clinton.

fenómeno político

Huey Long surgió a la política en Louisiana durante la "Gran Depresion" económica de 1929 y se hizo popular con base en una plataforma de redistribución de la riqueza que usó para llegar a gobernador y luego a senador. Long, un personaje controversial en Estados Unidos, fue asesinado en 1935 mientras buscaba la posibilidad de lanzarse a la Presidencia aliado con un famoso predicador por radio, el sacerdote católico Charles Coughlin, abiertamente antisemita y anticomunista. George Wallace se convirtió en 1963 en la encarnación de la resistencia a la integración racial, a la que se opuso físicamente como gobernador de Alabama aunque según varios historiadores lo hizo más bien para contentar a sus votantes blancos. Esa postura le permitió postularse en 1968 a la Presidencia de los Estados Unidos a la cabeza de un "Partido Independiente Estadunidense" y lograr 13.5% de la votación. Pero más allá, los republicanos han adoptado luego una estrategia similar, aunque suavizada que formó parte de la estrategia electoral de Richard Nixon, Ronald Reagan y George H.W. Bush. Pese al ego estadunidense ese tipo de personajes no es único de su país. En el mundo ha incluido nombres de personajes tan políticamente opuestos como Adolfo Hitler y Charles de Gaulle. La fórmula, dicen historiadores y analistas, es la misma. Un personaje carismático que surge en momentos de inquietud y que convence a un sector que tiene las soluciones, generalmente sencillas y directas, a todos los males representados en un sistema político que no responde. Pero al mismo tiempo no son elementos del “sistema”, de equipo. Juegan para sí mismos y los de sus intereses, cualesquiera que sean. Y con frecuencia su llegada tiene implicaciones negativas para los organismos donde aparecen. En el caso de Donald Trump, no son pocos los analistas y aún los miembros tradicionalistas del Partido Republicano que lo ven no sólo como un intruso de dudosas credenciales sino como un posible elemento de disolución del partido. La candidatura de Trump, afirmó el diario británico The Guardian, “se ha convertido en un fenómeno cultural”. La retórica nativista, populista del empresario, “ha tocado una fibra en muchos votantes y su riqueza le permite mostrar un chocante desdén por las políticas de partido”, apuntó. Esas políticas son o pueden ser las de negociación, intercambio de concesiones o alianzas con grupos otros que los de la propia pureza ideológica o los que están de acuerdo con el líder, en este caso Trump, que ha empleado todos los elementos a su disposición, y notablemente su prominencia como figura pública, del espectáculo, en su meteórico ascenso. Trump es “mucho más que el anfitrión de un programa de televisión, sino una personalidad completamente mediática que ha sido por décadas alimento del periodismo tabloide... es tal vez el primer aspirante presidencial con su propio juego de tablero...", indicó el corresponsal Ben Jacobs en el periódico inglés. Pero la aceptación de su fuerza y de su presencia no ha reducido las advertencias de que una candidatura presidencial de Trump sería negativa para el partido y lo que representa. Para nadie es o debe ser un secreto que el espectáculo y la política van tomados de la mano, creen varios historiadores. Y de hecho Trump, un personaje mediático que pasó años en la televisión con su serie The Apprentice (El Aprendiz) y representándose a sí mismo en programas y películas, es el mayor espectáculo de todos en los prolegómenos del ciclo electoral 2016. Muchos, sin embargo, "se maravillan -o pretenden hacerlo- de que la política sea tanto de entretenimiento y animosidades como de ampulosidad nacionalista y teorías de la conspiración sin base", indicó el profesor de historia Leo Ribuffo, de la Universidad de George Washington en la capital estadunidense. Para el historiador Jonathan Rose, catedrático en la Universidad de Drew, el surgimiento de Trump era algo predecible porque su candidatura se basa esencialmente en "la política de carisma". Y Trump tiene carisma. Una que de acuerdo con expertos hace olvidar inconsistencias y contradicciones, imposibilidades y procedimientos. “Algunos líderes carismáticos dicen tonterías perniciosas, pero todos se presentan a sí mismos como valientes y francos, que hablan abiertamente lo que políticos hipócritas no se atreven a decir... Sin inhibiciones, expresan lo que realmente sienten acerca de los ricos, los judíos, Hitler, colaboracionistas, la guerra de Vietnam o los ilegales". Es una estrategia que según Rose, los hace "inmunes a los errores" a pesar del enojo de algunos escuchas. Pero para algunos "son inspiradoramente honestos". Que Trump critique a los ricos, siendo multimillonario, es incongruente, pero a nadie le extraña. Que se ostente como abogado de una política de fuerza y presuma de sus hazañas deportivas escolares cuando evadió el servicio militar con el pretexto de molestias en un talón, tampoco resulta congruente. Pero eso no le importa a sus seguidores, que igual que él usan y abusan cuando es necesario del sistema que dicen rechazar. De acuerdo con el sociólogo alemán Max Weber, en tiempos de crisis para el sistema los ciudadanos buscarán el lado opuesto a los burócratas y optarán por "un líder carismático". Rose precisó que "tal como lo definió Weber, en tiempos de problemas síquicos, físicos, económicos, éticos, religiosos o políticos, los 'líderes naturales' no han sido ni personas electas ni titulares de una ocupación" sino figuras inspiracionales" contra el aparato impulsados por una forma de locura divina (o diabólica). "La estructura carismática no sabe nada de formas o de un procedimiento ordenado de nombramiento o despido (simplemente proclama ‘está despedido’); el líder ‘no sabe de estatutos o códigos abstractos’ (la Constitución por ejemplo)... “el carisma sólo sabe de determinación interna y decisiones por declaraciones de voluntad personal”. Parte del atractivo de Trump es su evocación de temores que parecen casi atávicos entre algunos estadunidenses. En ese sentido, Trump “llegó a tope de las encuestas de opinión pública en un nutrido campo presidencial republicano al aprovechar su legado de discriminación y con ataques a los inmigrantes indocumentados de México como una amenaza a la economía y la sociedad estadunidense”, apuntó Ron Briley, maestro de historia. El argumento “apela a los temores y las inseguridades” cuando los estadunidenses se sienten vulnerables a ataques terroristas y mientras la economía parece lenta y casi estancada. El temor a los migrantes no es nuevo en Estados Unidos, pese a toda su leyenda de nación inmigrante. Y Trump la aprovecha, como buen populista. Pero no ofrece alivios inmediatos a ese temor, ofrece soluciones que suenan radicales y fáciles, pero son imposibles a menos que reciba una autoridad sin precedentes.