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Hoy es miercoles, 29 de junio de 2022

Retrato hablado: Miguel Ángel y Leonardo da Vinci, genios reunidos

El Salón de los Quinientos del Palazzo Vecchio de Florencia, Italia, fue el único recinto que reunió a ambos artistas, cuya obra se exhibe en México Agencia México.- El Salón de los Quinientos del Palazzo Vecchi

Retrato hablado: Miguel Ángel y Leonardo da Vinci, genios reunidos

  • El Salón de los Quinientos del Palazzo Vecchio de Florencia, Italia, fue el único recinto que reunió a ambos artistas, cuya obra se exhibe en México

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México.- El Salón de los Quinientos del Palazzo Vecchio de Florencia, Italia, protagonizó el punto culminante del Renacentismo los primeros años del siglo XVI, cuando Leonardo da Vinci y Miguel Ángel  Buonarrotti, figuras máximas de la época, trabajaron en la misma habitación para crear un gran fresco, cada uno en un muro de 17 metros de largo.

Miguel Ángel y Leonardo da Vinci, genios reunidos

Con 23 años de diferencia en edad, los artistas fueron convocados para recrear una de las batallas importantes de Florencia. A Da Vinci se le asignó la pared de la derecha para representar la de Anghiari, en la que vencieron los florentinos, y a Miguel Ángel se le encargó para el muro izquierdo un episodio de La batalla de Cascina acaecida en 1364.

Fue la primera y única vez que los artistas renacentistas coincidieron en un proyecto que al final no se concretó, y los dos gigantes bocetos de las pinturas, que debían tener siete metros de alto y 17 de largo, se exhibieron durante una década en el Salón que entonces se convirtió en la gran referencia de jóvenes pintores quienes acudían a copiar los ejercicios. Con la remodelación del Salón a finales de los 1500, los bocetos originales se perdieron.

La de Da Vinci era una pintura de estilo más delicado, con efectos atmosféricos y de luz, mientras que la de Miguel Ángel presentaba anatomías fuertes, musculosas, de intensidad.  “Durante esos años de trabajo los dos compartieron el mismo espacio, un Miguel Ángel de apenas 28 años, y Leonardo que ya estaba en los 51 con una madurez estética consolidada. Al final fue probablemente el momento culminante del Renacimiento”, refiere el historiador del arte Luis Javier Cuesta Hernández.

De pensamiento científico, siempre curioso de la anatomía humana y amante de los dibujos preparatorios, Da Vinci fue contratado por Maquiavelo quien le ofreció un pago mensual de 15 florines en oro y un estudio en Santa María Novella.

En el boceto dibujó una escena de un violento choque de caballos y una furiosa batalla de hombres peleando por el estandarte en la batalla de Anghiari; ésta es la parte mejor conocida del dibujo por las copias antiguas en papel y un grabado de Lorenzo Zacchia de 1558, que en 1603 Rubens replicó y ahora se conserva en el Museo del Louvre.

Antes de dejar Florencia, Da Vinci  montó un ingenioso andamio en el Salón de los Quinientos que podía alzarse o doblarse como un acordeón con la idea de trabajar el fresco, pero ésta no era apropiada para su estilo, pues requería una ejecución rápida y su trabajo siempre implicó tiempo de reflexión, entonces abandona la obra en 1506.

Mientras, Miguel Ángel disfrutaba en esos años el éxito de su escultura del David, y para 1504 ya había presentado los bocetos del fresco de la batalla, pero un año después también dejó sin terminar el trabajo cuando viaja a Roma.

“No tenemos relatos certeros de rivalidades directas entre ellos, lo cierto es que Miguel Ángel no reconoció ningún maestro, no tenía ese tipo de respeto hacia algún artista mayor. En una ocasión Miguel Ángel vio un cartón de la Virgen de las rosas, de Da Vinci, y entendió un poco las lecciones de Leonardo y las incorporó en algunas obras de finales del siglo XV, pero no más”, refiere el director del departamento de Arte de la Universidad Iberoamericana.

El sabio renacentista

Considerado el paradigma del homo universalis, Leonardo da Vinci (1452-1519) incursionó lo mismo en la aerodinámica, la hidráulica, la anatomía, la botánica que la pintura, la escultura y la arquitectura, e hizo investigaciones científicas que fueron, en gran medida, olvidadas y menospreciadas por sus contemporáneos.

“Leonardo es un personaje diferente, un hombre universal en el sentido estricto por la diversidad en su producción y pensamiento. Hay que tomar en cuenta que Leonardo es una generación anterior a Miguel Ángel, y sus primeros estudios fueron en el taller de Andrea del Verrocchio”, refiere el historiador.

Giorgio Vasari, primer biógrafo de Da Vinci, relata que aún niño el pintor creó un escudo de Medusa con dragones que aterrorizó a su padre, quien entonces aceptó que ingresara de aprendiz al taller de pintura del Verrocchio. Junto a éste, estaba el estudio de Antonio Pollaiuolo, donde el joven cursó sus primeros estudios de anatomía.

El autor del emblemático retrato de Mona Lisa tenía la idea de que las formas de la naturaleza, incluyendo las especies animales, contenían la justa proporción de la belleza entendida como el efecto visual de proporciones armoniosas.

Entonces entendiendo la vista como el instrumento de conocimiento más certero con que cuenta el ser humano, Da Vinci sostuvo que a través de una atenta observación debían reconocerse los objetos en su forma y estructura para llevarlos a la pintura de manera exacta; así el dibujo se convirtió en el instrumento fundamental de su método didáctico.

El pensamiento del artista se manifestaba en áreas tan alejadas de la estética como la mecánica, la óptica o la geología, pues su búsqueda no era la creación pictórica per se, sino el encuentro de leyes, funciones y armonías compatibles para todas estas disciplinas como una naturaleza única.

En 1516, muerto su protector Giuliano de Médicis, Da Vinci dejó Italia definitivamente para pasar los tres últimos años de su vida en el palacio de Cloux, en Francia, como primer pintor, arquitecto y mecánico del rey. El gran respeto que le dispensó el papa Francisco I hizo que viviera esta última etapa de su vida más bien como un miembro de la nobleza.

Un filósofo del arte

“La voluntad humana y el entendimiento se ponen en el centro del pensamiento filosófico de Miguel Ángel quien trabajó un modelo de belleza del hombre desde la anatomía humana y las pasiones vinculadas a cuestiones filosóficas”, explica Cuesta Hernández sobre el artista que mejor reflejó este equilibrio emotivo en la Capilla Sixtina.

La escultura, pintura y arquitectura de Miguel Ángel (1475 -1564) se identifica por la grandeza de su genio, el vigor físico, la intensidad emocional y el entusiasmo creativo; factores constantes en sus obras desplegadas entre Florencia y Roma, ciudades en las que vivió durante 89 años.

A decir del historiador, Miguel Ángel evolucionó en el transcurso de su vida de un pensamiento filosófico a planteamientos religiosos, lo que impacta en sus modelos de belleza. Por ejemplo en la bóveda de la Capilla Sixtina que pinta en los primeros años del siglo XVI y el Juicio final que hizo en la década de los 40 y 50 del mismo siglo hay una distancia importante en cuanto al concepto de belleza.

“Sí cambia de una idealización heroica casi titánica hacia un realismo más centrado; su propio autorretrato es una imagen en la que medita sobre el paso del tiempo casi como cuestiones melancólicas que no están presentes ni en el David ni en obras más tempranas. Es interesante también que los últimos 20 o 30 años de su vida deja prácticamente la escultura y hace muchos dibujos que se convierten en su herramienta fundamental para la arquitectura”, afirma.

La fama del artista alcanzó elevadas cuotas en los últimos años de su vida, siendo nombrado “jefe” de la Academia de Dibujo de Florencia. Establecido en Roma, sus últimos años se marcan por un cansancio y desencanto del ser humano, y sus composiciones derivan en un misticismo desgarrado.

“Miguel Ángel influye en todos los ámbitos del arte, y es figura fundamental para entender el concepto de artista porque peleó contra la idea del arte como actividad manual para convertirla en una actividad intelectual, un trabajo que se hace con el pensamiento y no con las manos; no es una casualidad que se le consideraba uno de los grandes hombres de todas las épocas en el arte”.