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Hoy es lunes, 22 de abril de 2024

“Estamos en una crisis profunda”: Francisco Toledo

En entrevista con MILENIO, el artista plástico dice de su faceta como luchador social: “Claro que sí me canso, me aburro y también me dan ganas de darme topes contra la pared”. Agencia Francisco Toledo s

“Estamos en una crisis profunda”: Francisco Toledo

  • En entrevista con MILENIO, el artista plástico dice de su faceta como luchador social: “Claro que sí me canso, me aburro y también me dan ganas de darme topes contra la pared”.

Agencia

Francisco Toledo se busca en los bolsillos, saca sus llaves y entre billetes y monedas alcanza a juntar casi mil pesos para pagar la reparación de una flauta de uno de los tantos niños que apoya de una banda oaxaqueña.

MILENIO observa de manera fortuita la acción altruista de este hombre que camina aprisa, al que se le ve por toda la ciudad de Oaxaca con la mirada aparentemente dispersa, huraño, retraído, ensimismado, que huye de las cámaras y de los periodistas que lo buscan porque la sociedad oaxaqueña lo ve como su héroe, como el activista social que siempre da la lucha por la defensa del patrimonio, de la ecología y de la cultura como identidad.

A uno de los artistas mexicano más importantes de México no le gustan la etiquetas. Él está en Oaxaca con su gente, mientras desarrolla sus proyectos culturales; solo de vez en cuando se toma un tiempo para reír, jugar y hasta boxear.

Él prefiere la discreción. Toledo se sienta en su silla en la biblioteca del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), toma un café y reflexiona.

Dice que se siente ajeno a la vida cultural de la Ciudad de México, que solo viaja para someterse a revisiones médicas. A pesar de haber nacido en el Distrito Federal, se asume juchiteco porque de Oaxaca son sus raíces.

Confiesa que por momentos se siente decepcionado de luchar, sin éxito, a favor de los derechos sociales, políticos y culturales de los oaxaqueños y de los mexicanos.

De ahí que se pregunte: ¿México podrá de salir de la crisis que se vive a todos los niveles? Pero no encuentra respuesta.

“Todos sabemos que este país está en una crisis profunda: hay mucha violencia, desaparecidos, asesinatos, secuestros, una economía en bancarrota. La credibilidad en las instituciones se ha perdido, estamos en una crisis muy fuerte. No sé si se podrá salir de esto”, comenta Toledo.

“Los políticos no nos van a sacar de esta crisis, nos van a hundir más, pero ¿quién podría hacerlo? Se habla mucho de que la sociedad civil puede hacer muchas cosas, siempre y cuando nos organicemos, pero tampoco veo organizaciones civiles que tengan fuerza para ser escuchadas. La Iglesia tiene una voz para demandar, pero siento que a veces es muy tibia, ¡que no me oiga el arzobispo!”, y lanza una sonrisa pícara.

¿Es buena idea boicotear las elecciones para exhibir a los políticos, como proponen?

No tengo credencial de elector; estuve a punto de ir a sacarla pero con la finalidad de destruirla, quería planear un acto donde pudiera quemarla. Pero no sé si te metan a la cárcel por destruir ese documento (risas).

“Pensé en eso, como una forma de expresar mi inconformidad, pero no creo en los políticos ni en sus supuestos procesos democráticos. No saqué la credencial de elector porque había unas colas inmensas”.

Se es de donde uno quiere ser: usted nació en la Ciudad de México, pero por sus raíces se asume juchiteco.

Mi familia viene de Juchitán, así que, aunque haya nacido en la Tabacalera, no tengo ninguna relación con esa colonia. No sé a cuántos días o meses de nacido nos regresamos a Juchitán, y nunca supe por qué fui a nacer allá, ya que incluso mi padre no estaba con nosotros. Así que el haber nacido en la Ciudad de México fue un accidente, y nunca he sentido nostalgia por la colonia Tabacalera.

¿No le gusta el Distrito Federal? ¿Por qué casi nunca se le ve por allá?

En la Ciudad de México hay muchas cosas que hacer, por ejemplo, comprar libros, discos y películas, pero yo voy de entrada por salida a ver a los médicos. Eso es lo que me lleva continuamente: voy a visitar al cardiólogo, al urólogo, al oftalmólogo, a los que tengo que consultar periódicamente. No me queda mucho tiempo, ni ánimo para quedarme por allá. Casi todos mis compañeros de generación se están muriendo, por eso casi no acudo a reuniones o exposiciones. Me siento un poco ajeno a la vida cultural de la Ciudad de México.

Su papá apoyó al movimiento ferrocarrilero, ¿de ahí nace su espíritu de solidaridad y de lucha social?

De cierto modo sí, fue el ejemplo que tuve de alguien que se interesó en ayudar a los participantes de las huelgas de ferrocarrileros encabezadas por Demetrio Vallejo, quien era del Istmo de Tehuantepec. Mi papá ayudó a sus amigos que huían del lado oaxaqueño y se refugiaban en Veracruz. Él les llevaba de comer y también las cartas de las esposas, y era muy buen amigo.

“Pero creo que más que eso, fueron las pláticas en la mesa, en la casa. Mi padre perteneció a dos familias de Juchitán que eran enemigas, que vivieron un conflicto en 1910: la rebelión contra el gobierno, con la idea de independizarse de Oaxaca y crear un estado independiente”.

PÓNGASE A PINTAR

Si lo viera el pintor Rufino Tamayo, ¿qué se imagina que le diría, luego de que usted hizo caso omiso a sus palabras a sus consejos?

No sé por qué me lo recuerda (risas). Tamayo me diría lo mismo que en aquel entonces: “Usted póngase a pintar, déjese de andar por ahí”. Eso me recomendaba cuando yo le hablaba con entusiasmo de las artesanías de Oaxaca, y de que había estado trabajando con textiles y con los artesanos. Entonces él sabiamente me decía: “Mire, eso no es para usted: usted es pintor, dedíquese a pintar y salga de Oaxaca. ¡Váyase a una gran ciudad para que lo conozcan, para que exponga y aprenda más!”.

“Pero no le hice caso y véame aquí, amarrado a Oaxaca. Creo que mejor le hubiese hecho caso...”.